Política

Se puede ser desagradable a veces, no siempre

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

Matthei pasa demasiado rápido de la denuncia de un problema a la descalificación de personas.

Se puede ser desagradable a veces, no siempre Por Víctor Maldonado R.

Si hay algo peor para un político que agradar poco, es desagradar mucho.

Se puede entender perfectamente que un candidato adopte un tono duro contra sus adversarios, eso puede estar justificado, pero la confrontación como estilo permanente puede terminar por cansar o hastiar antes del final.

¿»Tropa de inútiles»?

Matthei pasa demasiado rápido de la denuncia de un problema a la descalificación de personas.

Con eso, lo que consigue es que el problema mismo pase a un segundo lugar y la ofensa sea lo que resalte.

No se conoce a nadie al que le agrade el exceso de trámites, sin ir más lejos, Eduardo Frei Ruiz-Tagle se ha destacado por enfrentar la “permisología”.

La única que centró el fuego en tratar a los funcionarios respectivos como “tropa de inútiles” ha sido Matthei. Es algo peor que injusto, es innecesario.

No hay que confundir las causas con la última expresión de una larga cadena.

Lo que más molesta de un trámite es que se demuestre que es inútil o que ya no se justifica porque aquello que lo motivó perdió vigencia.

Sin embargo, el funcionario que aplica la normativa vigente es una víctima más de una tramitación fuera de lugar.

No puede escoger las normas que aplica y aquellas que deja de lado porque esa conducta es penalizada y se convierte en una falta por la que puede ser denunciado, juzgado y condenado.

Si nos concentramos en analizar los procesos, los simplificamos y actualizamos, haremos mucho más que multiplicando los insultos.

Agresividad y firmeza de carácter no son lo mismo

Haber recaído una vez en esta práctica puede tener explicación, no así convertirlo en una característica.

La agresividad no puede ser confundida con la firmeza de carácter. No tiene por qué ser una característica presidencial.

Bachelet tiene mucho carácter, pero es muy reconocida por su trato afectuoso. Se puede sospechar, en cambio, que preferir el debate duro y confrontacional esconde no tener un mejor argumento.

Piñera podía llegar a ser molesto, pero su primera reacción no era agresiva.

Su fuerza radicaba en convencer de que podía resolver un problema, no en golpear aproblemados. Conducía a la derecha, aunque esta no dejaba de refunfuñar.

Matthei, sin embargo, no lo consigue y eso es más importante que la ferocidad que ponga en sus palabras y en sus gestos.

Al final, lo que importa son los resultados más que los desplantes y lo que tenemos en la derecha es una falta de conducción porque lo tiene todo para consolidarse y no lo consigue.

Hay que advertir las señales de peligro.

Cuando alguien aspira a tener un gran poder, hay que percibir los síntomas de lo que puede hacer si llega a tenerlo.

La derecha es un sector que tiene problemas para contenerse cuando gana, no sabe controlar su soberbia. Observar a Matthei no tranquiliza.

Estamos en los mismos días en que Jaime Mañalich expresó los oscuros propósitos políticos que advertía en los embarazos de Camila Vallejo y Karol Cariola.

Disculpas hasta ahí no más

Se disculpó de inmediato porque no es tonto, pero lo que dijo fue su reacción espontánea porque lo dominan los prejuicios.

Desde que recuperamos la democracia, seis personas han ejercido la presidencia.

Con ellos pensamos en lo que podíamos ganar, en este caso hay que pensar en lo que podemos perder.

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