Opinión

«La taberna» y su regreso a la vida gastronómica de Santiago.

Loreto Soler, Periodista

Mujer de mundo y sabores, dirigenta del Consejo Metropolitano del Colegio de Periodistas de Chile

Después de tres años y medio, este espacio reabre sus puertas y formará parte, nuevamente, de nuestros encuentros sociales.

«A la iglesia no voy porque estoy cojo, pero a la taberna voy, poquito a poco», «Los niños a la escuela las mujeres a fregar, los hombres a la taberna ¡viva la libertad!», «De mal a mal, dame la taberna y no el hospital» o «Aguardiente, en tienda y vino en taberna son algunas de las frases con que el refranero popular consigna a las tabernas.

Según el Diccionario de la Lengua Española, “taberna”, es término del latín tabernae que designa a un tipo de local comercial en las ciudades de la antigua Roma, que solía encontrarse en los bajos de un edificio («insula») y disponer de un único espacio abovedado donde se acomodaban quienes iban a comer allí comidas calientes o a tomar una copa de vino.

Esa definición se aplica muy bien a la recién reestrenada “Taberna”, icónico restorán del centro de Santiago, que, ubicado en el subterráneo del edificio de los periodistas, en Amunátegui 31, ha acogido a varias generaciones de periodistas y público en general desde su inauguración en 1953.

Es un lugar lleno de historia y que en algunos momentos estremece.

Lenka Franulic, Luis Hernández Parker, Juan Emilio Pacul, Renato González Moraga (Mister Huifa), Julio Martínez, Patricia Verdugo, los hermanos Gómez López, José Carrasco y la actual mesa de Don camilo, son algunos de los muchos periodistas que han pasado por sus mesas no solo para compartir una comida, sino que también para comentar las últimas informaciones, intercambiar datos y para jugar una partida de dominó, naipes o cacho.

El periodista Hugo Donoso recordaba que “con Luis Hernández Parker éramos pareja en el domino y nadie nos podía ganar, éramos imbatibles”.

En julio de 1976, Guillermo Gálvez Rivadeneira, director de la revista Hechos Mundiales, ocupaba una mesa cuando presenció la entrada de agentes estatales que lo levantaron de su asiento por la fuerza y se lo llevaron. Hasta hoy, su paradero permanece en el misterio.

Este es un lugar patrimonial no solo gastronómico también fotográfico ya que tras de la barra hay tres gigantografías y que están allí desde el año 1955 cuando Juan Emilio Pacull las recibió de manos de Raúl Barrientos, uno de los primeros directores del Departamento de Fotografía y Microfilm de la Universidad de Chile y que grafican el cerro Tronador, el muelle de Lota y la Cordillera.

En este nuevo ciclo, La Taberna cuenta con un total de veintiún mesas para setenta personas que podrán disfrutar de la atención del local.

Esta irá desde las 07:30 de la mañana hasta las 21:30 horas en tres bloques en los cuales “se servirán ricos desayunos, como la paila de huevo, tostadas, café y chocolate caliente; almuerzos ejecutivos, que contienen un menú grande y variado a un precio muy accesible para quien quiera disfrutar de un buen plato casero como porotos con riendas, pastel de choclo, carne asada con papas fritas, pollo asado con puré y sobre todo, la cazuela que es un plato que lo piden siempre” señala Nicole Araya administradora del local.

En tanto, durante la inauguración Purísima Gaune, presidenta del Círculo de Periodistas, comentó que “por fin tenemos Taberna. Esta frase resume lo que pensamos muchos en el Círculo de Periodistas».

Después de tres años y medio, este espacio reabre sus puertas y formará parte, nuevamente, de nuestros encuentros sociales.

Y, lo más importante, es que esta reapertura sucede cuando el Círculo cumple 116 años siendo una buena fecha para celebrar esta reapertura. Invitamos a los socios, a todos los periodistas y al público en general a asistir a la taberna, un lugar de encuentros y amistad.

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