El 12 de septiembre de 1973, a las siete de la mañana, una bala de cañón de 120 milímetros despertó a los refugiados en la Escuela de Artes y Oficios de la Universidad Técnica del Estado (UTE), en Chile. Allí se encontraban académicos, estudiantes y funcionarios de la universidad. Entre ellos, un académico, Víctor Jara, quien cantó durante la noche del 11 de septiembre para levantar el ánimo de las casi mil personas que se resguardaban en esa casa de estudios.
Boris Navia fue quien recuperó desde el Estadio Chile, donde fueron conducidos queines fueron apresados en la UTE, entre ellos Jara, el último poema escrito de manera clandestina por el cantautor. Se trata de un poema que puede ser cantado. «Poema y canción compuesta sin más música que la de la angustia y el dolor que debió sentir en ese momento. No podríamos decir que no son poemas las canciones de Víctor Jara».
A las cinco de la tarde los trasladaron al Estadio Chile, hoy Estadio Víctor Jara. Vícto Jara fue brutalmente tratado y torturado cuando fue reconocido. Mas, no se quejaba, ni pidió clemencia, tan sólo miró con su rostro campesino a quienes lo trataban de humillar y lacerar.
El 15 de septiembre se enteraron de que a dos o tres personas las dejarían en libertad. Era la oportunidad de enviar mensajes a sus familiares con estas personas.
«Víctor estaba sentado entre otro compañero de la UTE y yo y me pidió un papel. Le di dos hojas de una libreta cuyas tapas aún conservo y escribió hasta que de repente dos soldados llegaron y le condujeron a una caseta de transmisión, aunque antes logró entregarme los dos papeles sin que se dieran cuenta», ha relatado Boris Navia.
Esa tarde, abandonado en un sitio eriazo, acribillado de 44 tiros, pobladores reconocieron el cuerpo de Víctor Jara. Había muerto el hombre, nació el mito y revivió, hoy, ese poema canción a manos de la Inteligencia Artificial. Es su voz, es una plegaria al nunca más.





