Lanzada en el año 2000, El Grinch se transformó en poco tiempo en uno de los grandes fenómenos comerciales del cine.
Inspirada en el relato original del Dr. Seuss y bajo la dirección de Ron Howard, la cinta logró cautivar a la audiencia con una historia centrada en un personaje que rechaza la forma en que la Navidad se ha vuelto un evento dominado por el consumo.
Más allá de su estética y relato, la actuación de Jim Carrey como el peculiar personaje verde fue determinante para el éxito de la película. A 25 años de su debut en pantalla grande, han salido a la luz antecedentes que muestran que encarnar al Grinch significó un proceso especialmente complejo y exigente para el actor.
EL RETO PARA INTERPRETAR EL GRINCH
Según un reportaje de Vulture, el maquillador Rick Baker explicó que, en un comienzo, el plan del equipo era pintar a Carrey de color verde. Sin embargo, el especialista sostuvo que esa solución no reflejaba fielmente la esencia del personaje, por lo que promovió un cambio en la propuesta.
Tras una campaña digital que influyó en la decisión final, la producción optó por un sistema avanzado de maquillaje y prótesis, que permitió una transformación total del intérprete.
Jim Carrey relató posteriormente que uno de los principales obstáculos fue la dificultad para respirar. La prótesis nasal y la máscara cubrían casi todo su rostro, obligándolo a inhalar únicamente por la boca durante las grabaciones.
MOLESTIAS FÍSICAS
A esto se sumaron diversas molestias físicas que hicieron que la experiencia resultara extremadamente agotadora. El traje, elaborado con pelo de yak, le generaba una intensa picazón constante. Además, debía usar prótesis voluminosas en los dedos, una dentadura especial que complicaba el habla y lentes de contacto que cubrían completamente sus ojos, lo que reducía su movilidad y elevaba el nivel de tensión en el set.
La situación se volvió crítica cuando, de acuerdo con el director Ron Howard, el actor comenzó a experimentar ataques de pánico durante el rodaje. Incluso evaluó abandonar el proyecto tras su primer día de trabajo, pese a que su contrato alcanzaba los 20 millones de dólares.
Contrataron a un especialista en torturas
Frente a este escenario, la producción tomó una decisión poco común y contrató a Richard Marcinko, experto en técnicas de resistencia empleadas en situaciones extremas, como entrenamientos militares o escenarios de cautiverio. Marcinko había preparado a militares y agentes de la CIA para soportar torturas y privaciones.
Carrey explicó que recibió herramientas para manejar la ansiedad, entre ellas estímulos físicos, cambios en el entorno y rutinas destinadas a recuperar el control emocional. Algunas de estas incluían fumar cigarrillos y alterar sonidos u objetos a su alrededor durante los momentos más difíciles.
Gracias a este apoyo, el actor consiguió seguir adelante con el rodaje y adaptarse progresivamente a la exigente caracterización. Más tarde, supo que el especialista que lo asistió había formado parte de los SEAL.
Finalmente, Jim Carrey señaló que otro factor clave para resistir las extensas jornadas de maquillaje fue escuchar repetidamente música de los Bee Gees, la que le ayudaba a mantenerse calmado.







