La conformación del primer gabinete de José Antonio Kast dejó de ser un proceso controlado y pasó a convertirse en una prueba temprana de gobernabilidad. Las críticas de los partidos aliados, el rechazo de Rodolfo Carter a asumir en Seguridad y la decisión del Partido Nacional Libertario (PNL) de restarse del gobierno obligaron al presidente electo a replantear su estrategia y a introducir correcciones que revelan una tensión de fondo: la dificultad para equilibrar liderazgo personal con construcción colectiva.
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El episodio más visible fue el retroceso en la nominación de Guillermo Turner para el Ministerio de Defensa. En el oficialismo interpretaron la decisión de declinar la designación, ya confirmada públicamente, como una señal de apertura a las demandas de los partidos y como un reconocimiento implícito de que el método original, más cerrado y centralizado, generó resistencias políticas innecesarias.
EL QUIEBRE CON LOS LIBERTARIOS EXPONE DEBILIDADES ESTRUCTURALES
La salida del PNL profundizó esa lectura. No solo por el simbolismo de perder a un aliado relevante, sino también por el impacto práctico: ocho diputados y una senadora menos para articular mayorías legislativas. Dirigentes del sector admiten que el quiebre expuso una debilidad estructural del proceso: escasa comunicación política y poco espacio para la deliberación con las colectividades.
En ese contexto, incluso figuras cercanas a Kast reconocen que los partidos percibieron el diseño inicial del gabinete como poco permeable. La molestia que Johannes Kaiser expresó públicamente antes del quiebre fue interpretada dentro del sector como una señal de advertencia que no atendieron a tiempo.
CARTER RECHAZA SEGURIDAD Y PROFUNDIZA LA SENSACIÓN DE IMPROVISACIÓN
A ello se sumó la negativa de Rodolfo Carter a asumir el Ministerio de Seguridad, una cartera clave del futuro gobierno. Su decisión dejó en evidencia que incluso los nombramientos estratégicos están sujetos a un escenario más incierto de lo previsto. La búsqueda de alternativas, desde exautoridades militares hasta parlamentarios en ejercicio, refleja que la definición del equipo aún está lejos de cerrarse.
La dificultad para consolidar este cargo, considerado eje del programa de gobierno, instaló además dudas sobre la viabilidad práctica del diseño institucional propuesto durante la campaña.
DEL GABINETE DE CAMPAÑA AL GABINETE DE GOBERNABILIDAD
En paralelo, Kast ya transmitió a los partidos que no habrá, por ahora, fusiones ministeriales ni figuras de bi o triministros, otro ajuste respecto del diseño original. Más que cambios tácticos, los actores políticos interpretan estos movimientos como el inicio de una etapa distinta: el tránsito desde la lógica de campaña hacia la lógica de gobernabilidad.
La pregunta que hoy recorre a los partidos que lo apoyaron es si estos ajustes serán suficientes para construir un gabinete con densidad política real y capacidad de sostener un proyecto común. Porque más allá de los nombres, lo que está en juego es la arquitectura del poder con la que José Antonio Kast buscará gobernar desde marzo.
🔴Kast retrocede en nominación de ministros y rediseña su gabinete tras críticas de partidos https://t.co/BIqS2OFs7o
— Cristóbal Fuentes A. (@cfuentesalvarez) January 16, 2026







