En un mundo dominado por la inmediatez, las pantallas y la productividad constante, cada vez más personas están optando por ir en la dirección contraria. Hobbies como el crochet, el journaling y la cerámica —actividades que requieren tiempo, paciencia y atención— viven hoy un verdadero boom, especialmente entre jóvenes y adultos que buscan bajar el ritmo y reconectar consigo mismos.
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No se trata solo de una moda estética para redes sociales. Estos llamados hobbies lentos responden a una necesidad concreta: hacer pausas reales, salir del piloto automático y recuperar espacios de calma en medio del ruido cotidiano. Son prácticas que invitan a estar presentes, a concentrarse en una sola cosa y a disfrutar el proceso sin apuro.
HOBBIES
El crochet consiste en tejer punto por punto con hilo y aguja, repitiendo movimientos rítmicos que favorecen la concentración y la calma. Más allá del resultado final —un gorro, una bufanda o un amigurumi—, el valor está en el tiempo dedicado y en el acto de crear con las manos.
El journaling, por su parte, es la práctica de escribir a mano pensamientos, emociones, ideas o vivencias personales. No exige reglas ni grandes habilidades: basta un cuaderno y constancia. Para muchas personas, se ha convertido en una forma de ordenar la mente, procesar lo que sienten y descargar tensiones lejos de la sobreexposición digital.
La cerámica suma una experiencia aún más física. Amasar, moldear y trabajar la arcilla obliga a desacelerar, aceptar errores y adaptarse al material. Cada pieza es única y el proceso, inevitablemente lento, enseña a soltar el control y a valorar lo imperfecto.
SALUD MENTAL
Desde la salud mental, incorporar este tipo de actividades puede ser una recomendación simple pero efectiva: dedicar aunque sea unos minutos al día a un hobby lento ayuda a reducir el estrés, mejorar el ánimo y generar una sensación de logro que no depende de likes ni productividad.
No reemplaza una terapia cuando se necesita, pero sí puede transformarse en un complemento de autocuidado accesible y cotidiano.
En tiempos de ansiedad, cansancio emocional y sobrecarga informativa, volver a lo lento no es retroceder. Es una forma consciente de cuidarse, poner límites al ritmo externo y reconectar con uno mismo.







