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Romantizar la rutina: el fenómeno de encontrar placer en lo cotidiano

Javiera Sanzana

Periodista

rutina
Foto: Pinterest
Romantizar lo cotidiano no implica negar el cansancio ni idealizar una vida perfecta. Se trata, más bien, de una forma consciente de habitar el presente.

Durante años se nos enseñó que la felicidad estaba reservada para momentos extraordinarios: vacaciones esperadas, logros importantes, fines de semana perfectos o cambios radicales de vida. La rutina, en cambio, fue presentada como lo opuesto: monótona, pesada, algo que había que soportar mientras “pasaba lo realmente importante”.

Sin embargo, en los últimos años esa idea comenzó a resquebrajarse. Cada vez más personas están aprendiendo a mirar su día a día con otros ojos, dando forma a un fenómeno tan simple como profundo: romantizar la rutina.

Romantizar lo cotidiano no implica negar el cansancio ni idealizar una vida perfecta. Se trata, más bien, de una forma consciente de habitar el presente.

Es encontrar pequeños refugios en medio de la repetición: el aroma del café recién hecho, la luz que entra por la ventana a la misma hora de siempre, una playlist que acompaña el trayecto al trabajo, una libreta que espera al final del día. Son detalles mínimos que, cuando se miran con atención, transforman lo automático en algo significativo.

FENÓMENO

Este fenómeno ha ganado visibilidad en redes sociales, donde abundan imágenes de escritorios ordenados, rutinas de mañana, velas encendidas y momentos aparentemente simples. Pero más allá de la estética, hay una necesidad real detrás: desacelerar. En un contexto marcado por la sobreexigencia, la inmediatez y la constante comparación, romantizar la rutina aparece como una respuesta al agotamiento emocional.

Es una manera de recuperar el control sobre el propio tiempo y de resignificar aquello que no siempre se puede cambiar.

Lejos de ser una moda superficial, esta práctica tiene un fuerte vínculo con el bienestar emocional. Diversos enfoques psicológicos coinciden en que prestar atención a los pequeños placeres diarios ayuda a reducir el estrés y fortalecer la sensación de gratitud. Cuando la mente deja de estar anclada únicamente en lo que falta o en lo que vendrá, comienza a valorar lo que ya está ocurriendo. La rutina deja de ser una carga y se convierte en un espacio habitable.

ROMANTIZAR LA RUTINA

Romantizar la rutina también es una forma de resistencia silenciosa. Resistir a la idea de que siempre hay que estar produciendo más, corriendo más o aspirando a una vida distinta. Es permitirse disfrutar un desayuno sin apuro, escribir a mano aunque exista la pantalla, caminar sin audífonos para escuchar la ciudad, celebrar los pequeños avances del día. No se trata de grandes cambios, sino de pequeños gestos sostenidos en el tiempo.

Al final, la vida no ocurre solo en los hitos que esperamos con ansias, sino en todo lo que sucede entre medio. En los días repetidos, en los hábitos, en lo cotidiano. Romantizar la rutina es, en el fondo, un acto de presencia: elegir vivir con atención la vida que ya tenemos, entendiendo que ahí —y no solo en lo extraordinario— también habita la belleza ✨

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