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No es religión, es ritual cotidiano: la espiritualidad estética que se volvió viral tras la pandemia

Javiera Sanzana

Periodista

ritual
Foto: Pinterest
Durante la pandemia, el mundo se detuvo. Y en ese silencio forzado, millones de personas comenzaron a buscar algo que no necesariamente estaba en la religión tradicional, pero tampoco era simple entretenimiento: pequeños rituales cotidianos.

Velas aromáticas, journaling, afirmaciones frente al espejo y pequeños altares minimalistas. Lo que comenzó como contenido en TikTok durante el encierro hoy se consolidó como un ritual silencioso —y profundamente personal— para buscar estabilidad emocional. Un ritual íntimo, un ritual cotidiano, un ritual que no responde a una iglesia ni a una doctrina, pero que sí responde a una necesidad. ¿Estamos frente a una moda digital o a una necesidad afectiva generacional?

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Durante la pandemia, el mundo se detuvo. Y en ese silencio forzado, millones de personas comenzaron a buscar algo que no necesariamente estaba en la religión tradicional, pero tampoco era simple entretenimiento: pequeños rituales cotidianos. Un ritual antes de dormir. Un ritual para empezar el día. Un ritual íntimo para sentirse en control cuando todo parecía incierto.

Encender una vela como ritual nocturno. Escribir pensamientos en un cuaderno como ritual de descarga emocional. Repetir afirmaciones como “estoy protegida” o “todo fluye” como parte de un ritual de autocuidado. Ordenar cristales sobre el velador y convertir ese gesto en un ritual simbólico. Grabar la rutina y compartir ese ritual con música suave de fondo

No era iglesia.
No era doctrina.
Era ritual.
Era contención.

DEL ENCIERRO AL ALGORITMO

En 2020 y 2021, plataformas como TikTok e Instagram se llenaron de contenido asociado al “healing”, al journaling terapéutico y a los rituales de luna nueva. El encierro, la incertidumbre sanitaria y el miedo constante empujaron a muchas personas —especialmente jóvenes— a buscar sensación de control en acciones pequeñas y repetitivas.

Los algoritmos hicieron lo suyo: velas encendidas, afirmaciones escritas con letra bonita y espacios blancos minimalistas comenzaron a viralizarse bajo etiquetas como #SelfCare, #Manifestation y #HealingJourney.

Pero detrás de la estética había algo más profundo: la necesidad de sostener la ansiedad.

ESPIRITUALIDAD

A diferencia de generaciones anteriores, este fenómeno no responde necesariamente a una religión estructurada. No hay dogma, no hay templo, no hay líder espiritual. Es una espiritualidad flexible, personalizada y, muchas veces, híbrida: mezcla astrología con psicología, tarot con productividad, energía con terapia cognitiva.

Se trata de una práctica íntima y adaptable. Cada persona construye su propio ritual. Algunas lo hacen desde la creencia energética; otras, desde lo simbólico.

El punto en común no es la fe, sino la intención.

MODA DIGITAL

El componente estético es innegable. Los rituales se volvieron visuales, compartibles, aspiracionales. La espiritualidad también se volvió contenido. Y eso abre la pregunta inevitable: ¿cuánto hay de convicción y cuánto de tendencia?

Especialistas en salud mental coinciden en que los rituales, incluso cuando no están ligados a una religión, pueden tener efectos reales. Las acciones repetitivas generan sensación de estructura, reducen ansiedad y entregan un marco de significado en contextos inciertos.

En otras palabras: aunque el algoritmo lo haya amplificado, la raíz no es superficial.

LA GENERACIÓN QUE NECESITA LA ESPIRITUALIDAD

En un escenario marcado por crisis sanitaria, inflación, inestabilidad laboral y sobreexposición digital, los rituales cotidianos funcionan como microanclas emocionales. No prometen salvación, pero sí pausa.

Encender una vela no cambia el mundo. Pero puede cambiar la percepción del momento.

Y quizás ahí está la clave del fenómeno: más que buscar respuestas absolutas, esta generación busca pequeños espacios de calma en medio del ruido constante.

No es religión.
No es necesariamente moda.
Es, tal vez, una forma contemporánea de decir: necesito sostenerme de algo.

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