TODO VALE,
Si el “Burro” fue todo un personaje en las galerías del teatro Caupolicán al que nunca le cobraron su entrada pues sus tallas y salidas eran geniales, los luchadores de los “Titanes del ring”, allá por los inicios de los 70 no lo hacían por menos.
Uno de ellos (en verdad no recuerdo cual, pero que si recuerdo que era “malo”), ante la mirada atónita del árbitro hacía como que le metías dos dedos en os ojos a su contrincante inmovilizado en el suelo y gritaba “TODO VALE”.
Lo curioso era que su víctima se levantaba y los ojos permanecían donde mismo estuvieron desde que nació y eso a nadie llamaba la atención.
Quizás entonces pensando en la ausencia de penalidad, cuando Carlitos Alzamora me llamó estando aún hospitalizado y me pregunta “¿qué le llevo compadre?”, no lo dudé un segundo: Una empanada.
Pero de esas jugosas, que hay que comerlas con doble servilleta para no quemarse las rodillas y escondidos, como niños haciendo una maldad, porque de sopitas y comida sin sal estaba yo a esas alturas más que lleno y la frase TODO VALE hacía más sentido que nunca.
¿Sigo?. Gracias.
Sucedió después del alta cuando Pato Parraguez vino a visitarme acompañado de su esposa e hijo y traía un chocolate que ni siquiera sé si estaba prohibido por prescripción médica y, vuelvo a recordar a los Titanes del ring. TODO VALE, pensé por tercera vez y escondido atrás de unos tomates, maquillado con hojas de lechuga, el chocolate disminuye de tamaño dentro del refrigerador.
El último ocurrió ayer cuando la frasecita no alcancé a gritarla yo. Fue Guillermo Hormazábal quien ante ninguna necesidad material con que apoyarme, simplemente vino a buscarme para caminar (a mi velocidad) y decirme sin decirme que cuando los amigos son necesario, TODO VALE, incluso acompañar al amigo a dar sus primeros pasos.







