Nacional y economía

A 16 años del 27F: la noche que partió a Chile en dos

Javiera Sanzana

Periodista

Chile
El epicentro se ubicó frente a la Región del Maule, pero el impacto se extendió desde Valparaíso hasta La Araucanía, alterando para siempre la vida de millones de personas.

La madrugada del 27 de febrero de 2010 quedó inscrita en la memoria colectiva del país como una cicatriz imborrable. A las 3:34 horas, un terremoto de magnitud 8,8 —uno de los más intensos registrados en la historia moderna— sacudió la zona centro-sur de Chile durante más de dos minutos que parecieron eternos.

El epicentro se ubicó frente a la Región del Maule, pero el impacto se extendió desde Valparaíso hasta La Araucanía, alterando para siempre la vida de millones de personas.

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El evento, conocido como el Terremoto del 27 de febrero de 2010, dejó más de 500 fallecidos, miles de heridos y cerca de dos millones de damnificados. En ciudades como Concepción, Talcahuano y Constitución, la destrucción fue total en amplios sectores. Edificios colapsados, puentes fracturados, hospitales inutilizados y barrios completos reducidos a escombros configuraron un escenario de emergencia nacional sin precedentes desde el retorno a la democracia.

EL GOLPE DEL MAR

Minutos después del movimiento telúrico, el océano se retiró en varias localidades costeras. Lo que vino fue aún más devastador: un tsunami que arrasó con viviendas, embarcaciones y vidas. En Talcahuano, barcos pesqueros terminaron incrustados en medio de la ciudad. En Constitución, el agua avanzó varias cuadras tierra adentro, sorprendiendo a familias que no alcanzaron a evacuar.

Las posteriores investigaciones y procesos judiciales abrieron un debate profundo sobre los sistemas de alerta, la coordinación institucional y las responsabilidades en la gestión de la emergencia. El 27F no solo fue una tragedia natural; también evidenció fallas estructurales que marcaron la agenda pública durante años.

UN PAÍS A OSCURAS

El corte masivo de energía dejó a gran parte de Chile sin electricidad ni comunicaciones. Las radios a pilas se transformaron en el único vínculo con la información. Durante horas reinó la incertidumbre: no se conocía la magnitud real del daño ni el número de víctimas.

En Santiago, aunque el impacto estructural fue menor en comparación con el sur, varios edificios resultaron inhabitables y el temor se instaló con fuerza. Las réplicas —que se extendieron durante meses— mantuvieron a la población en estado de alerta permanente.

RECONSTRUCCIÓN Y MEMORIA

La reconstrucción fue larga y compleja. Se implementaron nuevos estándares de edificación antisísmica, se revisaron protocolos de emergencia y se reforzó el sistema de alerta de tsunamis. Con el paso de los años, muchas de las zonas afectadas lograron levantarse, aunque las huellas emocionales persisten.

A 16 años del 27F, la fecha se conmemora con actos de recuerdo, ceremonias en las localidades costeras y homenajes a las víctimas. Para quienes vivieron esa madrugada, el sonido profundo de la tierra moviéndose sigue siendo una memoria sensorial imposible de borrar.

El 27 de febrero de 2010 no fue solo un desastre natural. Fue un punto de inflexión. Un antes y un después en la forma en que Chile entiende su vulnerabilidad, su capacidad de resiliencia y la importancia de estar preparados.

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