Del gobierno autoproclamado del orden pasamos en menos de un mes al desorden en nombramientos de autoridades regionales, donde varias seremías no sobrevivieron
LA DESPROLIJIDAD AL PODER
La instalación de autoridades regionales ha estado lejos de ser ordenada. Es cierto que muchos gobiernos han demorado su despliegue en el país, pero una cosa es el retraso y otra distinta la falta de cuidado mínimo que debe tener un buen gobernante. En distintas regiones, nombres anunciados o considerados para seremías han terminado cayéndose en cuestión de días, incluso horas.
Más que episodios puntuales, los antecedentes muestran un patrón. Fallas en los filtros administrativos, cuestionamientos públicos y revisiones tardías han obligado a corregir decisiones sobre la marcha.
El resultado es una instalación incompleta, con señales de improvisación en cargos clave. A ello se suman tensiones en la coalición de gobierno, donde algunas caídas responden también a ajustes internos.
RENUNCIAS Y BAJAS EXPRÉS
Uno de los primeros casos se registró en Valparaíso. El médico Aldo Ibani, anunciado como seremi de Salud, dejó el cargo apenas 72 horas después de su designación tras una ola de críticas en redes sociales que cuestionaban su currículum y líos comerciales.
En Arica y Parinacota, la situación fue aún más evidente. Nataly Cruz Plaza, seremi del Trabajo, renunció a los ocho días de asumir luego de constatarse que no cumplía con el requisito legal de experiencia profesional. No pudo acreditar los dos años mínimos exigidos para el cargo.
A estos casos se suma Carlos Montero, propuesto para Trabajo, cuya salida se produjo tras detectarse que tampoco cumplía con los requisitos académicos exigidos. Se trató de un error administrativo básico, pero determinante.
LOS “CASI” NOMBRAMIENTOS
Otros casos no implicaron renuncias formales, pero sí bajas antes de consolidarse. En Seguridad Pública, el nombre de Hernán Silva quedó congelado tras la revelación de antecedentes disciplinarios en Carabineros, lo que derivó incluso en la eliminación del anuncio en canales oficiales.
En Los Lagos, el caso de Jorge Ravelo en Energía evidenció una falla similar. Su nombramiento fue revocado al detectarse que no cumplía con los requisitos mínimos de formación exigidos por ley.
En Los Ríos, Jorge Salazar no alcanzó a asumir como seremi de Obras Públicas. Su nombre fue retirado antes de oficializarse tras cuestionamientos vinculados a su gestión en el Club Deportes Valdivia.
REVISIÓN TARDÍA
Las redes sociales también han jugado un rol en este proceso. En Biobío y Los Lagos, las designaciones de Alexander Nanjarí y Patricia Dinamarca en Educación fueron dejadas sin efecto tras la difusión de publicaciones antiguas con contenido polémico.
Estos casos reflejan un problema recurrente. La revisión de antecedentes reputacionales no se realiza de forma previa, sino reactiva. El costo de esa omisión es la caída de nombres ya instalados públicamente.
La consecuencia inmediata es la pérdida de credibilidad en el proceso de designación.
UN PATRÓN DE DESORDEN
La reiteración de estos episodios permite identificar una tendencia clara. No se trata solo de errores individuales, sino de un sistema de nombramientos que se ajusta sobre la marcha. La tensión entre criterios técnicos y decisiones políticas aparece como un factor estructural.
A ello se suma la urgencia por completar equipos en regiones, lo que reduce los márgenes de revisión. El lema de “lento, pero sin pausa” comienza a diluirse frente a una práctica marcada por correcciones constantes.
En ese contexto, las caídas dejan de ser excepcionales y pasan a formar parte del proceso.
¿URGENCIA?
A pocas semanas del inicio del gobierno, la estructura regional sigue en construcción. Las renuncias, bajas y no ratificaciones impactan directamente en la capacidad de gestión en los territorios.
La urgencia no puede traducirse en desorden. Una ambulancia que intenta llegar rápido no puede dejar a su paso un reguero de accidentes.
La señal es clara: la instalación del gobierno en regiones sigue en deuda. Y, como algunos advierten, en los ministerios la situación podría ser incluso más compleja.





