Terminado el tiempo de la redacción del borrador por parte del Consejo Constitucional viene el paso en el que le toca pronunciarse a la Comisión Experta. Esta es una manera de decir que nos encontramos en la etapa en que es posible una negociación política, un período en extremo corto, pero efectivo.
Las esperanzas depositadas en estos días no pueden ser más grandes, puesto que los ajustes requeridos no son menores. En realidad, se trata más de eliminar aspectos controversiales que de agregar nuevos elementos.
Cuando la presidenta del PS, Paulina Vodanovic, dice que se jugará hasta lo último porque “no por la porfía o la falta de ductilidad de los republicanos vamos a quedarnos sin proceso” y que se deben “agotar todas las instancias de conversación”, no está entregando un voto de confianza, sino dando una oportunidad para no tener que rechazar.
Está claro el punto de partida y el procedimiento. La partida está en el intento de “hacerle ver a la derecha que no es bueno construir una Constitución que no representa a todo el país”. Esto es tan simple como pedirle a Republicanos que desande el camino y baje los artículos más representativos de su pensamiento.
El procedimiento para emplear no deja lugar a eufemismos. Como dice Vodanovic, «todos estamos de acuerdo en que a través de los expertos se hagan cambios profundos, no una lista de temas». Los expertos saben que la redacción es el último paso y el acuerdo político es el primero. No van a ponerse a inventar o suponer acuerdos de los que quieren ser notificados con exactitud.
Tras el tiempo destinado, se supone, a los expertos, lo que se resuelva ya no se va a decidir en las votaciones posteriores; se va a escenografiar mediante este procedimiento. Si hay acuerdo, todo cambia, si no lo hay, todo sigue igual. Antes de que nadie levante una mano, ya sabremos lo que esté por ocurrir.
¿Hay espacio para los “cambios profundos” que reclama la líder socialista y, en realidad, todo el oficialismo? Para ser francos, la respuesta es no.
Es en los aspectos prácticos donde se aprecia que la línea de retroceso es muy acotada y también si se consideran los aspectos ideológicos, que son los determinantes y donde se presentan los mayores espejismos.
Ocurre que la negociación debe incluir a Republicanos para que tenga sentido y ellos debieran haberse dejado espacio para cambiar de opinión. Donde los gestos políticos no dejan línea de retirada no hay nada que hacer.
Sucede que Republicanos ya lanzó su campaña publicitaria a favor de la nueva Constitución, incorporando en sus muy difundidas piezas prácticamente todos los aspectos que, se supone, deben entrar en debate en los días que quedan. No están a la espera de nada, están empleando el tiempo para convencer.
El aspecto ideológico es más relevante todavía. Los que preparan la negociación cometen el error básico de esperar que Republicanos se comporte tal como ellos lo harían de estar en sus zapatos, lo que es completamente erróneo. Los que están esperando novedades se encuentran todos en la centroizquierda. Los que están implementando una decisión irrevocable están todos en la derecha dura. Es mejor prepararse para lo que viene que esperar lo que no vendrá.





