El Gobierno intentó dejar atrás una semana marcada por tensiones internas y cuestionamientos a su diseño de poder, instalando una señal clara: el Ministerio del Interior retoma el control político del gabinete.
Durante el comité político ampliado realizado en La Moneda, el ministro del Interior asumió un rol protagónico que no pasó inadvertido. Según asistentes, lideró ampliamente la reunión, concentrando la mayor parte de las intervenciones y reafirmando su papel como principal articulador entre los ministerios, en contraste con la participación más discreta del equipo del llamado “Segundo Piso”.
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El movimiento se interpreta como una respuesta directa a las críticas surgidas desde el oficialismo, particularmente desde el Partido Republicano, que cuestionó que la coordinación del Gobierno estuviera radicada en asesores presidenciales y no en una figura con peso político. La controversia tensionó durante días la relación entre Interior y el círculo cercano del Presidente.
Tras la cita, dirigentes del sector valoraron el giro. Desde el oficialismo señalaron que la conducción del ministro evidenció un cambio en la forma de operar del Ejecutivo, destacando que ahora existe una conducción más clara y alineada con criterios políticos tradicionales.
En paralelo, el jefe de asesores mantuvo un bajo perfil durante la reunión, lo que reforzó la señal buscada por el Gobierno: ordenar la estructura interna y evitar nuevos focos de conflicto público.
Con este gesto, La Moneda apuesta por cerrar el episodio y reencauzar su agenda, intentando proyectar mayor cohesión interna en un momento en que enfrenta desafíos legislativos y presiones políticas crecientes.







