La declaración ante el OS7 de María Pía Peñaloza, secretaria personal del abogado Eduardo Lagos, reveló el funcionamiento del estudio legal en la trama bielorrusa.
Imputada en la causa tras la querella de Codelco, la mujer detalló las funciones que realizaba al interior de la oficina.
También “veía muchas cosas de Mario. Por ejemplo le veía las cuentas de la casa, las cotizaciones de la nana, coordinaba la ida a buscar al colegio de sus hijos, etc. También le veía muchas cosas a Gabriel Silber, como pago de permiso de circulación, emisión de boletas de honorarios personales, pago de impuestos, etc”, dijo.
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Fue consultada por los investigadores si su jefe la enviaba a comprar dólares -el principal mecanismo según la fiscalía para lavar el dinero proveniente del pago de sobornos de Belaz Movitec, empresa representada por Lagos y Vargas- los que presuntamente iban a dar a la removida exministra de la Corte Suprema, Ángela Vivanco y su pareja, Gonzalo Migueles.
“Don Eduardo me pedía que fuera a dejar el cheque y yo lo llevaba, porque era una orden de mi jefe, no era algo extraño para mí”, dijo su secretaria.
Respecto de Gonzalo Migueles, Peñaloza dijo conocerlo, porque visitaba recurrente el estudio y que había mucha cercanía con los abogados.
“Tomé más conciencia de que él iba a la oficina cuando se conoció el caso del fiscal Palma; antes era una persona más que iba a la oficina. Él era muy amigo de Mario Vargas. Recuerdo que tuve conciencia de quien era, esto es pareja de Ángela Vivanco, cuando a Gonzalo Migueles le fueron incautar el teléfono a su casa, ocasión que Mario Vargas fue a la casa de Migueles”, explicó.
Aseguró también que nunca vio a Vivanco en la oficina y descartó que le hayan pedido borrar “algo del teléfono» la exmagistrada.
Sí dijo que en una ocasión fue a su casa, por encargo de su jefe, a dejarle unos libros.
COMPRA DE DÓLARES
Peñaloza dijo que ella tenía acceso a las cuentas bancarias de la sociedad, y que incluso les hizo transferencias a los abogados cuando ella estaba de viaje en Australia.
Respecto de la compra de divisas, la secretaria aseveró que muchas veces era Lagos «quien me mandaba a gestionar la compra de dólares porque él viajaba mucho. Yo nunca retiré ningún dólar de la casa de cambios Inversiones Suiza, yo solo llevaba cheques, quien iba a buscar dólares normalmente era Victoria (Lagos)”.
Comentó que trabajaban con Inversiones Suiza, de propiedad del también imputado Harold Pizarro, porque “era una casa de cambios que nos daba confianza de que no nos iban a ‘hacer lesos’ con los dólares”.
“Principalmente, los encargos por cambio de dólares en esa casa de cambio eran de Eduardo Lagos. Mario Vargas también compró dólares pero como en una sola oportunidad y por un monto no tan alto, debe haber sido un millón de pesos, o algo así”, detalló en la declaración difundida por La Tercera.
Recalcó que “si don Eduardo me pedía que yo llevara un cheque a la casa de cambios yo no me lo cuestionaba porque él era mi jefe. Nunca me cuestioné si estaba haciendo algo malo o no”.
CHEQUES
Específicamente respecto de un cheque por $70 millones que habría sido para el cambio de dólares, la secretaria dijo no recordar si ella o la hija de Lagos lo llevó a la casa de cambio. “Don Harold tiene que haber ido a dejar los dólares a la oficina. Yo nunca he visto una caja de zapatos con plata”, aclaró. Añadió que no sabía para qué Lagos necesitaba esa plata.
Sobre una transferencia al hijo de Harold Pizarro en febrero de 2024, las que según la tesis de la Fiscalía habrían sido retiradas por Migueles, aseguró que «esas transferencias las hice por orden de don Eduardo. Don Eduardo no me indicó para qué necesitaba esos dólares. No recuerdo haberle dicho a Harold Pizarro el nombre de las personas a quienes tenía que entregar el dinero. No recuerdo si le dije que parte de esos montos los iba a retirar Gonzalo Migueles».
Consultada por otro cheque, de $45 millones, dijo que ese monto venía «del depósito que Movitec hizo en la cuenta personal de don Eduardo. No recuerdo como fue la entrega de los dólares que se compraron a don Harold. Yo no me llevé los dólares. Don Eduardo no me dijo para qué eran esos 45 millones. Don Eduardo era muy receloso con sus cosas».







