Primer ministro de Pakistán ha declarado que se está «más cerca que nunca» de lograr la paz EEUU-Irán. El optimismo mueve los mercados pero la diplomacia es cauta.
La publicación del mensaje de la autoridad pakistaní que ha actuado como mediadora, por parte de Donald Trump en Truth Social —sin añadir comentarios— ha sido leída por los inversores como una señal de aval. Ello ha provocado una reacción inmediata en las bolsas de valores.
La reacción de los mercados
Como respuesta al optimismo diplomático, los principales índices bursátiles han registrado alzas significativas. La posibilidad de un acuerdo que ponga fin a las hostilidades es el combustible que ha alimentado este optimismo.
Al mismo tiempo, el mercado del petróleo ha mostrado un comportamiento inverso: el precio del crudo experimentó una caída notoria, tocando mínimos que no se veían desde marzo.
Esta baja responde a la expectativa de que un pacto reduzca las tensiones en puntos críticos como el estrecho de Ormuz. Eso garantizaría la estabilidad en las rutas de suministro energético y disminuyendo la prima de riesgo que elevaba los precios. Claro que según ha trascendido, la apertura del estrecho ocurriría luego de 30 días.
«No es el fin de la guerra»
Por eso, es fundamental mantener la cautela. Ello, pues no es primera vez que se hacen anuncios grandilocuentes que caen en pocas horas. Si bien Irán ha reconocido la posibilidad de concretar un acuerdo, la postura del Ministerio de Exteriores iraní ha sido más conservadora que la expectativa paquistaní.
El portavoz iraní Ismail Bagaei ha moderado el entusiasmo, enfriando la idea de que la firma ocurra en el plazo de 24 dicho por Pakistán. Bagaei, afirmó este sábado 13 de junio que el memorando de entendimiento con Estados Unidos no se firmará el domingo, tal y como anunció Pakistán, país que media entre los dos rivales.
Aún así hay optimismo
Esta brecha entre el optimismo del mercado y la realidad de la negociación técnica es el punto de mayor incertidumbre. Mientras los inversores celebran la paz potencial como un motor de crecimiento y estabilidad económica, la diplomacia real se mueve con tiempos mucho más lentos y cautelosos.
Lo que estamos presenciando es un equilibrio precario: el mercado ya está descontando un escenario de paz, pero la materialización de dicho acuerdo sigue dependiendo de voluntades políticas que, hasta el momento, han demostrado ser volátiles.
El impacto económico es innegable, pero la pregunta sigue siendo si esta vez la voluntad de llegar a un acuerdo será superior a las desconfianzas históricas entre Washington y Teherán. La respuesta, más allá de lo que digan las bolsas hoy, vendrá dada por los movimientos reales en la mesa de negociación. Por ahora, el mundo observa cómo la esperanza de un pacto logra lo que pocas cosas han podido: calmar la angustia de los mercados internacionales ante una posible guerra abierta





