A casi seis meses de la llegada de José Antonio Kast a La Moneda, el oficialismo todavía no logra transformar su coordinación legislativa y gubernamental en una coalición política estable. Las diferencias identitarias, las disputas por la conducción de la derecha y las tensiones acumuladas durante los últimos procesos electorales mantienen alejadas las posibilidades de una alianza que reúna a los partidos vinculados al triunfo del Rechazo de 2022.
El escenario comenzará a complicarse durante 2027, cuando las autoridades interesadas en competir en las elecciones municipales y de gobiernos regionales de octubre de 2028 deban dejar sus cargos. Según antecedentes publicados por La Tercera, dirigentes oficialistas han abordado esta preocupación en conversaciones con el Ejecutivo, aunque hasta ahora el gobierno no ha instalado formalmente la construcción de una coalición entre sus prioridades.
CHILE VAMOS ADVIERTE EL RIESGO DE COMPETIR DIVIDIDO
En Chile Vamos existe una mayor disposición a alcanzar, al menos, un pacto electoral. El presidente de Evópoli, Luciano Cruz-Coke, advirtió que concurrir a los próximos comicios en listas separadas representaría un “suicidio aritmético y político”. A su juicio, Kast tiene una responsabilidad decisiva si busca proyectar su sector más allá de un solo periodo presidencial.
La presidenta de Renovación Nacional, Andrea Balladares, también llamó a construir una derecha amplia, diversa y competitiva. La dirigente sostuvo que el Ejecutivo necesita una estructura política con capacidad para respaldar sus reformas y prolongar el actual ciclo político.
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El senador UDI Javier Macaya coincidió en que el mandatario puede desempeñar un papel ordenador. Aunque reconoció las diferencias arrastradas entre Chile Vamos y el Partido Republicano, planteó que las fuerzas oficialistas deben mirar hacia adelante y aprender de los conflictos electorales del pasado.
REPUBLICANOS DEFIENDEN SU IDENTIDAD
El principal freno a una coalición proviene del Partido Republicano. Su presidente, Arturo Squella, considera que el modelo de coordinación empleado desde el plebiscito de 2022 ha funcionado precisamente porque cada colectividad conserva su identidad y autonomía.
Squella sostuvo que formalizar una alianza bajo una estructura tradicional podría perjudicar ese entendimiento. En su opinión, la prioridad debe ser mejorar la coordinación política y legislativa, sin obligar a los partidos a integrarse en una organización común.
Desde el Partido Nacional Libertario, Johannes Kaiser también descartó incorporarse a una coalición. El dirigente afirmó que una alianza requiere acuerdos sobre un proyecto político y no únicamente negociaciones electorales o distribución de cargos. Pese a ello, manifestó su disposición a conversar sobre los próximos comicios municipales.
Las diferencias reflejan una disputa más profunda por el liderazgo de la derecha. Mientras sectores de Chile Vamos temen que republicanos intenten reemplazarlos como fuerza dominante, dirigentes del partido de Kast rechazan esa interpretación y atribuyen esas inquietudes al rápido crecimiento electoral de su colectividad.
FRICCIONES QUE PERSISTEN DESDE EL PROCESO CONSTITUCIONAL
La relación entre ambos sectores acumula desencuentros desde diciembre de 2022, cuando Chile Vamos suscribió el “Acuerdo por Chile” que abrió un segundo proceso constitucional. Republicanos rechazó esa decisión y acusó a sus actuales socios de gobierno de desconocer el resultado del plebiscito del 4 de septiembre.
Las tensiones aumentaron con la reforma previsional, la decisión de Kast de no participar en primarias presidenciales y el fracaso de una lista parlamentaria única. La campaña presidencial de 2025 profundizó esas diferencias durante la competencia entre Kast y Evelyn Matthei.
A esos antecedentes se suman las actuales discrepancias por algunas promesas del mandatario, los indultos a funcionarios condenados por hechos vinculados al estallido social y determinadas iniciativas impulsadas por los sectores más duros de la derecha.
Hasta ahora, Kast ha privilegiado la unidad legislativa sobre la creación de una coalición formal. Sin embargo, la proximidad de las definiciones electorales de 2028 obligará al Presidente y a los partidos que respaldan su administración a decidir si profundizan su alianza o compiten por separado en los territorios.






