Durante la campaña, la actual administración prometió soluciones rápidas en materia económica y de empleo. Sin embargo, las cifras conocidas durante octubre muestran una realidad muy distinta a las expectativas que acompañaron su llegada al poder. La economía real, cotidiana, aquella que se refleja en la mesa de los chilenos, pone ahora a prueba las promesas de José Antonio Kast.
Los precios siguen subiendo, el desempleo permanece elevado y la economía chilena prácticamente no crece. Son tres problemas que, al presentarse juntos, complican la vida de las familias y reducen las posibilidades de recuperación. El escenario también plantea interrogantes sobre los resultados de las medidas impulsadas por el Gobierno.
Así lo muestra una minuta semanal de la Facultad de Economía, Gobierno y Comunicaciones de la Universidad Central, publicada este miércoles 14 de octubre. El documento reúne cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), el Banco Central y antecedentes de Hacienda. Su principal advertencia es que Chile enfrenta el riesgo de mantener precios elevados mientras su economía pierde dinamismo.
Los precios siguen presionando los bolsillos
Durante septiembre, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) aumentó 0,4%, con lo que la inflación acumulada en doce meses alcanzó el 4,1%. Entre las mayores alzas destacaron alimentos y bebidas no alcohólicas, con 0,6%, y transporte, con 0,9%. Son gastos que las familias difícilmente pueden eliminar de sus presupuestos, incluso cuando sus ingresos resultan insuficientes.
El problema es que una economía debilitada no significa necesariamente que los precios comiencen a bajar. Aunque las ventas disminuyan o las empresas produzcan menos, numerosos bienes y servicios pueden continuar encareciéndose. Por eso, la desaceleración económica y la inflación pueden afectar simultáneamente a los hogares.
Hacienda reconoce una economía más débil
La preocupación aumenta al observar las perspectivas de crecimiento. El ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, redujo la estimación oficial para 2026 desde el 1,8% al 0,7%, una corrección que refleja un desempeño económico inferior al esperado. En términos sencillos, el país produciría apenas un poco más que durante el año anterior.
A la corrección de Hacienda se sumó una señal todavía más preocupante desde el exterior. El Fondo Monetario Internacional (FMI) recortó a 0,6% su previsión de crecimiento para Chile en 2026, una décima por debajo de la nueva estimación del Gobierno. Aunque ambas cifras son proyecciones y no resultados definitivos, muestran que el deterioro de las expectativas también aparece en el diagnóstico de un organismo internacional.
Esta menor expansión tiene consecuencias que van más allá de las estadísticas. Cuando las empresas venden menos de lo previsto, pueden postergar inversiones y contrataciones, mientras el Estado enfrenta mayores dificultades para aumentar sus ingresos tributarios. Así, el bajo crecimiento amenaza con prolongar la debilidad del empleo y del consumo.
El desempleo revela la otra cara
El mercado laboral constituye una de las señales más preocupantes. La tasa de desocupación llegó al 9,6% durante el trimestre junio-agosto de 2026, un punto porcentual por encima del registro de igual período del año anterior. Esto significa que casi una de cada diez personas que participan en el mercado laboral busca empleo sin conseguirlo.
Sin embargo, existe un antecedente positivo que también debe considerarse. A agosto, las remuneraciones reales aumentaron 3,4% en doce meses, lo que significa que, en promedio, los salarios crecieron por encima de la inflación. Pero esa mejoría no alcanza a quienes carecen de empleo y tampoco garantiza que todos los trabajadores hayan experimentado el mismo aumento.
El Banco Central enfrenta un dilema
En este contexto, el Banco Central mantiene su tasa de interés de referencia en 4,5%. La medida busca contribuir a que la inflación vuelva gradualmente a su objetivo de 3%, sin perder de vista la debilidad de la actividad económica. Una reducción de las tasas podría facilitar el acceso al crédito y estimular la inversión, pero también podría aumentar las presiones sobre los precios.
La dificultad consiste en que controlar la inflación y recuperar el crecimiento no siempre requieren las mismas medidas. Mientras los hogares necesitan alivio frente al costo de la vida, las empresas buscan mejores condiciones para invertir y contratar trabajadores. El Banco Central debe considerar ambos efectos al adoptar sus decisiones.
El Presupuesto 2027 enfrenta mayores presiones
Las dificultades económicas coinciden con la discusión del Presupuesto 2027, donde el Gobierno busca contener el gasto público y establecer nuevas prioridades. La tarea se vuelve más compleja cuando la economía crece menos, porque también disminuye el dinamismo de los ingresos fiscales. Al mismo tiempo, el desempleo y el aumento del costo de la vida mantienen las demandas de apoyo social.
La MINUTA SEMANAL DE ECONOMÍA Y POLÍTICA de la Universidad Central advierte sobre el riesgo de una posible estanflación, situación en que coinciden un crecimiento muy bajo y una inflación persistente. No significa que Chile haya ingresado definitivamente en ese escenario, pero sí que la combinación de indicadores merece atención. Las decisiones presupuestarias deberán considerar tanto la necesidad de mantener el equilibrio fiscal como sus efectos sobre una economía debilitada.
Las promesas frente a la economía real
José Antonio Kast prometió cambios profundos en materia económica y resultados rápidos. Durante la campaña y el traspaso de mando, su propuesta se apoyó en recuperar la confianza empresarial, simplificar los permisos para invertir y aplicar una severa disciplina fiscal. La apuesta consistía en que esas medidas contribuirían a reactivar la inversión privada y el empleo.
Sin embargo, las cifras actuales plantean tres contradicciones que el Gobierno deberá enfrentar. La primera aparece entre las expectativas de un rápido aumento de la confianza empresarial y la inversión efectiva. El cambio de signo político puede modificar las expectativas, pero las empresas también consideran la demanda, las tasas de interés y las condiciones internacionales antes de comprometer recursos.
El propio Kast continúa destacando el interés de los inversionistas por Chile. Pero existe una diferencia fundamental entre observar oportunidades y comprometer capital en proyectos que generen actividad y empleo. La recuperación económica necesita inversiones concretas, no solamente expectativas favorables.
La segunda contradicción surge entre la austeridad fiscal y la debilidad del mercado laboral. La promesa de reducir el gasto público para sanear las cuentas fiscales enfrenta ahora una economía que crecería apenas 0,7% y una desocupación de 9,6%. En esas condiciones, los recortes requieren especial cuidado para evitar efectos adicionales sobre la actividad y los servicios que reciben las familias.
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La responsabilidad fiscal sigue siendo necesaria, pero sus resultados dependen también del contexto en que se aplica. Si la inversión privada no consigue recuperar dinamismo, una reducción del gasto estatal podría profundizar la desaceleración. De ahí la importancia de explicar qué partidas se ajustarán y cuáles serán sus consecuencias.
La tercera contradicción aparece entre la promesa de aliviar rápidamente el costo de la vida y la persistencia de la inflación. Los precios de los alimentos, el transporte y otros bienes esenciales dependen de factores internos y externos que ningún gobierno controla por completo. Precisamente por eso, las promesas de resultados inmediatos deben confrontarse con las posibilidades reales de las políticas económicas.
El imperativo de la rendición de cuentas
Las explicaciones basadas en la «herencia recibida» o las contingencias internacionales tienen un límite temporal de caducidad política. Cuando un Gobierno promete que sus recetas técnicas traerán resultados distintos y superiores a los de sus antecesores, asume la carga de medir su éxito con la misma vara con la que juzgó al pasado.
Con una economía bordeando el estancamiento, el FMI recortando proyecciones y el desempleo rozando los dos dígitos, el margen para la retórica se agota. La ciudadanía no evalúa las políticas públicas por sus intenciones ni por el rigor formal de sus ministros, sino por su capacidad para generar certezas en la mesa diaria. Pasar del discurso del «orden y crecimiento» a los hechos concretos es, hoy por hoy, la principal deuda que la administración Kast debe empezar a saldar.






