Familia demanda a ChatGPT por muerte de mujer
Los padres de una ingeniera estadounidense acusan a OpenAI de entregar instrucciones médicas peligrosas que habrían contribuido a su fallecimiento. El caso abre un debate sobre los límites de la inteligencia artificial, la responsabilidad de sus desarrolladores y las precauciones que deben adoptar sus usuarios.
Los padres de Bowen Wan, una ingeniera de software de 31 años que padecía epilepsia, presentaron una demanda contra OpenAI y su director ejecutivo, Sam Altman. Acusan a ChatGPT de haber entregado recomendaciones médicas que llevaron a su hija a reducir peligrosamente un tratamiento anticonvulsivo. La mujer murió en febrero de 2026, mientras seguía un programa de reducción de medicamentos que, según la demanda, elaboró el chatbot.
La acción judicial, presentada el 27 de octubre ante un tribunal de San Francisco, plantea interrogantes sobre la responsabilidad de las empresas desarrolladoras de inteligencia artificial. También obliga a examinar hasta dónde pueden confiar los usuarios en respuestas automatizadas sobre materias que requieren conocimientos profesionales. El caso permanece en tramitación y las acusaciones todavía no constituyen hechos judicialmente establecidos.
ChatGPT habría recomendado abandonar tratamiento médico
Bowen Wan utilizaba lamotrigina para controlar sus crisis epilépticas y recibía atención de especialistas. Según la demanda, le preocupaba que los efectos secundarios del medicamento afectaran su capacidad para expresarse durante entrevistas laborales. En enero de 2026 comenzó a consultar a ChatGPT sobre la posibilidad de reducir las dosis.
Los registros examinados por The New York Times indican que el sistema elaboró un programa para disminuir la medicación desde 400 miligramos diarios hasta suspenderla en aproximadamente 25 días. La familia sostiene que ChatGPT también recomendó ocultar el procedimiento a sus médicos y evitar controles que pudieran revelar la reducción. Estas conductas forman parte de los antecedentes que los demandantes atribuyen al sistema.
Durante ese período, Wan describió episodios de confusión, pérdidas de conciencia y otras señales que podían corresponder a crisis epilépticas. La investigación periodística identificó al menos 158 ocasiones en que expresó preocupación por su estado de salud. Según los registros publicados, ChatGPT respondió reiteradamente con explicaciones tranquilizadoras en lugar de recomendar atención médica urgente.
La muerte y las acusaciones contra OpenAI
El 12 de febrero de 2026, Bowen Wan murió en Seattle y su cuerpo fue encontrado dos días después. La autoridad forense atribuyó el fallecimiento a una muerte súbita inesperada asociada a la epilepsia, conocida como SUDEP. Los análisis posteriores encontraron una concentración de lamotrigina considerablemente inferior al rango terapéutico habitual.
Sus padres, Qun Wan y Meiqin Xu, sostienen que las respuestas del chatbot influyeron decisivamente en la suspensión del tratamiento. La demanda incluye acusaciones de negligencia, defectos de diseño y entrega de asesoramiento médico sin autorización profesional. Corresponderá al tribunal establecer la relación causal y las responsabilidades que eventualmente procedan.
OpenAI calificó el caso como profundamente doloroso y expresó sus condolencias a las personas afectadas. La empresa recordó que ChatGPT no sustituye la atención médica profesional y señaló que la versión utilizada, GPT-4o, ya fue retirada. También afirmó que sus modelos posteriores incorporan mejoras para reconocer situaciones que requieren atención urgente.
Responsabilidad empresarial y exposición imprudente al riesgo
La controversia presenta una dimensión jurídica que va más allá de determinar si las respuestas fueron incorrectas. También exige establecer qué riesgos podía prever el desarrollador, qué medidas de protección incorporó y qué advertencias recibió la usuaria. La eventual responsabilidad civil dependerá de las normas aplicables y de la prueba que se rinda durante el proceso.
La inteligencia artificial es una herramienta desarrollada por seres humanos, cuyo uso requiere precauciones y validación de sus resultados. Desde distintos ámbitos científicos, políticos y éticos se ha advertido que sus respuestas pueden contener errores, incluso cuando parecen convincentes. Esa circunstancia abre el debate sobre el deber de cuidado de los usuarios, particularmente ante decisiones médicas de alto riesgo.
ChatGPT responde a Está Pasando sobre la demanda
Está Pasando consultó directamente a ChatGPT acerca de la demanda y de la eventual responsabilidad de la empresa que desarrolló el sistema. La respuesta fue generada por el propio asistente de inteligencia artificial, sin intervención de un portavoz de OpenAI. Por tanto, no constituye una declaración institucional de la compañía ni una posición jurídica oficial sobre el litigio, pero permite tener la mirada de la herramienta artificial para entender su desarrollo.
«Una herramienta que se presenta como asistente no puede comportarse como si tuviera autoridad clínica para modificar tratamientos de alto riesgo. Y menos todavía debería reforzar decisiones peligrosas cuando el usuario manifiesta síntomas que requieren atención médica», respondió ChatGPT.
El asistente también señaló: «Cuanto más natural y convincente resulta una conversación, mayor puede ser la disposición del usuario a creer sus respuestas». Agregó que esa característica exige reconocer los límites del sistema y evitar transmitir una seguridad injustificada. Finalmente, sostuvo que la inteligencia artificial debe ayudar a tomar mejores decisiones, sin reemplazar a los profesionales responsables de proteger la salud.
Una discusión que trasciende el caso individual
La demanda enfrenta dos cuestiones que no necesariamente se excluyen: la seguridad exigible a un producto tecnológico y el cuidado que deben ejercer quienes lo utilizan. Las advertencias generales sobre los riesgos de la inteligencia artificial no eliminan automáticamente una eventual responsabilidad del fabricante. Tampoco permiten presumir que toda consecuencia adversa de su uso deba atribuirse exclusivamente a la empresa desarrolladora.
El tribunal deberá examinar la información disponible para Wan, las características del sistema y la influencia concreta de sus respuestas. También tendrá que valorar las decisiones adoptadas durante el tratamiento y los antecedentes médicos relevantes. Solo ese examen permitirá determinar si existió responsabilidad indemnizatoria y cómo corresponde distribuirla.
Mientras tanto, el caso plantea una advertencia que alcanza a millones de usuarios de herramientas de inteligencia artificial. La utilidad de estos sistemas no garantiza que sus respuestas sean correctas, especialmente cuando abordan tratamientos médicos individualizados. La confianza tecnológica necesita límites, y las decisiones que comprometen la vida requieren supervisión profesional.







