Política

Por qué republicanos desentonó en una ceremonia republicana

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

¡Quién iba a pensar que los republicanos se iban a poner sinceros antes del plebiscito! Se recetaron el único paso que iniciaba su retroceso anticipado.

Se sabe que en la confianza está el peligro y eso lo hemos podido ver en el discurso de Beatriz Hevia en la ceremonia de cierre del Consejo Constitucional.

Lo que presenciamos fue el predominio de un discurso identitario por sobre la prudencia. Este tipo de exhibición se produce cuando un grupo deja de advertir peligros, seguro de haber triunfado y de estar interpretando a la mayoría.

Salvo quien está hablando, todos los demás se dan cuenta de que algo va mal porque hay alguien en la testera que muestra los síntomas del mareo de altura: pérdida de la orientación, hablar descontextualizado, insensibilidad a la reacción del entorno. El exceso de seguridad nunca ha sido sinónimo de buena salud

Una de las pocas constantes de nuestra vida pública es el permanente descontento ciudadano con los políticos, especialmente con aquellos que ocupan, en ese momento, los principales puestos de poder.

No es que tengamos una ciudadanía tan liviana e inconsistente que oscile siempre de izquierda a derecha. Es más correcto estimar que se ha terminado siempre por castigar a quiénes están en el poder, apoyando a quienes se les oponen. Pero que muchos ciudadanos castiguen a quienes los decepcionan, no significa que estén adhiriendo a convicciones ideológicas cambiantes.

En los últimos años, los que han tenido un éxito asegurado son aquellos que se presentan a una elección afirmando tres cosas: me opongo a los políticos porque solo piensan en ellos mismos; no somos políticos, sino ciudadanos igualmente indignados que usted; y nuestro programa de acción coincide exactamente con las prioridades que se ven reflejadas en las encuestas.

El favorecido de momento por el apoyo popular puede ser un perfecto desconocido (de hecho, es preferible que lo sea), parece ser un ciudadano normal que vive una vida corriente, lo que es sinónimo de bien intencionado. No habla nada más que de aquello que le interesa en lo inmediato a las personas.

La campaña republicana en el plebiscito pasado fue un modelo de encubrimiento práctico. No mintieron, es que solo hablaron el lenguaje ciudadano a favor de sus anhelos y en contra de lo que aborrecen. El éxito fue indudable.

El problema, por supuesto, es que se hace en la segunda oportunidad. Se le atribuye a Abraham Lincoln el haber dicho: “se puede engañar a todos una vez, a algunos siempre, pero no se puede engañar a todos siempre”.

Los republicanos creen sinceramente en lo que dicen. Las anteojeras ideológicas producen efectos alucinógenos. Es propio de la derecha dura pensar que los demás son políticos, pero que ellos son patriotas, los verdaderos, en un país que un grupo de irresponsables ha llevado a la decadencia.

Lo dicen hoy porque creen haber clavado la rueda de la fortuna, superado la oscilación permanente y haber llegado para conducir. Por eso desentonan en una ceremonia que debió ser republicana, pero que tiñeron de parcialidad y sectarismo. Si llegan a implementar sus recetas, veríamos que estos patriotas aspiran a un Chile que los demás no tenemos la menor intención de conocer.

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