Eduardo Frei Ruiz-Tagle ha tomado una decisión respecto del próximo Plebiscito pronunciándose por el A favor. Como su partido había tomado previamente la decisión contraria, vale la pena examinar los motivos del expresidente.
En una carta breve reitera dos ideas: hay que cerrar este proceso y concentrarse en los problemas urgentes de la ciudadanía, alargarlo sería un error.
No tiene temor en repetir un concepto: “tengo la convicción que debemos cerrar este capítulo”, “este proceso ha durado demasiado tiempo”. A lo que tenemos que abocarnos es “a los grandes problemas que hoy nos aquejan y que tienen estancado nuestro desarrollo”.
Frei aprueba el proyecto de Constitución porque “si no lo terminamos ahora, no faltarán quienes buscarán persistir en un tercer intento”, desembocando “en una sucesión inagotable de convenciones y consejos”.
Frei prioriza el término del proceso constitucional para “avanzar decididamente en una agenda que resuelva las necesidades de nuestros compatriotas” y ese es precisamente el punto. Avanzar en una agenda nacional implica un acuerdo nacional, lo que requiere el concurso activo de los principales actores políticos de todo el espectro. ¿Cómo se puede llegar a un acuerdo en políticas específicas cuando un acuerdo político básico no existe y un bando impone sus términos?
Es la falta de consensos lo que produce la incertidumbre y no al revés. El 17 de diciembre no tendremos una Constitución de acuerdo transversal y porque eso no existe, la incertidumbre no desaparecerá; quedará instalada si el acuerdo constitucional se da por cerrado, pero continua siendo impugnado por muchos.
La imposición no reemplaza al consenso amplio. Frei, por supuesto, lo sabe, pero estima que, si alguien tiene que pagar costos, es mejor que sean aquellos que más desagrado le producen y donde cree que se concentran la fuente de muchos males: los que “buscarán persistir en un tercer intento”, estableciendo “una sucesión inagotable (…) que le haría mucho daño al país”.
Es la profunda desconfianza en parte de las fuerzas políticas que respaldan al actual gobierno y, por extensión, en el actual gobierno mismo, lo que determina la posición de Frei. En una formulación libre podríamos decir que la fórmula no dicha es: de los excesos de un sector, se sale; del desorden no se sale.
Por eso es extraño lo que ocurre con Frei. Él realiza un muy buen resumen de las deficiencias del texto propuesto: dice que no lo representa en su totalidad, enumera sus avances, pero la estima larga, con articulado transitorio excesivo, con retrocesos respecto de la actual legislación, espera que las mujeres se movilicen para mantener sus conquistas, y eso es porque están en riesgo, sabe que no es fruto de un alto grado de consenso, estima que es un fracaso para Chile. No son nimiedades, pero en el balance desequilibra lo que hemos dicho.
Uno puede compartir todo el análisis de Frei y terminar votando En contra, como me ocurre a mí. Respeto las decisiones en conciencia cuando dejan tranquilo, pero asumo los compromisos colectivos sea para el país, sea para mi partido.
Lo que Frei no tolera es una intransigencia, la de izquierda; lo que nos ocurre a otros es que no toleramos dos intransigencias y la otra viene de la derecha.




