Política

Ambos tenemos problemas, el que tiene que cambiar eres tú

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

Ambos tenemos problemas, el que tiene que cambiar eres tú.

En el tema de la delincuencia, a falta de un problema, tenemos dos. Un hecho es el aumento de los delitos y otro es que se ha generalizado la percepción de inseguridad.

Ambos son datos que tomar en cuenta, tienen consecuencias, pero son distintos. Cuando se cree que algo está ocurriendo, eso tiene efectos reales y la conducta de las personas se adapta a ese convencimiento.

Las encuestas, sin excepción, coinciden en que la ciudadanía tiende a evaluar la situación actual como una crisis más aguda que las que hemos tenido en el pasado, en especial por lo que se estima un desborde de la criminalidad.

Se ha instalado una atmósfera cargada de tensión que todavía no encuentra un modo de expresarse, aunque es evidente que tanta presión no se puede seguir acumulando hasta el infinito.

Ambos tenemos problemas, el que tiene que cambiar eres tú

Los actores políticos se dan cuenta de lo que ocurre, pero están lejos de hacerse cargo de la dimensión del asunto.

Siendo imposible que una situación tan excepcional no sea de conocimiento público; lo que más sorprende es la insistencia de la mayoría del mundo político en pretender que algo tan extraordinario se exprese por canales habituales de manera que no tienen la necesidad de modificar su conducta en nada.

Por lo mismo, en cada bando abundan las recetas que explican con cierto detalle cómo es que los otros deben cambiar con la finalidad de que no sigan cometiendo los errores que lo caracterizan, al parecer, con exclusividad.

Mala política

Modificar el propio comportamiento o el curso de acción ordinario parece fuera de las consideraciones incorporadas al debate de primera línea.

Esto quiere decir que está predominando la mala política porque expresa un cierto adormecimiento colectivo que nada bueno puede presagiar.

Se entiende lo que sucede debido al predominio adelantado del ciclo de elecciones, otro de los contratiempos que nos ha traído el alargue del proceso constitucional, pero esta es una explicación que no justifica nada.

Separar los temas

Se puede estar celebrando un cumpleaños en una casa, pero si empieza un incendio, nadie se preocupa de apagar las velas, sino que lo que todos buscan es apagar las llamas.

No hay quien en su sano juicio mantenga las prioridades anteriores porque el contexto se está literalmente quemando.

Lo único sensato consiste en combinar la competencia electoral con la cooperación en una agenda de acciones urgentes con respaldo amplio.

Ni la sal ni el agua

Conseguir algo así sería algo muy inusual, pero sólo un comportamiento fuera de lo común se condice con la dimensión alcanzada por la crisis.

De otro modo el conjunto de los actores políticos dará la impresión de ser desechables.

Lo que está fallando en la política al uso es contentarse con oponerse a lo que otros opinan o representan.

Ambiente tóxico

El esfuerzo por desarrollar un punto de vista y las propuestas en positivo quedan en un segundo plano.

Cuando lo que predomina es la crítica, quién destaca entre los que se oponen es aquel que lo hace de manera más radical y menos matizada.

Cuando esto ocurre todos los días, el ambiente político se vuelve más tóxico y la contaminación de pesimismo que se logra es lo que termina por predominar.

Si no reaccionamos ahora no tendremos un después para enmendar.

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