Nada más natural en política que las críticas, si no se habla de las diferencias no se sabe de qué se podría conversar. Nada más corriente que las acusaciones de mal desempeño referidas a autoridades, no hay semana en la que no se pida la separación del cargo de alguien.
El límite se establece entre la evaluación de un desempeño y la descalificación de la persona. No es lo mismo un mal ministro que un ministro malo, lo primero se refiere a actuaciones, lo segundo a intenciones o a reproches éticos.
Estos límites no tienen nada de arbitrarios. Regularmente nos encontramos con juegos de equipo con opiniones diferentes. La actuación de una autoridad suscita ataques verbales, pero también respaldos y la evaluación corresponde a los ciudadanos. Es lo normal.
Con la misma serenidad se puede evaluar si en la calificación de una persona se pasó el límite de lo aceptable. Existe el derecho a proteger la propia honra y pedir que un asunto sea evaluado formalmente por la justicia. En ese momento ya no estamos hablando de una relación entre equipos.
Estos casos son más bien raros porque en política se suele escuchar de todo, respecto de todos, pero eso no quiere decir que se pueda tolerar cualquier cosa.
Hay que dejar espacio para que la situación se evalúe. Las reacciones colectivas deben esperar porque en ocasiones como esta establecer una pausa es lo más aconsejable. Un ministro no es el gobierno y un senador no es su partido, no siempre en cada una de sus actuaciones, a veces son simplemente individuos.
En otro ámbito, se ha establecido una especie de concurso para realizar manifestaciones de adhesión al general director de Carabineros. La derecha, en particular, ha declarado que no defender estrictamente a Ricardo Yáñez de las acusaciones que se le hacen es ir en contra de su institución.
Ni tanto, ni tan poco. Respaldar a Carabineros debe ser la conducta habitual de cualquier ciudadano, más aún de un político. El problema es, nuevamente, establecer el límite. Yáñez puede ser protegido de todo, excepto de la ley.
Los puestos y dignidades que se ocupan no pueden ser considerados una zona de protección ante lo que sea, sino una zona de máxima responsabilidad. Las declaraciones de apoyo anticipado, previas a cualquier actuación en concreto, no son propias de la democracia. Es de nostálgicos de dictaduras.
No hay necesidad de asumir respuestas institucionales inmediatas y preservar una lógica válida más allá de los casos específicos y según los involucrados.
El exministro Giorgio Jackson presentó acciones judiciales por injurias, calumnias y difamaciones, una de estas acciones es en contra del senador Fidel Espinoza. Jackson considera que referirse a él como “el líder de una banda de criminales” es un exceso. Y, la verdad, es que suena a exceso. Se verá.
Espinoza declara tener “la plena convicción de que nunca he incriminado a nadie en un delito” porque solo ha realizado críticas políticas. Hay que aclararlo.
Es una relación entre personas, no entre entidades. A alguien le podrán decir que es “el líder de la banda” y la cabeza de “una red de sinvergüenzas que ya perdieron el pudor”. A algunos le importará y a otros no. Que lo vean entre ellos.





