Se ha despertado la crítica de izquierda hacia el gobierno. Este ha sido un frente que había estado cerrado desde la campaña presidencial de Boric, pero que ahora no encuentra razones para seguir conteniéndose.
Esto cambiará el escenario porque lo que llevó al poder a la actual administración fue una inusual presencia de tres factores que nunca se habían presentado unidos: la crisis de autoconfianza de la centroizquierda; el debilitamiento de la coalición de centroderecha y la incapacidad de la izquierda más dura de presentar otra candidatura presidencial.
Se entiende que quien llega a La Moneda atribuya el hecho, sobre todo, a sus méritos, que son reales y se expresaron en una sólida estrategia de campaña y en el manejo de las redes sociales. A la candidatura de Boric se llegó por descarte, pero resultó ser la más apropiada a las circunstancias.
Se puede focalizar el análisis solo en este aspecto, pero no hay que subestimar, en complemento, la inusual caída simultánea de tres estanterías: en la centroizquierda, centroderecha e izquierda, es decir, de todos los demás.
Hace pocos años, la ex Concertación no se creía en condiciones de conducir el país y el PS miraba a una nueva generación, fuera de sus filas, como guía; quiso seguir a otros, no conducir. La derecha estaba confundida porque, cuando estaba en el poder y aplicaba sus recetas sin contrapeso, se había visto sobrepasada por el estallido social. La izquierda dura le quiso dar continuidad a la movilización social y llegó a considerar ocioso participar haciendo uso de mecanismos institucionales que imaginaba a punto de derrumbarse.
Boric llegó al poder por méritos propios y de su sector y por el autodescarte del resto. En el futuro pueden pasar muchas cosas, pero de seguro no se va a repetir una triple eliminación de la competencia por propia mano.
Si la centroderecha llega a ser tan insípida que solo transmite rutina y desgaste, le abre una opción a los que marcan los ejes identitarios hasta la exageración.
Ahora, toca el mismo fenómeno al frente. Mirado desde la izquierda más radical, este gobierno ha llegado a ser igualmente insípido porque donde esperaba cambios en el poder, encuentra solo administración y no siempre de la buena.
Lo que está provocando grandes giros políticos es la rápida desilusión de las opciones que logran representar cierta esperanza por un breve lapso.
Ahora, a este gobierno lo va a afectar no tanto la crítica de la derecha, que es predecible, repetitiva y rutinaria. Ya ha emergido el descontento de izquierda y solo ha empezado a manifestarse, lo que puede descolocar a La Moneda.
Cuando el gobierno de Boric deja de representar la posibilidad de conseguir reformas significativas, pierde su principal fuerza de atracción. Ya no le queda mucho tiempo por delante, las propuestas representativas de la izquierda han tenido un espacio mínimo de concreción y las promesas se vuelven en contra cuando se llega a comprobar que son totalmente inofensivas y, mientras más se repiten, más se evidencia su naturaleza retórica.
Una polémica en dos frentes será algo nuevo. La centroderecha enfrentó una crítica unificada en republicanos, aquí será más dispersa, no menos furibunda.





