Política

¿Para cuándo me dijo que lo quería? Por Víctor Maldonado R

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

Del desconcierto se pasó a la toma de distancia porque no se ha inventado la categoría de “socio estratégico desinformado” y se tomó como la notificación que es: podemos coincidir, pero no estamos empatizando.

¿Para cuándo me dijo que lo quería? Por Víctor Maldonado R.

 Las cuentas públicas de los gobiernos, desde la recuperación de la democracia, han significado una oportunidad aprovechada de reimpulso.

En cada caso el nuevo envión pudo durar mucho o poco, pero se producía.

Esta es la primera vez que el efecto no se verifica y es cambiado por un debate muy confuso.

Llevamos gran parte de la semana siguiente a la alocución presidencial y cuesta encontrar las típicas reacciones sectoriales y la cobertura a los ministros que aterrizan los avances anunciados.

Boric tuvo la virtud de multiplicarlos por cero.

Es tan sorprendente que algunos se niegan a aceptarlo como el error estratégico que es, producto del microclima que se crea en La Moneda, cuando es afectada por una bacteria asesina de tipo político que aún no se ha descubierto.

Sucede que el discurso de Boric fue pensado para la presentación de medidas acotadas y pragmáticas con posibilidades de tener éxito.

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Eso apela a la razón y, por lo tanto, convence, pero no entusiasma.

Cuando los diputados de izquierda se levantaron de sus asientos para aplaudir con fervor una iniciativa sobre aborto supe que estábamos en problemas.

La señal era inequívoca, es costumbre en este sector, como en la Convención, aplaudir con alegría aquello que después les termina siendo perjudicial.

El resultado es bien anómalo.

Para mayor extrañeza, el grupo que ha recibido mejor las palabras del Presidente fue la derecha.

Esto por dos motivos: las medidas anunciadas y abordables son de su agrado y lo que no le gusta los deja indiferente porque puede impedir su aprobación. Asienten en silencio.

Se puede identificar el grupo de los perjudicados: son aquellos cercanos o colaboradores que se vieron sorprendidos por un anuncio que les resultaba ininteligible.

Del desconcierto se pasó a la toma de distancia porque no se ha inventado la categoría de “socio estratégico desinformado” y se tomó como la notificación que es: podemos coincidir, pero no estamos empatizando.

Tampoco es que las bancadas de izquierda se hayan mostrado particularmente entusiastas, después de pasado el primer momento.

Una cosa es la convicción y otra la viabilidad, esta última brilla por su ausencia.

Todo aquel que, dentro del gobierno, esté a cargo de sacar adelante algunas de las tareas que sí pueden llegar a puerto quedará preocupado por la posibilidad que estos anuncios adicionales lo afecten negativamente de rebote.

La viabilidad de las iniciativas no han sido nunca una preocupación mayor.

Considérese que los proyectos relativos a aborto y eutanasia, en el mejor de los casos, llegarán a final de año.

Para entonces, las primarias de este fin de semana serán un recuerdo y estaremos conociendo los resultados de las elecciones municipales y regionales.

El ambiente será completamente electoral.

Más gráficamente aún, ya no estarán en sus puestos aquellos miembros del comité político que aspiren a ser candidatos presidenciales o parlamentarios, para poder cumplir con los plazos legales.

La influencia del gobierno en el Congreso será mínima y nadie tendrá claro a cuento de qué se quiere discutir, a esas alturas, un tema inviable.

Entonces, ¿para cuándo me dijo que quería ver aprobadas estas iniciativas? Y, sobre todo, ¿para qué me dijo que las quería?

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