Messi, Chile y la herida que no cierra: “soy más raro que la mierda”, señaló en una reciente entrevista en TV. «Me gusta mucho estar solo, disfruto de estar solo. El quilombo de la casa, con los tres chicos corriendo para todos lados, me termina saturando”, reconoció.
La frase no pasó desapercibida. “Soy más raro que la mierda”, dijo Lionel Messi en una reciente entrevista. Lo hizo al hablar de su personalidad, su vida cotidiana y la forma en que procesa la presión. La crudeza del lenguaje no fue una provocación: fue una confesión.
“Antonela (Rocuzzo) puede decir más que yo, pero depende de mi estado de ánimo. Soy muy estructurado, si me cambian lo que tenía que hacer… Si tengo el día organizado de una manera, y en el medio pasa algo que no estaba organizado, ya está…”, dijo el seleccionado argentino.
«Soy mucho de comerme las cosas, de guardarme todo para adentro, de comerme los problemas; cambié mucho, pero aún soy así», añadió el capitán del Inter Miami, quien reconoció que por su manera de ser hizo terapia cuando jugaba en el Barcelona. También habló sobre insultarse a sí mismo cuando no le salen las cosas bien.
«Me puteo a mi mismo»
«Tuve muchos partidos malos (en los) que fui un desastre o situaciones uno contra uno, gol errado, y me he dicho de todo por adentro. Me he ‘puteado’ bastante».
Se refirió además al momento en el que dejó la Albiceleste tras perder tres finales consecutivas entre 2014 y 2016, dos de ellas frente a Chile: «Me arrepentí muchísimo porque veía los partidos de la selección y me quería morir. Menos mal que pude volver».
«El mejor ejemplo es no renunciar nunca, seguir intentándolo. En lo que sea. Golpearte, levantarte y volver a intentarlo. Y si no se da, quedarte con que hiciste todo lo posible para conseguir tu sueño», subrayó.
No es primera vez que recuerda las Copa América perdidas ante Chile.
En esa misma conversación, el capitán argentino volvió a referirse a los momentos más duros de su carrera con la selección. Entre ellos las finales perdidas ante Chile, que marcaron un antes y un después en su vínculo con la albiceleste.
Messi ha reconocido en más de una ocasión que nunca pudo borrar del todo lo ocurrido en las Copas América de 2015 y 2016, cuando Argentina cayó dos veces consecutivas ante la Selección Chilena, ambas en definición por penales.
La segunda derrota, en la Copa América Centenario disputada en Estados Unidos, tuvo un impacto mayor: Messi erró su lanzamiento desde los doce pasos y, minutos después, anunció su retiro de la selección argentina. Aunque esa decisión fue revertida meses más tarde, el golpe emocional quedó instalado.
“Eso fue muy fuerte”
Con el paso del tiempo —y tras conquistar la Copa América 2021 y el Mundial de Qatar 2022— Messi ha podido poner distancia, pero no olvido. En entrevistas recientes ha insistido en que aquel período fue el más frustrante de su carrera internacional, y que lo vivido ante Chile fue determinante en su crisis personal y deportiva.
Su autodefinición como alguien “raro”, estructurado, obsesivo con el orden y poco dado a la exposición pública ayuda a entender por qué esas derrotas lo afectaron de manera tan profunda. Messi no encaja en el molde del líder declamativo: procesa hacia adentro, en silencio.
Chile como punto de quiebre
Para el propio Messi, Chile no fue un rival más. Fue el equipo que lo enfrentó en el momento de mayor presión, cuando el peso de “ganar algo con la selección” se había vuelto una carga casi insoportable.
No fue Alemania, ni Brasil, ni Francia.
Fue Chile el que lo llevó al límite.
Paradójicamente, ese quiebre terminó siendo parte del camino que lo condujo a la redención posterior. Tras el retiro fallido, Messi regresó con un perfil distinto, menos urgido por la épica individual y más integrado a un proyecto colectivo que, años después, terminaría dándole todo.
Una confesión que humaniza al mito
La frase que hoy recorre titulares no habla solo de fútbol. Habla de presión, frustración y carácter. Messi, el jugador que ganó todo, sigue reconociendo que hay momentos que no se superan del todo, solo se aprenden a cargar.
Y entre esos momentos, Chile ocupa un lugar central.
Porque incluso para el mejor del mundo, hay derrotas que no se borran con trofeos. Solo se transforman.







