Especial elecciones municipales

No es desplome pero se pierde de no mejorar

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

Nadie obtuvo un triunfo en estas elecciones menos los extremos
Como los grandes temores del oficialismo no se cumplieron, nadie está contento, pero sí aliviado. Volver a respirar no es lo mismo que tener buena salud.

No es desplome pero se pierde de no mejorar Por Víctor Maldonado R.

En estas elecciones no hubo derrumbes, sino mejores posiciones consolidadas.

Como los grandes temores del oficialismo no se cumplieron, nadie está contento, pero sí aliviado. Volver a respirar no es lo mismo que tener buena salud.

Republicanos obtuvo una buena votación, pero no superó a Chile Vamos como pacto, ni tampoco a RN como partido individual, por lo que nadie puede estar triste, pero el partido de Kast no se proyecta como una amenaza de primera magnitud para la candidatura presidencial de la centroderecha.

Lo claro es que populismos y extremos, no ganaron

En la suma y resta final, los partidos de oposición obtuvieron más votos que la centroizquierda, son una fuerza equivalente en término de alcaldías y ambos bloques empatan en número de concejales electos.

Pero en gobernadores la centroizquierda puede conservar la mayoría, pero la derecha pasará a 6 o 7 con las segundas vueltas incluidas, cuando antes solo tenía una.

Lo significativo del panorama que se abre es que no permite esa visión simplista que le facilita tanto la vida a los populistas de ambos lados.

Las paradojas en los votos no son tales

El nuevo escenario está salpicado de matices porque una misma persona pudo marcar preferencias poco homogéneas en cuanto a militancia partidaria, pero que le parecieron aceptables, estuvieran donde estuvieran los candidatos votados.

A modo de ejemplo, en la comuna de Santiago, el candidato a gobernador de RN consiguió el 34,8% de los votos y el candidato a alcalde, Mario Desbordes, el 51,1%, mientras que la candidata a alcaldesa Irací Hassler obtenía el 28,6%, siendo que Claudio Orrego llegaba al 34%.

Importa el dime con quién andas

Es claro que la labor acreditada de un postulante y su comportamiento responsable prima por sobre la cercanía política.

Todavía más, el promedio de votación regional de Claudio Orrego es más alto que el conseguido en la comuna de Santiago y ocurre al revés en el caso de su contendor en segunda vuelta. Es posible que ello se deba a la asociación entre un gobernador postulante a la reelección en conjunto a una alcaldesa de bajo apoyo.

O sea, la compañía también importa y lo que pasó en este caso es que se niveló hacia abajo.

Lo que está sucediendo no es ilógico, sino que se trata de un cambio hacia el empleo de una lógica mucho más pragmática y menos ideologizada que la anterior.

Aumenta mucho las exigencias de un comportamiento coherente y aceptable de los aspirantes a los puestos de representación, desde el punto de vista de ciudadanos que no entregan confianza ilimitada.

Si esto no es discriminar caso a caso, no se sabe qué pueda ser.

Las personas no cambiaron de posición política por el color de la papeleta, sino por su apreciación de la capacidad de los líderes de responder a sus compromisos.

Estas variaciones son producto del voto obligatorio y de la voluntad de muchos que optaron por tomar posición antes que, simplemente, anular el voto dejando a otros la capacidad de decidir.

Convencer se ha hecho más exigente.

Los ciudadanos tuvieron motivos para estar descontentos, pero más razones todavía para marcar preferencias.

Es un escenario que impele, pero no obliga. Existe el gran riesgo de que parezca que adecuarse a los nuevos tiempos es optativo cuando se tiene un tiempo precioso y limitado para conseguirlo.

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