Internacional

Brasil en alerta por deficiente formación de futuros médicos

Javiera Sanzana

Periodista

Brasil
Foto: Europa Press
Los resultados encendieron las alarmas: cerca de un tercio de las carreras evaluadas no cumple con los estándares mínimos exigidos por la autoridad, y uno de cada cuatro estudiantes no logró aprobar.

En Brasil, el acrónimo Enamed pasó rápidamente a formar parte del vocabulario cotidiano. Se trata del Examen Nacional de Desempeño de Estudiantes de Medicina, una prueba aplicada por primera vez por el Ministerio de Educación para medir la calidad de la formación de los futuros médicos.

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Los resultados encendieron las alarmas: cerca de un tercio de las carreras evaluadas no cumple con los estándares mínimos exigidos por la autoridad, y uno de cada cuatro estudiantes no logró aprobar.

CIFRAS

Las cifras generaron inquietud social y reabrieron un debate profundo sobre dos puntos clave: la facilidad con que se autorizan nuevas facultades de medicina y la dificultad de formar profesionales suficientemente preparados para atender a una población de 212 millones de personas, distribuida en un territorio extenso y con zonas de acceso complejo, comparable en tamaño a Estados Unidos sin Alaska. Brasil, además, alberga el sistema de salud pública más grande del mundo.

En esta primera edición, el Enamed analizó 350 programas de medicina —tanto públicos como privados— mediante un examen rendido por cerca de 90.000 estudiantes.

Las universidades fueron reprobadas cuando menos del 40% de sus alumnos demostró dominar los conocimientos básicos para ejercer la profesión. Uno de los datos más preocupantes fue que 13.000 estudiantes que cursaban su último semestre no aprobaron la evaluación, lo que implica que podrían comenzar a atender pacientes en el corto plazo. El Consejo Federal de Medicina ya busca mecanismos para evitar ese escenario.

PEORES CALIFICACIONES

Las peores calificaciones se concentraron principalmente en instituciones municipales, administradas por los ayuntamientos, y en universidades privadas con fines de lucro. Aunque los estudiantes no enfrentarán sanciones directas, las casas de estudio sí tendrán consecuencias: no podrán aumentar sus cupos y, dependiendo de su desempeño, podrían verse obligadas a reducirlos.

Tras el fin de la dictadura, en 1988, Brasil puso en marcha el Sistema Único de Salud (SUS), considerado la mayor red de salud pública del planeta. A pesar de sus falencias, el sistema permite que la atención médica básica llegue incluso a las zonas más remotas, a través de pequeños centros de salud o profesionales que se trasladan por tierra, mar o aire. “Ningún otro país con más de 100 millones de habitantes osó ofrecer acceso universal a la salud”, recuerda en Folha de S.Paulo Drauzio Varella, uno de los médicos más influyentes del país. El desafío de abastecer de médicos a una red de esa magnitud sigue siendo enorme, especialmente en los destinos menos atractivos.

PROFESIONALES

Durante años, la escasez de profesionales fue tan crítica que se generó una suerte de competencia entre municipios, donde las comunas más aisladas intentaban atraer médicos ofreciendo mejores sueldos.

Las discusiones sobre la salud en Brasil suelen verse atravesadas por intereses corporativos y disputas políticas. En un país marcado por la desigualdad, el sistema público convive con un robusto sector privado. Durante la pandemia, algunos colegios profesionales respaldaron posiciones negacionistas del entonces presidente Jair Bolsonaro. Antes de eso, el programa Mais Médicos, que incorporó profesionales cubanos, ya había provocado fuertes controversias.

Incluso en los pueblos más apartados suele existir al menos un puesto de salud con personal de enfermería. Sin embargo, conseguir médicos de atención primaria y, especialmente, especialistas sigue siendo una tarea compleja.

Con ese objetivo, en 2013 la entonces presidenta Dilma Rousseff impulsó el programa Mais Médicos, que permitió la llegada de miles de profesionales cubanos dispuestos a trabajar en regiones desatendidas por los médicos brasileños, concentrados mayoritariamente en las zonas más ricas. La iniciativa fue cancelada durante el gobierno de Bolsonaro, quien cuestionaba que el Estado cubano se quedara con parte de los salarios.

Cuando Luiz Inácio Lula da Silva volvió a la presidencia en 2023, relanzó y amplió el programa, esta vez priorizando la incorporación de médicos brasileños. En tres años, el número de profesionales desplegados se duplicó y superó los 27.000.

RESULTADOS

Los resultados del Enamed llevaron a colegios médicos y organizaciones del sector a alertar sobre lo que consideran “un escenario alarmante”. Un médico que carece de la formación mínima indispensable “solicita pruebas incorrectas, hace recetas inadecuadas y, a menudo, recomienda procedimientos [médicos] innecesarios”. “Además de malgastar dinero, perjudica al paciente y aumenta el riesgo de demandas [judiciales] contra los hospitales”, declaró a Folha Francisco Balestrin, presidente de Sindhosp, el sindicato de hospitales, clínicas y laboratorios privados de São Paulo.

Frente a las críticas, el ministro de Educación, Camilo Santana, defendió la implementación del examen pese a los resultados negativos. “No se trata de perjudicar a nadie, y menos a los estudiantes, sino de garantizar que las universidades reflexionen sobre la calidad de sus laboratorios y de sus profesionales, para que tengamos buenos profesionales formados en el país”, afirmó el secretario de Estado, militante del Partido de los Trabajadores. “Para que ustedes se hagan una idea, entre 2016 y 2022, prácticamente se duplicó el número de plazas en cursos privados de medicina en Brasil”, agregó.

Las universidades públicas federales, reconocidas por su nivel académico, obtuvieron las mejores evaluaciones, algo que no sorprendió. Sin embargo, el análisis también reveló que el alto costo de la matrícula no siempre garantiza calidad. Según un estudio de la revista Veja, las facultades con calificaciones de 1 o 2 —en una escala de 1 a 5— cobran mensualidades de entre 1.100 y 2.600 dólares, una cifra inalcanzable para la mayoría de la población en un país donde el salario mínimo ronda los 313 dólares mensuales.

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