Los aranceles impulsados por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, no se fundamentaron en criterios tradicionales como la reciprocidad ni en la existencia de barreras comerciales impuestas por otros países. En cambio, su estrategia se basó en una fórmula simple que tenía como eje el déficit bilateral de bienes. Este enfoque, diseñado para inclinar la balanza a favor de Washington, terminó afectando las relaciones comerciales con más de 180 países. Pero ¿en qué consiste esta fórmula y por qué ha sido tan criticada?
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En un acto que denominó el “día de la liberación de EE.UU.”, Trump apareció con una gran tabla en la mano. En ella, presentó un gráfico que mostraba los aranceles “recíprocos” que se aplicarían a 185 países. Tanto el público como la prensa creyeron que se trataba de una combinación entre tarifas ya existentes y otras medidas comerciales restrictivas. Sin embargo, unas horas más tarde, la Casa Blanca publicó un documento explicando la verdadera metodología, que aunque fue calificada por algunos como “sofisticada”, era en realidad un cálculo bastante básico.
LA FÓRMULA DETRÁS DE LOS ARANCELES
Según la explicación oficial, muchos países mantenían aranceles considerados “injustos” contra Estados Unidos. Pero los porcentajes presentados por Trump no correspondían a las tarifas reales vigentes. En vez de sustentarse en la reciprocidad o en la existencia de barreras regulatorias, los aranceles propuestos se basaban exclusivamente en el déficit comercial de bienes que EE.UU. tenía con cada nación.
La fórmula utilizada por la Casa Blanca fue la siguiente. Se toma el déficit bilateral de bienes con un país determinado, se divide por el total de importaciones desde ese país, se multiplica por 100 para obtener un porcentaje y luego ese resultado se divide por dos. Finalmente, se redondea al número entero más cercano.
¿CÓMO SE APLICÓ ESTA FÓRMULA?
Uno de los casos más comentados fue el de China. El déficit comercial de bienes de EE.UU. con el país asiático era de aproximadamente 295.000 millones de dólares, frente a importaciones por un valor total de 440.000 millones. Al dividir el déficit por las importaciones se obtiene 0,67, que al multiplicarse por 100 da un 67%. Ese número, dividido por dos y redondeado, genera un arancel del 34%, exactamente el impuesto a los productos chinos.
Una lógica similar se aplicó con la Unión Europea, donde el déficit arrojó una tasa del 20%. Sin embargo, esta consistencia matemática no se tradujo en una lógica económica clara, según numerosos analistas.
CRÍTICAS A LA FALTA DE RECIPROCIDAD
A pesar de ser presentados como “aranceles recíprocos”, el cálculo no reflejaba ninguna reciprocidad real. Para muchos expertos, la fórmula diseñada por los asesores económicos de Trump no respondía a una lógica de “ojo por ojo”, como había sugerido en sus primeros discursos, sino a un intento de reforzar el control comercial de EE. UU. sobre otras economías.
Se esperaba que si un país imponía, por ejemplo, un arancel del 5%, EE. UU. respondiera con un 5% similar. Pero eso no ocurrió.
APLICACIÓN DESIGUAL
El caso del Reino Unido expuso una contradicción notable: a pesar de no tener un déficit comercial con Estados Unidos, también se le impuso un arancel del 10%. La medida alcanzó incluso a más de 15 países latinoamericanos, muchos de los cuales mantienen superávits comerciales a favor de Estados Unidos. Aun así, fueron incluidos en el esquema tarifario, sumergiéndolos en un escenario complejo que afecta tanto a exportadores como a importadores a nivel global.
¿Qué esconde la disparatada fórmula de los aranceles de Trump?
La ecuación es insólita. Ignora sus propios criterios y en realidad es simple: va contra el déficit comercial (en % a lo bruto).
La explicamos en cuatro gráficos👇 pic.twitter.com/fYTzcZbl1r
— Kiko Llaneras (@kikollan) April 4, 2025