La disputa entre el senador Bernie Moreno y su exyerno dejó de ser un conflicto familiar para convertirse en un problema político para el Partido Republicano. Las acusaciones de presunta violencia doméstica contra el representante Max Miller aumentan la presión para que abandone su candidatura, mientras se acerca el plazo para sustituirlo en la papeleta electoral.
El Partido Republicano enfrenta una nueva crisis interna cuando faltan pocos meses para las elecciones de medio término en Estados Unidos. En el centro de la controversia se encuentra Max Miller, representante por Ohio y antiguo asesor de Donald Trump, acusado por su exesposa, Emily Moreno, de episodios de violencia durante su matrimonio.
Las denuncias adquirieron una dimensión mayor después de que el senador republicano Bernie Moreno, padre de Emily y uno de los políticos que inicialmente respaldó la carrera de Miller, decidiera romper públicamente su silencio.
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Moreno sostuvo que su exyerno no reúne los estándares mínimos necesarios para ejercer un cargo público y afirmó que debería buscar ayuda profesional por lo que describió como un “patrón de abuso”.
La intervención del senador abrió una fractura dentro del oficialismo y puso en riesgo un distrito que los republicanos consideran relevante para conservar su mayoría en la Cámara de Representantes.
BERNIE MORENO ROMPE DOS AÑOS DE SILENCIO
El senador por Ohio, nacido en Colombia y nacionalizado estadounidense, explicó que durante aproximadamente dos años evitó referirse públicamente a las disputas familiares y judiciales relacionadas con el divorcio y la custodia de su nieta.
Según Moreno, ese silencio respondió al propósito de proteger a su hija y a la menor. Sin embargo, aseguró que la preocupación por la seguridad de ambas lo llevó finalmente a intervenir.
“Max Miller necesita ayuda psicológica seria”, escribió el senador en la red social X. También afirmó que siente temor durante los periodos en que el legislador permanece al cuidado de su nieta.
Posteriormente, en declaraciones entregadas a periodistas el 4 de agosto, Moreno describió la experiencia vivida por su familia como “el séptimo anillo del infierno”.
Las afirmaciones se producen en medio de un proceso judicial por la custodia de la hija que Miller tuvo con Emily Moreno. De acuerdo con antecedentes incluidos en el expediente de divorcio, la mujer denunció diferentes episodios de presunta violencia durante la relación.
Entre ellos se encuentran un incidente con agua caliente, amenazas con un arma y una discusión durante la cual, según la denuncia, la hija de ambos habría resultado lesionada. Estas acusaciones no han sido acreditadas mediante una sentencia y son rechazadas por Miller.
MILLER NIEGA LAS ACUSACIONES Y MANTIENE SU CANDIDATURA
El representante republicano respondió mediante un video publicado en X. Allí sostuvo que las denuncias forman parte de un patrón de acusaciones graves difundidas, según él, sin pruebas suficientes.
Miller afirmó que el episodio relacionado con el agua caliente correspondió a una “broma” con la manguera del lavaplatos. También cuestionó la salud mental de su exesposa, argumento que ha sido rechazado por la familia Moreno.
Pese al aumento de las presiones, el legislador aseguró que no abandonará la competencia electoral.
“Nunca dejaré que mi hija vea a su padre marcharse como alguien que renuncia”, afirmó. Miller agregó que continuará en campaña hasta conseguir desmentir los señalamientos.
El representante también solicitó que el Comité de Ética de la Cámara revise su conducta. Con esa decisión busca entregar antecedentes y obtener una resolución que, según espera, permita limpiar su nombre.
La investigación no se limitaría a las acusaciones formuladas durante el proceso de divorcio. El comité también revisará posibles situaciones relacionadas con abuso y consumo ilegal de drogas, de acuerdo con la información difundida por esa instancia parlamentaria.
UN HISTORIAL DE ACUSACIONES VUELVE AL DEBATE
Las denuncias de Emily Moreno no son los primeros cuestionamientos que enfrenta Miller.
Un reportaje publicado por Politico en 2021 recogió una acusación correspondiente a su adolescencia, cuando habría agredido a una estudiante que rechazó una propuesta sentimental. También se conocieron antecedentes de problemas con la Policía, alteración del orden público y consumo de alcohol siendo menor de edad.
Años después, Stephanie Grisham, exsecretaria de Prensa de la Casa Blanca y expareja de Miller, relató haber sufrido una agresión durante una relación sentimental. Inicialmente no identificó al supuesto responsable, pero posteriormente se conoció que hacía referencia al ahora representante.
Miller negó esa acusación y presentó una demanda por difamación. El conflicto terminó mediante un acuerdo extrajudicial, aunque Grisham volvió recientemente a los tribunales para sostener que el legislador habría incumplido sus términos al desacreditarla públicamente.
Varias de estas controversias ya eran conocidas cuando Miller fue elegido para la Cámara de Representantes en 2022. En esa campaña contó con el respaldo de sectores vinculados al movimiento trumpista y de organizaciones conservadoras como Turning Point.
TRUMP MANTIENE DISTANCIA ANTE LA CONTROVERSIA
Donald Trump todavía no ha retirado su respaldo político a Miller, quien trabajó como asesor durante su primer mandato presidencial y posteriormente apoyó sus denuncias de supuesto fraude en las elecciones de 2020.
Consultado sobre el caso a bordo del Air Force One, Trump señaló que hasta ahora se trataba de acusaciones y que revisaría los antecedentes. También calificó la situación como triste y sostuvo que correspondía a un problema que las familias debían resolver.
Sin embargo, Miller reconoció en una entrevista con CNN que el presidente lo llamó para advertirle sobre la dificultad de continuar adelante con la candidatura.
“No sé si vas a poder salir adelante con esta”, habría comentado Trump durante la conversación, según la versión entregada por el legislador.
La reacción refleja la compleja posición del mandatario: respaldar a un antiguo colaborador o tomar distancia de un candidato que puede convertirse en un costo electoral para el partido.
EL CALENDARIO ELECTORAL AUMENTA LA PRESIÓN
El caso tiene consecuencias que superan el enfrentamiento entre Miller y la familia Moreno. El representante busca la reelección por el séptimo distrito de Ohio, donde enfrentaría al demócrata Brian Poindexter.
Aunque el distrito ha sido considerado favorable para los republicanos, la permanencia de Max Miller podría abrir una oportunidad para la oposición y dificultar la estrategia conservadora destinada a mantener el control de la Cámara Baja.
El plazo para que el partido designe a un reemplazante vence el 10 de agosto. Después de esa fecha, una eventual salida del representante dejaría a los republicanos sin posibilidad de inscribir a otro candidato para disputar el escaño.
Algunas figuras conservadoras comenzaron a manifestarse. La senadora por Virginia Occidental Shelley Moore Capito declaró que apoyaría una renuncia si Bernie Moreno considera que esa es la decisión adecuada.
Lisa Murkowski, senadora republicana por Alaska, calificó las acusaciones como “muy graves” y recalcó que los funcionarios electos deben responder a altos estándares de conducta.
OTRO CASO GOLPEA AL PARTIDO REPUBLICANO
La controversia se produce cuando el Partido Republicano todavía enfrenta las consecuencias de otra investigación ética en la Cámara de Representantes.
Chuck Edwards retiró su candidatura a la reelección por el 11.º distrito de Carolina del Norte después de ser investigado por una conducta considerada inapropiada hacia dos trabajadoras de su equipo.
El Comité de Ética concluyó que determinados comportamientos y regalos entregados por Edwards podían ser interpretados como acercamientos de carácter romántico o sexual.
La sucesión de ambos casos aumenta la presión sobre la dirigencia republicana y alimenta el debate sobre los criterios aplicados para seleccionar y respaldar candidatos.
Por ahora, Max Miller insiste en permanecer en la competencia y sostiene que podrá demostrar su inocencia. Bernie Moreno, en cambio, afirma que el legislador representa un peligro para su familia y que no debería continuar ocupando un cargo público.
Mientras el Comité de Ética revisa los antecedentes, el Partido Republicano enfrenta una decisión urgente. El 10 de agosto no solo vence un plazo electoral: también termina el margen para evitar que una disputa familiar, atravesada por graves denuncias de violencia, termine comprometiendo uno de sus escaños en la Cámara de Representantes.
@RepMaxMiller Give it a rest. It’s time for you to walk away from politics. You have no credibility. Women see it. Voters see it. Americans see it. pic.twitter.com/XleorO9ybE
— Barb Thaine (@barrebelle75) August 5, 2026






