Donald Trump anunció una tregua energética entre Rusia y Ucrania, pero el Kremlin no confirmó el acuerdo y los bombardeos rusos continuaron. El episodio revela una contradicción para Washington: necesita presionar a Ucrania y Moscú para detener la guerra, mientras negocia con Vladimir Putin un suministro de combustible que permita aliviar los precios internos antes de las elecciones legislativas estadounidenses.
El domingo, Trump aseguró que ambos países habían aceptado suspender inmediatamente los ataques contra sus respectivas instalaciones energéticas. Sin embargo, este lunes, el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, evitó confirmar el acuerdo. «Continúan los contactos, en cuanto tengamos algo que decir al respecto les informaremos sin falta», declaró.
La respuesta rusa contrastó con la seguridad del anuncio estadounidense. Mientras Washington proclamaba una tregua, Moscú mantenía abiertas las negociaciones sin asumir públicamente el compromiso anunciado por Trump.
Putin mantiene sus condiciones
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, recibió con sorpresa el anuncio estadounidense y manifestó su disposición a respetarlo si Rusia hacía lo mismo. Sin embargo, denunció nuevos ataques contra una central eléctrica en Járkov y otras instalaciones energéticas.
«Está claro que Putin no lee las redes sociales de Trump», ironizó Zelenski, en referencia al anuncio del mandatario estadounidense en Truth Social.
Moscú también rechazó la propuesta ucraniana de establecer un alto el fuego de 60 días que permitiera celebrar elecciones. Peskov reiteró que Rusia busca una paz duradera, mientras el canciller Serguéi Lavrov descartó conceder una pausa que, según argumentó, permitiría a Ucrania rearmarse.
La posición rusa deja una cuestión sin resolver: Trump puede anunciar una tregua, pero no ha conseguido demostrar que Putin esté dispuesto a cumplirla.
El petróleo y las elecciones estadounidenses
Detrás de la controversia diplomática aparece una urgencia económica. Estados Unidos enfrenta un fuerte encarecimiento de los combustibles, agravado por la guerra contra Irán y las dificultades para el transporte marítimo de petróleo a través del estrecho de Ormuz.
Trump ha responsabilizado parcialmente a Ucrania por sus ataques contra refinerías rusas, que también afectan el abastecimiento internacional. Según Axios, presionó a Zelenski para detener esas operaciones, argumentando sus consecuencias sobre los consumidores estadounidenses.
Paralelamente, Washington alcanzó un acuerdo con Moscú para facilitar el suministro de diésel ruso. La decisión introduce una contradicción en la política estadounidense: mientras busca restringir los recursos económicos que sostienen la ofensiva rusa, abre una vía comercial que puede beneficiar a Moscú.
El acuerdo tampoco garantiza una solución al problema energético. Analistas citados por medios internacionales advierten que los volúmenes comprometidos serían insuficientes para modificar significativamente los precios mundiales.
El calendario añade presión. El próximo 3 de noviembre, Estados Unidos celebrará elecciones legislativas de mitad de mandato. El costo de los combustibles constituye un problema político inmediato para Trump y su partido.
Europa y los límites de Washington
La Unión Europea mantiene una posición favorable al endurecimiento de las sanciones contra Rusia y exige que cualquier tregua tenga cumplimiento efectivo. Los gobiernos europeos consideran que una negociación sin garantías podría permitir a Moscú mantener sus operaciones militares mientras obtiene concesiones económicas.
Washington conserva una considerable capacidad para imponer sanciones financieras y comerciales. Sin embargo, su eficacia aumenta cuando Estados Unidos coordina las medidas con Europa, especialmente para restringir los mercados, las operaciones financieras y los mecanismos utilizados para eludirlas.
Esta interdependencia no constituye, por sí sola, una pérdida de poder. Pero adquiere otra dimensión cuando Estados Unidos necesita simultáneamente la cooperación europea para presionar a Rusia y la colaboración rusa para aliviar sus dificultades energéticas. El resultado es una negociación en la que los intereses económicos internos condicionan las decisiones diplomáticas de Washington.
El costo de ejercer el poder
La controversia también permite distinguir entre el poder estructural de Estados Unidos y la capacidad de su presidente para convertirlo en resultados concretos. Trump dispone de instrumentos militares, financieros y diplomáticos que ningún otro país reúne en igual magnitud. Sin embargo, esos recursos no garantizan que pueda imponer unilateralmente sus condiciones a Moscú.
Putin, por su parte, no enfrenta el calendario electoral estadounidense y mantiene sus exigencias sobre Ucrania. Esa diferencia de urgencias puede favorecer su posición negociadora, aunque no significa que Rusia haya adquirido una superioridad estratégica sobre Estados Unidos.
La guerra contra Irán añade otro elemento. Sus consecuencias sobre el mercado energético han creado dificultades que ahora Washington intenta mitigar mediante negociaciones con Rusia, pese a las sanciones impuestas por la invasión de Ucrania. El problema ya no es cuánto poder tiene Estados Unidos, sino cuánto de ese poder puede ejercer sin perjudicarse a sí mismo.





