El Gobierno del Reino Unido está analizando impulsar una ley que permita sacar al expríncipe Andrés Mountbatten-Windsor de la línea de sucesión al trono británico, en medio de una profunda crisis institucional tras su reciente arresto e investigaciones por presunta mala conducta en un cargo público.
Un príncipe en caída: de la Corona al borde de la exclusión
Andrés Mountbatten-Windsor —hermano del rey Carlos III y octavo en la línea de sucesión— se ha convertido en el foco de una tormenta política sin precedentes. Aunque en octubre de 2025 renunció al uso de sus títulos reales tras su vinculación con el caso del pederasta convicto Jeffrey Epstein, sigue legalmente en la lista de herederos al trono.
Su arresto el pasado 19 de febrero por sospecha de mala conducta en el ejercicio de un cargo público intensificó la presión política y pública para que sea sacado por completo del orden sucesorio, algo que según la legislación actual solo puede lograrse mediante la aprobación de una ley específica del Parlamento británico.
Gobierno y Palacio coordinan la ofensiva legislativa
Fuentes oficiales indican que el Ejecutivo laborista presidido por Keir Starmer está trabajando con el Palacio de Buckingham para redactar una iniciativa legal que excluya definitivamente al exduque de York de la línea de sucesión. Este paso constituiría, según críticos y partidarios de la reforma, un intento de limpiar la reputación de la monarquía y evitar que Andrés pueda teóricamente llegar al trono.
El secretario de Estado para Defensa, Luke Pollard, aseguró que la medida sería considerada una vez que concluya la investigación policial en curso, independientemente de su resultado. Pollard enfatizó que la acción tendría un apoyo amplio en el espectro político, destacando que se trata de “garantizar la integridad institucional” del sistema monárquico británico.
Proceso complejo y repercusiones constitucionales
Eliminar a un miembro de la línea sucesoria no es un trámite menor. La legislación existente no contempla una vía automática para hacerlo, por lo que cualquier modificación requiere un acto parlamentario aprobado por la Cámara de los Comunes y la Cámara de los Lores, y posteriormente recibir el asentimiento real. Además, al tratarse de una monarquía compartida con otros 14 países de la Commonwealth, se estima que la aprobación de esos estados también será necesaria para que el cambio sea completamente efectivo.
Este escenario vuelve a poner sobre la mesa una de las crisis más profundas en la historia reciente de la Corona británica. No solo se trata del impacto reputacional de Andrés, sino de un posible cambio constitucional que ningún rey moderno había enfrentado desde la abdicación de Eduardo VIII en 1936.
Escándalos y caída de un expríncipe
La figura de Andrés ha estado envuelta en polémica durante años, principalmente por sus relaciones con Jeffrey Epstein y los escándalos derivados. Aunque renunció a sus títulos y dejó sus funciones oficiales, la monarquía siempre consideró su permanencia en el orden sucesorio como un punto débil.
Con una investigación activa, arrestos y un posible proyecto de ley en marcha, el caso de Andrés se convirtió en un debate público y político sin precedentes en el Reino Unido.







