Internacional

Se reúne por primera vez «Junta de Paz» de Trump

Editado de agencias y medios internacionales por Cristian Navarro H.

Periodista

Junta de Paz
Foto: Publicado en X por @CalltoActivism
Ante una veintena de delegaciones, Trump prometió transformar Gaza en un enclave “próspero y seguro”

La primera reunión de la llamada “Junta de Paz” impulsada por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, dejó más interrogantes que certezas. Aunque el objetivo declarado es liderar la reconstrucción de Gaza tras la guerra entre Israel y Hamás, el debut del organismo en Washington evidenció brechas financieras, tensiones diplomáticas y dudas sobre su relación con Naciones Unidas.

Ante una veintena de delegaciones, Trump prometió transformar Gaza en un enclave “próspero y seguro”, e incluso insinuó que el nuevo foro podría intervenir en otros conflictos internacionales. La apuesta, sin embargo, arranca con recursos aún lejanos a las necesidades reales del territorio devastado.

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UN FONDO MILLONARIO… PERO INSUFICIENTE

Según la Casa Blanca, países como Kazajistán, Azerbaiyán, Emiratos Árabes Unidos, Marruecos, Baréin, Qatar, Arabia Saudita, Uzbekistán y Kuwait comprometieron 7.000 millones de dólares para la reconstrucción. La cifra representa apenas el 10% de los cerca de 70.000 millones que estiman Naciones Unidas, la Unión Europea y el Banco Mundial para levantar Gaza de los escombros.

Trump adelantó además que su administración aportaría 10.000 millones de dólares adicionales, aunque sin detallar el origen de los fondos ni si requerirá aprobación del Congreso. A ello se sumarían 75 millones recaudados por la FIFA para proyectos deportivos y 2.000 millones en ayuda humanitaria canalizados por la ONU.

El plan proyecta una reconstrucción en tres años, en línea con la visión que presentó en Davos su yerno Jared Kushner. No obstante, la propia ONU estima que solo el desminado y la remoción de escombros podrían tardar ese mismo período.

GAZA SIN PALESTINOS EN LA MESA

Un elemento llamativo fue la ausencia de representantes palestinos en la reunión inaugural. Sí participaron varios países de Medio Oriente, incluidos Qatar y Turquía, cuya cercanía con Hamás genera recelo en Israel.

Tampoco se sumaron formalmente potencias europeas como Alemania, Italia o el Reino Unido, que asistieron solo como observadores. Noruega, mencionada por Trump como futura sede de una reunión, negó intención de integrarse al mecanismo.

El mandatario defendió que la Junta no busca reemplazar al Consejo de Seguridad de la ONU, aunque deslizó que podría “supervisar” el funcionamiento del organismo multilateral. “Algún día yo no estaré aquí, Naciones Unidas sí”, afirmó, en un intento por disipar sospechas sobre un multilateralismo paralelo bajo liderazgo estadounidense.

TROPAS PARA RAFAH Y PRESIÓN SOBRE HAMÁS

En una fase posterior, la iniciativa contempla una Fuerza Internacional de Estabilización. Indonesia, Marruecos, Kazajistán, Kosovo y Albania ya comprometieron 8.000 efectivos, cuyo despliegue comenzaría en el paso de Rafah.

Sin embargo, el avance del plan depende de dos condiciones críticas: el desarme de Hamás y la retirada de las tropas israelíes. El primer ministro Benjamin Netanyahu ha insistido en que la desmovilización del grupo palestino se concretará “pacíficamente o por la fuerza”, mientras desde Gaza el portavoz Hazem Qassem desafió al nuevo organismo a garantizar que Israel respete el alto el fuego vigente desde octubre.

El secretario de Estado Marco Rubio fue tajante: “No hay un plan B para Gaza. El plan B es volver a la guerra”.

FRICCIONES EN BRUSELAS

La asistencia de la comisaria europea Dubravka Suica generó críticas dentro de la UE. El ministro francés Jean-Noël Barrot cuestionó que la Comisión enviara representación sin mandato del Consejo Europeo, y el exjefe de la diplomacia europea Josep Borrell responsabilizó directamente a Ursula von der Leyen por la decisión.

El episodio refleja las divisiones en el bloque respecto al liderazgo estadounidense en la crisis y el temor a que la “Junta de Paz” altere los equilibrios tradicionales del sistema multilateral.

En su estreno, la iniciativa de Trump combina promesas financieras ambiciosas con una arquitectura institucional aún difusa. Entre el escepticismo europeo, la ausencia palestina y la incertidumbre sobre el terreno, la “Junta de Paz” inicia su camino como un experimento diplomático cuyo alcance real todavía está por definirse.

 

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