Las repercusiones de la guerra en Medio Oriente continúan generando inquietud en los mercados internacionales y ya comienzan a observarse posibles efectos para economías como la chilena. Este lunes, las bolsas mundiales registraron fuertes caídas y el precio del petróleo experimentó un fuerte salto, alimentando la preocupación por un eventual impacto en la inflación y en los costos de energía que enfrentan países importadores de combustibles como Chile.
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El conflicto, que ya entra en su segunda semana sin señales de tregua, provocó una reacción inmediata en los mercados financieros. En Asia, las pérdidas se profundizaron tras las caídas registradas durante los días previos.
La Bolsa de Seúl cerró la jornada con una baja de 5,96%, mientras que la de Tokio retrocedió un 5,2%.
ECONOMÍA CHILENA
En el caso de Chile, el alza del petróleo genera especial preocupación debido a que el país depende casi totalmente de la importación de combustibles para abastecer su demanda interna. Por ello, un aumento sostenido en el precio del crudo suele trasladarse rápidamente a los costos de transporte, producción y logística, lo que puede terminar impactando en distintos sectores de la economía.
Uno de los efectos más visibles podría reflejarse en el precio de los combustibles. Si el petróleo se mantiene en niveles sobre los US$100 por barril durante un periodo prolongado, las bencinas y el diésel podrían experimentar nuevas alzas en las próximas semanas, pese a los mecanismos de estabilización de precios que operan en el país.
El encarecimiento de la energía también tiene efectos en la inflación. Cuando suben los combustibles, aumentan los costos de transporte de mercancías, alimentos y servicios, lo que eventualmente puede presionar el índice de precios al consumidor. En ese escenario, los especialistas advierten que un conflicto prolongado en Medio Oriente podría generar nuevas presiones inflacionarias para la economía chilena.
Otro factor relevante es el impacto en sectores productivos clave, como la minería, la agricultura y el transporte, que dependen fuertemente del uso de combustibles. Un aumento en los costos energéticos puede reducir márgenes de operación y encarecer procesos productivos, afectando la competitividad de algunas industrias.
A esto se suma la incertidumbre que estos conflictos generan en los mercados financieros globales. En contextos de alta volatilidad internacional, economías abiertas como la chilena —muy vinculadas al comercio exterior— suelen verse más expuestas a cambios en el valor del dólar, en los precios de materias primas y en los flujos de inversión.
PRINCIPALES MERCADOS EUROPEOS
En Europa, los principales mercados también iniciaron la jornada con retrocesos importantes. En los primeros intercambios, París caía un 2,59%, Fráncfort un 2,47%, Londres un 1,57%, Madrid un 2,87% y Milán un 2,71%. A estas bajas se sumaron las registradas en plazas financieras de Hong Kong, Shanghái, Taipéi, Sídney, Singapur, Manila y Wellington.
La incertidumbre también se trasladó a Estados Unidos. Los futuros de los tres principales índices de Wall Street ya habían retrocedido más de 2% la semana pasada, mientras que el dólar estadounidense volvió a fortalecerse ante su tradicional rol de activo refugio frente a escenarios de crisis.
Sin embargo, el mayor impacto se ha visto en el mercado energético. El barril de crudo West Texas Intermediate (WTI), principal referencia en el mercado estadounidense, subía un 15,51% hasta los US$104,96. Momentos antes, incluso había llegado a escalar cerca de un 30%, alcanzando los US$119,48 por barril.
Por su parte, el Brent del mar del Norte —referencia para Europa y gran parte del comercio internacional— avanzaba un 17,42%, situándose en US$108,82 el barril, tras haber superado también la barrera de los US$119.
RESERVAS
La Agencia Internacional de la Energía exige a sus miembros mantener reservas equivalentes a 90 días de importaciones, precisamente para enfrentar escenarios de crisis energética como el actual.
Además, el tráfico por el estrecho de Ormuz —ruta por donde transita cerca de una quinta parte del petróleo y gas que se consume en el mundo— permanece suspendido desde el inicio del conflicto, el 28 de febrero, lo que ha aumentado la preocupación por la estabilidad del suministro global.







