Con septiembre a la vuelta de la esquina, el aguinaldo de Fiestas Patrias vuelve a instalarse como uno de los temas más comentados en las empresas y hogares chilenos. Si bien no es obligatorio, este beneficio sigue marcando la diferencia en la relación entre trabajadores y empleadores, transformándose en un símbolo de cercanía, reconocimiento y pertenencia.
UN BENEFICIO QUE TRASCIENDE AL MONTO
Diversos estudios muestran que, aunque los montos fluctúan entre los $20.000 y más de $150.000 según la empresa y el sector, lo que realmente valoran los trabajadores es el gesto mismo. Rodrigo Gorostiza, de Trabajando.com, lo resume así: “Más que el dinero, pesa la señal de reconocimiento. Puede ser una gift card, una canasta, días libres o una celebración interna; lo importante es que refuerza el vínculo con la organización”.
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EXPECTATIVAS Y REALIDADES
Encuestas recientes confirman que cuatro de cada diez trabajadores no recibirán aguinaldo este año, mientras que quienes sí lo obtienen suelen destinarlo a cubrir gastos de las celebraciones, pagar deudas o ahorrar. Pese a su disparidad, el beneficio mantiene alta valoración porque alivia la presión económica de septiembre y, al mismo tiempo, entrega un impulso emocional en una fecha clave para la identidad nacional.
LA FORMA IMPORTA TANTO COMO LA CIFRA
El sondeo de Pluxee revela que el 92% de los encuestados quiere libertad para decidir dónde gastar su aguinaldo, privilegiando el efectivo y las gift cards. Para Christopher Carvajal, de Pluxee Chile, la clave está en la flexibilidad: “El aguinaldo es mucho más que un monto; es la oportunidad de generar impacto real en el día a día”.
UN GESTO QUE FORTALECE COMUNIDADES LABORALES
En un contexto de inflación y costos crecientes, el aguinaldo no solo se traduce en un apoyo económico. Según Caio Arnaes, de Robert Half, también es un estímulo motivacional que refuerza la cohesión interna de los equipos: “En un momento complejo, este aporte es un esfuerzo relevante para las empresas y un aliciente importante para los trabajadores”.
Así, más que un simple extra en la billetera, el aguinaldo dieciochero se consolida como una tradición que equilibra lo material y lo simbólico, reflejando el valor de sentirse considerado en medio de una celebración que une a todo Chile.