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Felipe Berríos renuncia a la congregación religiosa Jesuita

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Felipe Berríos
A través de una carta el sacerdote hizo un detallado análisis de los motivos que influyeron en su decisión.

«Aunque seguiré fiel al evangelio y al sacerdocio, según la mirada de San Ignacio, fiel a mi misión de estar al servicio de la fe y la promoción de la justicia, ante la actitud del gobierno de la Compañía de Jesús, no me queda otra decisión, en conciencia y delante de Dios, que solicitar la salida de la Compañía de Jesús», planteó el sacerdote jesuita Felipe Berríos a través de una carta dirigida al provincial de la congregación, Juan Cristóbal Beytia.

«No tengo rencor ni rabia, solo una profunda tristeza por el comportamiento de algunos hermanos jesuitas», aseveró también.

La orden religiosa lo había expulsado en mayo de 2024, tras concluir que era “culpable de delitos contra el sexto mandamiento -que alude a adulterio y los “actos impuros”- cometidos con menores de edad y de delitos de solicitación a pecar en contra del sexto mandamiento, durante o con ocasión de la confesión”, en contra de ocho víctimas.

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En octubre pasado el Dicasterio para la Doctrina de la Fe (DDF) determinó que “en respuesta a la apelación presentada por el P. Felipe Berríos, S.J., ha declarado no haber llegado a una suficiente certeza moral sobre la comisión de los delitos denunciados”. Además, estableció su reincorporación a la Compañía de Jesús y levantó la prohibición que tenía de realizar misas en público por 10 años y de ejercer abiertamente el ministerio por ese período.

En su carta al provincial el sacerdote describe los hechos de los cuales fue protagonista.

ESCARNIO PÚBLICO

«Hace tres años y nueve meses, como es de público conocimiento, comenzó uno de los momentos más duros de mi vida. Una persecución y un escarnio públicos que no le deseo a nadie. Y esto no podemos olvidarlo, pues antes de que yo conociera de qué se me acusaba y por quiénes, y aún choqueado por lo que muy vagamente me comunicaba el Provincial por teléfono, la Compañía de Jesús, a la que también pertenezco, hizo público un comunicado de prensa indicando con dureza que yo estaba suspendido de mi sacerdocio por acusaciones de índole sexual en mi contra», relató Felipe Berríos.

Agregó que «fue difícil para mí poder decir algo; recién tres días después de esa declaración pública de parte del Provincial, me fueron leídos parcialmente los hechos y relatos que había en mi contra».

“Siendo un sacerdote conocido y con relevancia pública, que dio retiros a más de 15 mil adolescentes de distintos colegios y a miles de jóvenes que enseñaban en Infocap y/o trabajaban en Un Techo Para Chile, esta denuncia generó un gran revuelo mediático, algo que hoy entiendo era lo que se buscaba”, continuó.

«Escarnio público que fue apoyado y amplificado por la hoy cuestionada -por este y otros casos- Fundación para La Confianza y avalado por el gobierno de la Compañía de Jesús. En esos momentos de dolor y de bastante soledad, sin saber mucho de qué se me acusaba, se publicaron entrevistas y declaraciones y se emitieron programas en los medios de comunicación diciendo cosas tremendas sobre mí, las cuales dañaron profundamente mi alma. Se podrán imaginar el estado anímico, psicológico y espiritual en el que me encontraba”, expuso.

DAÑO IRREPARABLE

A su juicio, “hubiese sido noble, justo y misericordioso que la Compañía hubiera especificado los hechos en vez de alimentar el morbo con sus omisiones. Omisiones que aunque hubieran sido involuntarias, me dañaron irreparablemente a mí y a mis cercanos… tanto como el confuso comunicado que emitieron recientemente tras conocer -días antes que yo- la resolución del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, que desacreditó tajantemente las acusaciones en mi contra”.

Recordó que el 22 de octubre de 2025 «el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, después de un riguroso análisis de todo el material tanto de la Investigación Previa como del Proceso Extrajudicial y, contrariamente a todas las conclusiones anteriores de la Instructora, del Delegado y sus dos Asesores, del P. General y sus Consejeros y del Provincial y su Comité, concluyó definitivamente que ‘no resulta la certeza moral sobre la comisión de los delitos imputados”.

“Pero la decisión del Vaticano no dejó conformes a algunos de mis hermanos. El 24 de noviembre de 2025, el P. General, reconociendo su sorpresa ante el fallo del Dicasterio, afirmó que acataba y respetaba ‘las decisiones tomadas en el plano jurídico’ por el Dicasterio de Doctrina de la Fe, pero acto seguido ordenó, una vez más con publicidad, ‘atender a las personas que de alguna manera han sido vulneradas por comportamientos del P Berrios”, lamentó Felipe Berríos.

SENTIMIENTOS ENCONTRADOS

“He reflexionado mucho respecto a las últimas comunicaciones emitidas por la Compañía sobre este caso. Debo confesar que he pasado de la sorpresa a la resignación y del dolor a la molestia, y así un sin fin de sentimientos encontrados. Pero tal vez lo que más me ha llamado la atención es su nula capacidad, justamente, para reflexionar. ¿No cabe en el corazón de quiénes redactan esas comunicaciones la posibilidad de haberse equivocado? ¿No vale la pena al menos pedir disculpas por los cuatro casos que ellos sí aceptan de la resolución del Dicasterio?”, cuestionó el sacerdote.

“Finalmente, esta carta es una respuesta formal al P. Provincial, quien al notificarme del Decreto del Dicasterio – sin manifestar alegría o al menos alivio por el resultado a mi favor- me comunica siete medidas disciplinarias, entre ellas restricciones a mi ministerio sacerdotal. Después de casi cuatro años siendo enjuiciado públicamente y pese a la contundencia de los procesos judiciales penales ordinarios y eclesiásticos, para la Compañía de Jesús como institución, donde juré entrar y morir en ella, soy igualmente responsable de hechos que no cometí”, afirmó.

«A TODOS»

Felipe Berríos manifestó no tener «rencor ni rabia, solo una profunda tristeza por el comportamiento de algunos hermanos jesuitas. Aunque seguiré fiel al evangelio y al sacerdocio, según la mirada de San Ignacio, fiel a mi misión de estar al servicio de la fe y la promoción de la justicia, ante la actitud del gobierno de la Compañía de Jesús, no me queda otra decisión, en conciencia y delante de Dios, que solicitar la salida de la Compañía de Jesús«.

«No puedo aceptar el ultimátum que me dio la Compañía tanto por lo desproporcionado de las medidas que me impone así como porque es evidente que se rompió la hermandad que existía entre nosotros. Les mando un abrazo afectuoso a todos mis hermanos jesuitas, sí, a todos, y reitero lo que dije el día en que conocí la resolución final del Dicasterio: siento profundamente que la verdad me hizo libre”, concluyó.

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