Nacional y economía

Lluvias frenan incendios pero golpean a damnificados en Biobío

Mario López M. Periodista

Imagen creada con herramientas digitales
Las primeras lluvias tras semanas de sequía e incendios en la región del Bío Bío generan alivio para combatir el fuego, pero impactan a quienes lo han perdido todo.

Lluvias frenan incendios pero golpean a damnificados en Biobío. Damnificados que sobreviven en carpas y toldos enfrentan la nueva precipitación con preocupación por el agua que entra en sus refugios frágiles. La situación pone de manifiesto una doble cara del clima en zonas afectadas por megaincendios.

LLUVIA Y FUEGO: DOS CARAS DEL CLIMA

Las lluvias pueden ayudar a apagar focos activos y reducir la propagación de incendios forestales. En la región del Bío Bío, el sistema frontal que ingresó este jueves trajo precipitaciones y tormentas eléctricas. Esa humedad podría contribuir a bajar temperaturas y humedecer combustibles naturales.

El fenómeno ocurre después de semanas de condiciones extremas que favorecieron múltiples incendios en las regiones de Ñuble y Bío Bío. Según registros recientes, más de 75 incendios afectaron el territorio y obligaron a la evacuación de miles de personas. Las altas temperaturas y los vientos alimentaron las llamas durante gran parte de enero.

Sin embargo, las precipitaciones presentan efectos contradictorios para quienes aún reconstruyen sus vidas. El ingreso de agua en carpas, toldos y estructuras improvisadas genera inconvenientes cotidianos. Muchos damnificados sufren filtraciones, barro acumulado y daños adicionales a su refugio temporal.

DAMNIFICADOS EN CARPAS Y REFUGIOS FRÁGILES

Tras el paso de los incendios, varias familias continúan viviendo en carpas, techos de nylon o toldos en zonas como Lirquén y Penco. Fotografías publicadas por vecinos muestran estructuras improvisadas contra el viento y ahora bajo lluvia. Las familias han pedido toldos adicionales para protegerse del agua que se filtra.

El pronóstico de lluvias también despertó preocupación entre personas afectadas, que temen que el agua dañe sus pocas pertenencias. Videos y reportes de prensa recogen llamados de damnificados para conseguir plástico y materiales para reforzar sus refugios. El ingreso de agua obliga a muchos a improvisar cuanto pueden con escombros y cobertores.

En zonas donde aún hay riesgo de incendio, las torrenciales aumentan la complejidad de la emergencia. Las pendientes y suelos quemados tienen menor capacidad de absorber el agua, lo que puede provocar deslizamientos o acumulación de barro. Eso obliga a habitantes y equipos de emergencia a extremar precauciones.

ALIVIO PARA COMBATIR INCENDIOS

Aunque causan dificultades a las personas, las lluvias representan un cambio de las condiciones climáticas que precedieron a los incendios. El sistema frontal que ingresó a la zona trajo tormentas eléctricas y lluvias más continuas. Esa humedad contribuye a disminuir la intensidad de focos activos.

El ingreso de agua en el paisaje reduce la disponibilidad de material seco, que alimenta las llamas. Además, el descenso de temperaturas y la mayor humedad relativa favorecen la tarea de brigadas y bomberos. Esa combinación puede controlar mejor los focos que aún están activos.

La caída de lluvia llega en un contexto en que miles de hectáreas se quemaron en enero, causando daños materiales y evacuaciones masivas. Según datos de organismos de emergencia, al menos 50 mil personas debieron dejar sus hogares y numerosas estructuras resultaron destruidas.

RIESGO DE IMPACTOS SECUNDARIOS

La lluvia en zonas de suelos muy degradados también genera nuevos desafíos. La capacidad de absorción del terreno se reduce después de incendios intensos. Eso puede provocar que el agua fluya de manera superficial y arrastre sedimentos hacia viviendas y carreteras existentes.

El ingreso de agua en carpas y toldos no solo incomoda, también deteriora las condiciones higiénicas. El barro y el agua acumulada complican la logística de ayuda social. Además, las familias afectadas deben limpiar y reparar sus refugios entre cada lluvia.

En algunos sectores, las lluvias también hacen más compleja la distribución de ayuda. Los caminos de tierra y acceso a zonas alejadas pueden volverse intransitables. Esa situación obliga a reiniciar operaciones logísticas para llegar a quienes necesitan asistencia.

CONTEXTO DE UNA EMERGENCIA AMPLIADA

El megaincendio en el Bío Bío forma parte de una temporada de incendios con impactos históricos en el centro-sur de Chile. Desde comienzos de enero, múltiples focos consumieron más de 45,000 hectáreas entre Ñuble y Bío Bío. El Gobierno declaró estado de catástrofe para enfrentar la emergencia.

Las autoridades han movilizado brigadas, bomberos y recursos para mitigar la extensión de las llamas. El ingreso del fenómeno de lluvias cambia las prioridades operativas para apagar focos. Sin embargo, esa misma lluvia genera nuevas tareas para los damnificados.

El ingreso del agua es una señal de que las condiciones extremas pueden cambiar, pero también evidencia la complejidad del fenómeno climático en zonas afectadas. Los incendios extremos se conectan con patrones de sequía, altas temperaturas y cambios en la variabilidad del clima.

REMATE: ENTRE INCENDIOS Y LLUVIAS

Las lluvias pueden ayudar a los equipos a controlar los incendios que devastaron amplias zonas del Bío Bío. Al mismo tiempo, representan un nuevo desafío para miles que aún viven en refugios improvisados. Pareciera que en la gestión de emergencias las soluciones temporales traen, casi de inmediato, nuevos problemas para quienes lo han perdido todo.

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