Opinión

Caso cirugía: cuando el «golpe» vale más que la verdad

Mario López M. Periodista

Mario López M. Periodista
Mario López M. Periodista - Director Está Pasando
La crítica política es legítima, pero usar acusaciones no verificadas para destruir reputaciones cruza una línea ética que el periodismo no puede normalizar.

Caso cirugía: cuando el «golpe» vale más que la verdad. El desmentido de la familia afectada revela la cara más amarga de las noticias falsas: una trinchera mediática que prefirió el impacto de una acusación infundada por sobre la ética y la verdad.»

Criticar a una ministra por su gestión es parte de la democracia.

Cuestionar su liderazgo, su capacidad de conducción o sus decisiones públicas es no solo válido, sino necesario.

La ministra de Salud, Ximena Aguilera, tiene flancos abiertos y una gestión discutible en varios ámbitos. Eso puede y debe decirse.

Pero una cosa es la crítica política

Otra muy distinta es convertir una sospecha no acreditada en un relato de culpabilidad, amplificado sin verificación mínima, donde el impacto importa más que los hechos.

Eso fue lo que ocurrió con el llamado caso cirugía. Se insinuó un privilegio mortal antes de contar con auditorías clínicas.

Sugirieron una relación causal sin respaldo médico.

Se construyó un culpable antes de confirmar la verdad.

El golpe fue inmediato. La verificación, tardía.

Cuando la familia del paciente habló, el relato se derrumbó.

La hija fue clara: no existió vínculo entre la cirugía de otra persona y la muerte de su padre.
Pero para entonces, el daño ya estaba hecho.

Los hechos que desarman la acusación

La versión que contradice la acusación fue entregada por Andrea Canio, hija del paciente fallecido, en declaraciones a MegaNoticias.

Canio explicó que su padre ingresó al Hospital del Salvador con peritonitis grave y riesgo vital, y que la postergación de la cirugía respondió a criterios médicos vinculados a su estado clínico, no a la intervención de otra paciente.

“Mi papá ya estaba muy grave. Estaba en la UCI y siempre estuvo con atención médica”, señaló.
Agregó que no existió relación causal entre la cirugía de la madre de la ministra y el fallecimiento de su padre, descartando el vínculo instalado públicamente.

La declaración fue emitida después de que la acusación ya se había difundido, cuando el daño reputacional y político estaba en pleno desarrollo.

Y ese es el problema de fondo

En tiempos donde gran parte de las audiencias solo consumen titulares, una acusación falsa o exagerada puede destruir una reputación en horas, aunque luego sea desmentida.

Aquí no se trata de blindar a una autoridad. Se trata de defender un estándar ético mínimo. Porque si aceptamos que basta una coincidencia temporal para instalar culpabilidades, nadie queda a salvo.

El periodismo no puede transformarse en una fábrica de sospechosos

Fiscalizar el poder no es lanzar acusaciones al vacío ni usar el dolor ajeno como combustible narrativo.
Eso no es valentía. Es irresponsabilidad.

Si no somos capaces de detener la mentira, venga de donde venga, lo lamentaremos como sociedad.
Hoy es una ministra.

Mañana puede ser un médico, un juez o cualquier ciudadano.

Cuando el golpe vale más que la verdad, no gana el periodismo.
Gana el ruido.
Triunfa la manipulación.
Y pierde la democracia.

 

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