Opinión

Franco Parisi: De bad-boys a pretty babies…

Luis Breull Amador, Periodista

Senior Media Executive (contents, trends, public opinion strategies). Socio Director VGB-Visión, Periodista UC- Cientista político. Experto en regulación mediática.

Luis Breull, periodista
Hoy, Chile vive un momento de transición en donde los viejos partidos se debilitan, varios van en retirada o a refundirse en nuevos colectivos, y el elector busca una salida o una representación fresca. Parisi y el PDG tienen el espacio, la base y el momentum.

De bad-boys a pretty babies… ¿Franco Parisi y el nuevo centro político chileno?

Si hace unos años el rostro del outsider era el del “bad boy” desencantado con la política tradicional, ahora el desafío consiste en convertirse en “pretty baby” del sistema: atractivo, confiable, institucionalizado jugando a la política en serio y de local. Franco Parisi cumple la primera parte (el outsider rebelde, el economista antipolítica, la sorpresa del 19,7 % en la primera vuelta presidencial de 2025). Pero ahora enfrenta la prueba mucho más dura, pasar de ese estatus al de dirigente orgánico que gobierna, articula, convence y acrecienta su credibilidad fuera del campo de los negocios y la economía.

¿Pasaje de ida y vuelta?

Su partido, el Partido de la Gente (PDG) -que en la elección 2021 terminó con todos los militantes electos fuera de su bancada renunciando a la clectividad-, dio ahora una señal que puede no ser flor de un día. Obtuvo 14 escaños en la Cámara de Diputados, que le otorgan presencia real en el Congreso, lo que muda el fenómeno de “candidatura chispa” a “fuerza institucional emergente”. Ese salto es lo que habitualmente separa al proyecto serio del mero movimiento de malestar.

Ahora, la eficacia electoral no presupone eficacia política. Tener votos en la urna es solo el primer escalón. El verdadero obstáculo es convertir esos votos en disciplina parlamentaria, en construcción de programa, en alianzas de gobernabilidad. Aquí el centro político -o los no alineados con los Proyectos de Jeannette jara y José Antonio Kast-, se vuelve un campo de batalla. ¿Será el PDG la alternativa que organice el desencanto ciudadano, que contenga los extremos, o apenas otro canal de protesta con escaños?

Parisi disputa el centro porque no se instaló en los polos tradicionales. Mucho del éxito se explica porque capturó electores que decían: “ni derecha ni izquierda, ni fachos ni comunachos”. Esa estrategia le permitió desafiar a los aparatos tradicionales, a las encuestas de opinión, a los medios, y situarse como el “tercero”. Pero capturar el centro no puede significar desenfocar, ya que requiere definiciones ideológicas, disciplina interna, estructura territorial y músculo parlamentario. El riesgo es claro y puede quedar atrapado como fenómeno coyuntural sin profundidad duradera.

Y va la pregunta que muchos harán hacia 2029: ¿paradigma presidencial viable o paseo electoral memorable? Todo dependerá de si Parisi mantiene el liderazgo del PDG, que éste amplíe bancadas y que sobreviva como actor político aglutinante, no como mero satélite de la derecha o de movimientos mayores. Si lo logra, podría entrar de lleno en la contienda presidencial con credibilidad. Si no, quedará como otro viraje de ánimo de una generación desencantada.

Los desafíos concretos no son menores. Primero, debe construir un programa que vaya más allá del “malestar” y del “antipolítica”. Que diga cómo se gobierna, no solo por qué se protesta. Segundo, que institucionalice la militancia del PDG y profesionalice a sus diputados para que no sean meros portavoces de redes sociales sino actores legislativos con peso. Tercero, el desafó de definir si el PDG será un aliado de la derecha, una alternativa independiente moderada, una bisagra, o generará su propio bloque. La ambigüedad en ese punto podría costar su relevancia. Cuarto, transformarse de outsider con iconografía digital viviendo en Estados Unidos a dirigente con credibilidad de Estado residiendo en Chile: rendición de cuentas, institucionalidad, claridad de rol. Su etiqueta de “populista digital” ya es parte del discurso adversario para evitar su consolidación en el tiempo.

Hoy, Chile vive un momento de transición en donde los viejos partidos se debilitan, varios van en retirada o a refundirse en nuevos colectivos, y el elector busca una salida o una representación fresca. Parisi y el PDG tienen el espacio, la base y el momentum. Pero el instante  crítico es este, para pasar del gesto a la estructura, de la viralidad a la organización, del protagonismo individual al proyecto colectivo. Si lo hacen, podrían reordenar el mapa político chileno y abrir una vía de centro auténtico. Si no, serán solo una marca momentánea.

En suma, transitar de bad-boys digitales a pretty babies reales. Pero sobre todo, pasar de ser expresión de descontento a fuerza de gobierno. El centro invisibilizado no se reconstruye solo con discursos atractivos; se sostiene con instituciones, con alianzas, con disciplina. Parisi lo sabe. El país observa. Y 2029 ya empezó.

 

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