Opinión

José Bengoa: historiador, profeta y defensor del pueblo mapuche

Carlos Antonio Vergara Núñez

Abogado y eriodista

mapuche
Falleció hace dos días el académico que dedicó su vida a estudiar, promover y proteger los derechos de los mapuches, alertando sobre la falta de expresión institucional que impulsa la vía no legal.

José Bengoa, el historiador más influyente sobre el pueblo mapuche, murió hace dos días. Su legado deja en evidencia que la exclusión política y social de esta etnia empuja a la vía no institucional y subraya la urgencia de reconocer y respetar sus derechos.

“La elite y la clase política no han logrado entender la demanda de los mapuche. Si un grupo humano tan grande no tiene expresión institucional, la única vía es la no institucional y la no institucional está muy cerca muy cerca de la no legal y la no legal está muy cerca de la ilegal”, señalaba el académico.

José Bengoa nos ha dejado. Se nos va el más importante historiador del pueblo mapuche, pero más que eso, un promotor de su desarrollo y defensa de sus derechos. Es el más respetado tanto por los chilenos como también por nuestra más populosa etnia originaria. Fue un verdadero profeta, entendida la palabra no en el sentido religioso, sino en su capacidad de anticiparse a los hechos políticos e históricos a través del estudio científico y su capacidad de mirar a futuro.

“Esta es una historia acerca de la intolerancia. Acerca de una sociedad que no soporta la existencia de gente diferente. De un país español, criollo, europeo, cristiano occidental, que se dice civilizado y trata de acabar con los bárbaros, los salvajes, los hombres que deambulan libremente por las pampas y cordilleras del sur del continente. Ellos se defendieron del salvajismo civilizado; hicieron lo que pudieron, vivieron como mejor supieron, pelaron hasta el cansancio, y terminaron por morir y ser vencidos por el progreso. Entró el ejército, lo siguieron el ferrocarril y los colonos que venían ´a hacer la américa´, sin percatarse siquiera de lo que había ocurrido. Esta guerra inicua, que nuestros gloriosos ejércitos republicanos emprendieron en la segunda mitad del siglo pasado, fue guiada por la intolerancia: el derecho de quien se cree civilizado a combatir la barbarie, en nombre de banderas y santos coronados de las mitologías del progreso de la humanidad”.

Izkia Siches, romántica

El párrafo anterior pertenece al prólogo de José Bengoa de su obra Historia del Pueblo Mapuche, siglo XI y XX, ediciones Sur, colección estudios históricos, Santiago de Chile, agosto de 1985. La obra es señera, texto obligado intelectuales chilenos, extranjeros, mapuches. En ella Bengoa incorporó la historia oral y mitológica.

Bengoa participó, colaboró con los gobiernos de la transición política Patricio Alywin y Ricardo Lagos, pero no se acomodó al poder. Pagó por ello: le otorgaron tardíamente el Premio Nacional de Humanidades, un año antes de su muerte, casi como a regañadientes. Se supone que la pensión vitalicia del galardón debe permitir a los intelectuales desarrollar su obra, sus investigaciones sin estar atados a las leyes del sacrosanto mercado editorial y de universidades que lucran con la educación. Ello revela el poder de la oligarquía chilena a través de sus partidos, sus grandes medios, sus universidades, pero también la mezquindad de nuestra casta política, acostumbrada al pragmatismo, al cinismo y la mirada que otorgue beneficios en el corto plazo.

La voz de José Bengoa respecto al pueblo mapuche era molesta, disruptiva, políticamente incorrecta. Se le invitó a participar a la Comisión Asesora presidencial por la paz y el entendimiento que organizó el ex presidente Gabriel Boric, pero declinó la invitación, argumentando que habían organizaciones que debían ser partícipes y no lo estaban, incluso una de ellas cuyo líder lo insultó públicamente.

Rechazó la forma como el gobierno del ex presidente Gabriel Boric enfrentó la problemática mapuche y fue tajante. Motejó la visita de la ex ministra del Interior, Izkia Siches, a Temucuicui, donde fue recibida a balazos, como “una actividad que yo calificaría como romántica, de ‘yo vengo aquí a salvarlos’, como una especie de mesías, una cosa absurda”.

Eliminación física de los mapuches

Bengoa comprendió hace décadas lo que los tratados internacionales reafirmaron después.

“El respeto de los conocimientos, las culturas y las prácticas tradicionales indígenas “contribuye al desarrollo sostenible y equitativo y a la ordenación adecuada del medio ambiente (…). Debe haber una “contribución a la desmilitarización de las tierras y territorios de los pueblos indígenas, a la paz, el progreso y el desarrollo económicos y sociales, la comprensión y las relaciones de amistad entre las naciones y los pueblos del mundo”, tal como lo señala el preámbulo de la declaración de la Organización de Naciones Unidas sobre los pueblos indígenas de 2007.

Fue director en los años 90 de la Comisión Especial de Pueblos Indígenas e integrante del ex presidente Patricio Alywin que logró algunos avances en el plano material en medio del desamparo generalizado después de 17 años de dictadura.

José Bengoa conversó con el autor el año 2011 para la revista Profesionales del Cobre, de propiedad de la Federación de Sindicatos de Supervisores y Profesionales de Codelco. “No existe una solución al problema mapuche” comenzó diciendo en su oficina de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

Desde 1945 los pueblos autóctonos han sido los últimos en aprovechar las evoluciones jurídicas y políticas, en todas partes víctimas del racismo sistémico en el plano individual como en el plano colectivo.

Al respecto indicó que “durante un larguísimo período de la historia de nuestro país se abogó por terminar el problema mapuche eliminándolos físicamente. Después a comienzos del siglo XX, muchos vieron una integración a través de matrimonios y mestizajes, lo cual los haría poco a poco hacer abandonar su identidad, pues irían perdiendo su cultura”.

Integración sin éxito en los 60

El Estado con el propósito de asimilarlos –continuó- “aplicó la política de someterlos a reducciones. También se aplicó como política importante la de las misiones para enseñarles el castellano y la religión, católica o protestante, porque hubo muchos misioneros anglicanos. Con el tiempo se vio que eso no resultaba, porque mantenían su cultura y tenían una capacidad enorme de resistir culturalmente. Después vino un período interesante en el siglo XX, cuando se habló de integración respetuosa. Sobre todo en tiempos del ex presidente Carlos Ibáñez del Campo. En ese momento hubo bastantes expectativas en la sociedad mapuche de integrarse a través de la escuela; muchas comunidades entregaron pedazos de sus tierras para instalar establecimientos públicos. Ahí comenzaron las becas de estudios secundarios y universitarios, se instalaron los hogares estudiantiles. Todo con la idea de integración, la cual a finales de los años 60´se vio que tampoco había tenido éxito, que por el contrario, la población mapuche estaba en condiciones de mayor pobreza o miseria, la peor existente en Chile, sentenció.

Disolución de las comunidades

“En el período de Pinochet se pensó que la disolución de las comunidades sería el factor central para transformarlos en pequeños agricultores y en ese proceso lento se aminorara el carácter mapuche. Se disolvieron todas las comunidades. Muchos teóricos liberales pensaban que esa era la causa del atraso. Creían que la posesión de la propiedad privada traería progreso y que el factor comunitario mantenía la miseria al no poder vender sus tierras. Los resultados fueron peores: se produjo una mayor fuerza identitaria, mayor comunitarismo e incluso una mayor afirmación del carácter mapuche a partir de 1978 cuando se dictó esa ley”, aseguró.

“¿Cómo enfrentar el problema? Es muy difícil. En los países anglosajones se habla de “accomodation”, que sería en español acomodar situaciones, porque las relaciones entre minorías y mayorías, entre etnias y grupos mayoritariamente no étnicos. Ante la pregunta de cuál es la demanda; ésta no se puede establecer en diez puntos. Tiene que ver con el reconocimiento público y privado, dignidad, no discriminación y una cantidad de intangibles que no son resolubles por decreto”, explicó.

Cuando en Chile durante la dictadura de Augusto Pinochet a inicios de los años 80 comenzaron a privatizarse las tierras mapuches surgidas producto de la reforma agraria iniciada por los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende y las grandes empresas forestales tuvieron carta libre para iniciar la depredación ecológica modificando el bosque nativo por pino cuyas hojas impiden la biodiversidad de la tierra, en Canadá se promulgaba en 1982 una nueva constitución política que en su parte II consagra los derechos de sus pueblos autóctonos. A esos países se refería Bengoa cuando habló de “accomodation”.

Canadá: una legislación avanzada 

El artículo 35 de la carta magna canadiense indica en su inciso primero que “los derechos existentes ancestrales procedentes de tratados de los pueblos autóctonos de Canadá son reconocidos y confirmados”. Asimismo, en un acápite define el significado de pueblos autóctonos. “Se entiende los indígenas Inuit o los mestizos”. En unas líneas se dio un paso gigantesco en el reconocimiento jurídico, político y social de lo que en ese país llaman los primeros habitantes. Ese texto fundamental no se promulgó en un gobierno de izquierda. Se legisló bajo el mandato del Primer Ministro Pierre Trudeau del Partido Liberal.

El año 2014 – además – el Estado canadiense estableció que “el gobierno de Canadá rechaza toda forma de colonialismo y se compromete a promover

Relaciones con los pueblos autóctonos que estén fundados en la buena fe y los principios de justicia, de democracia, de igualdad, de no discriminación, de buen gobierno y respeto de los derechos humanos”.

Chile: negación de la diversidad jurídica

En nuestra conversación con Bengoa cuando le preguntamos por qué en Chile no se ha podido realizar esta acomodación en forma más armónica aseguró que la “elite chilena y en buena medida la clase política no ha logrado entender esta demanda de derechos. Sigue primando en Chile la negación de la diversidad jurídica y política. No se trata de reducir el problema mapuche al folclore, que es lo que normalmente hace la elite o la mira sólo como una cuestión de pobreza y se dice ´hay que invertir´, pero el problema de la inversión se topa inmediatamente con otros intagibles”.

Encierro político a un pueblo

Para Bengoa el conflicto actual es una reacción frente al rechazo del sistema político.

”En 1991, el presidente Patricio Alywin se comprometió con los indígenas a enviar una reforma constitucional al Congreso y lo hizo. Allí se inició una discusión y la mayoría señaló que era inconstitucional, porque implicaba reconocer al pueblo mapuche. Los constitucionalistas dijeron que en Chile no existe lugar para dos pueblos, sólo para el pueblo chileno porque los mapuche son parte de él. Y ahí se paró la reforma constitucional hasta hoy. Ese fue un motivo muy central de la emergencia mapuche y los jóvenes ven en la sociedad chilena un cierre”.

Al respecto, Bengoa precisó que durante el siglo XX, porque el sistema electoral lo permitía, en la región de la Araucanía siempre hubo diputados mapuches. El sistema político tenía pequeñas ventanas para que se procesara la demanda indígena en los lugares y espacios institucionales que corresponde, como el Congreso Nacional.

Durante décadas el sistema electoral binominal heredado de la dictadura lo impidió generar esta participación, “pero además porque los partidos políticos no hicieron ningún esfuerzo por dar cupos, espacios a los líderes mapuches. Ellos tienen una gran cantidad muy preparadísimos para ser diputados”, indicó.

Compras de tierras con una camioneta

“Estos son los antecedentes de la violencia, prosiguió. Si un grupo humano poblacional tan grande como éste no tiene expresión institucional, no tiene como procesar su demanda, obviamente que la única vía que le queda es la no institucional y la vía no institucional está muy cerca de la vía no legal y la vía no legal está muy cerca también de la ilegal”

En la Comisión Nuevo Trato y Verdad Histórica, creada por el ex presidente Ricardo Lagos entre 2001 y 2003 de la cual fue miembro “participó gente como Ricardo Rivadeneira, Enrique Correa, Carlos Peña, Felipe Larraín. Todos llegamos a la misma conclusión, que si no se habrían espacios institucionales, obviamente se estaba encerrando a un grupo humano”.

“Respecto al tema de las tierras, planteamos que como tal como en Estados Unidos, Canadá y en numerosos países del mundo, se pronunciara la Corte Suprema, caso a caso o con una política general, porque se trata de un conflicto que data de los años 30,40,50,60. Se hizo un estudio predio por predio. Se hizo un mapa con planos aéreos. Hay comunidades que tenían 500 hectáreas hoy tienen 50. Se indicó que ahí hay un foco permanente de conflicto. Las tierras indígenas no pueden ser vendidas, pero se estableció una triqueñuela, el arriendo por 99 años, lo cual era una venta fraudulenta. Esto ocurre en lugares con amplio futuro turístico. Los casos están documentados, pagos con un televisor, una camioneta, objetos irrisorios. El problema es los tribunales encuentran la razón a los mapuches, pero los obliga a pagar las mejoras que se han hecho en el predio y si se ha construido un hotel o una casa de veraneo enorme, es absolutamente imposible que los mapuches puedan cancelarlo. Al respecto no ha habido voluntad política”, apuntó.

“Está también la discriminación. Las nuevas generaciones de jóvenes mapuches son mucho más cultivadas, no sólo han pasado la escuela primaria, sino que la educación secundaria y muchísimos de ellos son universitarios. Hay un cuadro muy bien estudiado sobre ello. Los ingresos entre mapuches y no mapuches a nivel de trabajadores, dson casi iguales, no es distinta. En cambio a medida que aumenta lka escolaridad  y que supuestamente deberían ir aumentando los ingresos, aumenta brecha, situándose en su punto más alto a nivel profesional. Entonces es una ingenuidad cuando dicen que la solución es la educación. Los profesionales mapuches ante una entrevista de reclutamiento cuentan que rápidamente las preguntas comienzan a caminar por el lado de cuan mapuche es usted y cómo serán las relaciones en la oficina”.

… Eso hace que el movimiento de quienes están hoy en las cárceles, no sean jóvenes puramente rurales e iletrados”.

Parlamentarios mapuche en la historia republicana

Francisco Melivilú, José Kayupi, Manuel Mankilef, Venancio Coñuepan, Arturo Huenchullán, Manuel Rodríguez Wuenuman, Esteban Romero, Rosendo Huenumán, Francisco Huenchumilla, Emilia Nuyado Ancapichún.

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