Opinión

La palabra senado se escribe ahora con minúsculas

Víctor Maldonado R. Sociólogo

Licenciado en Sociología y Magíster en Ciencias Políticas, ambas de la Universidad de Chile.

La palabra senado se escribe ahora con minúsculas, reflexiona nuestro columnista Víctor Maldonado R., Sociólogo y Magister en Ciencias Políticas.

“Esto se arregla en el Senado” es una frase que se podía escuchar casi a diario en el gobierno, los partidos, los grupos de presión y en el mismo Parlamento.

Los resultados hablan por sí solos

Senadores y senadoras elevaban su mirada al cielo, como lamentando la pesada carga que se depositaba sobre sus hombros, pero, en el fondo, felices de ser tenidos en tal alta consideración y de que se les estimara capaces de enderezar lo que venía chueco. Podemos empezar a llorar lo perdido.

En la sala de la Cámara Alta se dieron escenas fuertemente emotivas y las voces se alzaron con pasión, inusuales en este ambiente. Darle continuidad no tiene sentido. Más allá del nombre de los protagonistas importa evaluar resultados.

Y lo que podemos constatar, como hecho grueso, es que dos personas arrastraron a 25 para que llegaran mucho más allá de lo que estaban dispuestos al inicio y, algunos queriendo y otros lamentándolo, renunciaran a dar continuidad a un comportamiento de notable limpieza y decoro.

Oportunismo inmediatista

No es que haya un par de senadores particularmente astutos, es que la mayoría de los senadores de derecha no encontraron razones para no aprovechar una oportunidad de coyuntura en beneficio inmediato y esa falta de perspectiva no había sido la rectora de su conducta antes de este episodio. Es parte de la crisis de liderazgo que sufre este sector y del que ni siquiera es consciente.

La mejor política es aquella que combina lo que se puede hacer con lo que se debe hacer. Es una síntesis a la que solo llegan los que aspiran a la excelencia.

En el Senado la escala del poder se intentaba combinar con la escala del prestigio. Es un lugar donde se respira la convicción de ser parte de un grupo selecto, de “lo mejor de lo nuestro”.

La degradación de la política

Todos lo sabíamos, aunque nadie lo decía como para no romper un hechizo o una ilusión, pero lo cierto es que los valores de la aristocracia, en su sentido más básico (el gobierno de los mejores), era algo que se preservaba y cultivaba en la Cámara Alta. En el fondo, estaba bien porque con esta benigna autopercepción nadie quedaba herido y las cosas funcionaban mejor.

Como no dejaban de dar muestras de lo mismo que querían ser, por su comportamiento el Senado era una reserva de protección de la democracia, una barrera contra el oportunismo y la banalidad.

Nada de lo visible se ha perdido, pero lo que se ha perdido es mucho. Se aceptó una degradación en forma consciente, algo en lo que no había incurrido ningún grupo político importante desde la recuperación de la democracia, porque si se compara con este punto de partida, lo que hemos visto es bochornoso.

Buenas prácticas al tacho de la basura

Se ha cambiado el buen clima por el simple predominio y el refinamiento en las formas se verá vaciado de contenido y de razón de ser.

Cuando se escriba la crónica de estos días, importará identificar el punto de inflexión hacia abajo que experimentó la política chilena. Una tradición centenaria fue lapidada por lo que se podía conseguir en constante y sonante.

Este es el tiempo para quienes encuentran razones para superarse, no para los que se conforman con lo que son; no es tiempo para quienes mientras más errores cometen menos errores reconocen, pero ha de ser la tarea de alguien.

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