Política

5 de octubre: Cuando la épica derrotó a la dictadura

Andrea Bostelmann

5 de octubre
Un día como hoy, hace 38 años, marcó un antes y un después en la historia de nuestro país.

Hubo un tiempo, a fines de los años 80, un 5 de octubre, en que Chile estuvo en la boca del mundo, que no podía creer que un delgado país al final del planeta pudiera terminar con una dictadura apenas con un lápiz de grafito y una línea trazada con él. Desde luego no fue exactamente eso lo que ocurrió, pero fue el símbolo de una esperanza de que un cambio sí era posible, de que se podía decir «no más», y que se podía hacer en paz. De una cohesión pocas veces vista, que en nuestro país se construyó en torno a un arcoiris y la esperanza que representaba.

Ese día, hace 38 años, marcó un antes y un después y la mayoría de quienes lo vivieron pueden reproducir cada uno de sus pasos. A qué hora fueron a votar, dónde, con quién se encontraron, qué tan lleno estaba el local en esa jornada donde tanto se había insitido en que la ciudadanía debía ir a sufragar temprano para luego permanecer en sus hogares, que por poco los locales colapsan. El voto era obligatorio, para muchos era primera vez que lo ejercían y los que sí lo habían hecho habían perdido la práctica tras 17 largos años de dictadura.

A las 16 horas casi todo Chile ya había votado.

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Al «candidato» a permanecer en el poder por ocho años más, el general Augusto Pinochet -o capitán general, como le gustabas hacerse llamar, porque lo allegaba al prócer de la patria Bernardo O’Higgins-, lo había nominado -a regañadientes, dicen las malas lenguas- la junta de gobierno. Entre cuatro paredes, entre cuatro uniformados.

Desde un mes antes de la votación el comandante en jefe del Ejército guardó el uniforme y la capa militar en el closet, se puso terno, una perla en la corbata y ensayó con el traje de demócrata y la sonrisa de abuelito bonachón ante una bandera que flameaba.

Pero 17 años de dictadura tenían que pasar la cuenta. No era broma cuando él decía, con voz amenazante, que en el país no se movía ni una hoja sin que él lo supiera, tampoco lo era la advertencia de «mano dura», que se traducía en mano dura contra todo aquel que pudiera disentir de la verdad oficial de quienes estaban convencidos de que habían llegado a salvar a la patria a toda costa y a costa de todo.

En ese escenario, el 5 de octubre llega precedido de la épica. Pero de la épica de la oposición.

CRONOLOGÍA DE UN DÍA HISTÓRICO

Cerca del cierre de las mesas cunde la desinformación y hay rumores de ataques terroristas de grupos de extrema izquierda o de un levantamiento de las fuerzas armadas.

A las 20 horas el gobierno, a través del subsecretario del Interior Alberto Cardemil, entrega el primer cómputo sobre un universo de poco más de 18 mil votos con una leve ventaja para el “SÍ”: 10.628 votos, contra 7.511 votos del NO. A las 22 horas se hace público el primer cómputo de la oposición: 37,35% para el SÍ y 62,65% para el NO.

Dos horas más tardes, siempre sobre un reducidísimo número de 677 mesas escrutadas, da ganador al SÍ con un 51,3%, y 46,5% para el NO. Poco después, a las 22:30 horas, el Comando del NO entrega un nuevo cómputo: 55,2% por el NO y 39,9% por el SÍ.

Son horas vertiginosas. A las 23 horas Pinochet es informado de que el NO alcanza más del 53 % de los votos. La oposición entrega nuevos resultados: 40,2% para el SÍ y 57,8% para el NO. Surge el rumor de que el gobierno pretende desconocer el resultado.

Cerca de la 1 de la mañana del 6 de octubre se reúnen los miembros de la Junta de Gobierno. Pasadas las dos de la mañana, al a salida de la reunión, el comandante el jefe de la Fach, Fernando Matthei, afirma que tiene claro el triunfo del No. El Gobierno oficializa el triunfo del NO, con el 54,71% de los votos. El SÍ obtiene 43,01%

La noche del 6 de octubre en cadena nacional, Pinochet, ya sin perla en la corbata y vestido de militar, reconoce la victoria del NO y advierte que continuará el proceso consignado en la Constitución de 1980.

EL RECUENTO PARALELO

El Sistema de Recuento Paralelo (SRP), implementado por la Concertación de Partidos por el No para evitar un probable manejo y distorsión de los resultados por parte de la Dictadura contó con cerca de mil 100 centros recolectores de información de las mesas en locales de votación; más de 80 centros de acopio y transmisión, en Santiago y en regiones; diversos recursos computacionales y tele comunicacionales.

Decenas de miles de anónimos voluntarios y voluntarias en todo el país fueron parte fundamental del trabajo encabezado por jóvenes ingenieros de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile, que no solo coordinaron, diseñaron y programaron el sistema computacional, sino que también fueron los encargados de instalar y operar la red de microcomputadores del proceso.

Estudiantes de Ingeniería Eléctrica fueron los responsables de la instalación de los equipos de Fax para el despacho de informaciones.

Los resultados entregados por esta instancia permitieron conocer, de forma oportuna, una buena aproximación del resultado final que días después entregó oficialmente el Tribunal Calificador de Elecciones (54.71 por ciento por el NO y 43.01 por ciento por el SI) y que mostró una variación de solo tres décimas respecto a los resultados finales del Comando del No.

TODOS JUNTOS

El 2 de febrero de 1988 se había conformado la Concertación de Partidos por el No, con 16 a 17 partidos y agrupaciones políticas opositoras según registros históricos oficiales de la época, incluidos el Partido Demócrata Cristiano (PDC), diversos sectores socialistas (como el PS-Almeyda, PS-Briones, etc.), el Partido Radical, el Partido por la Democracia (PPD) recién creado en 1987, humanistas, liberales y agrupaciones de la izquierda cristiana. Su idea: organizar la campaña del «No» de cara al plebiscito del 5 de octubre.

El día señalado los partidarios de Pinochet votaron bastante confiados de su triunfo. Estaban convencidos de que a lo más vivían en una «dictablanda» (expresión acuñada entre los «grandes pensadores» de la época), que vivíamos en un oasis protegido por los militares del marxismo internacional que había estado a un tris de destruirnos, y que ese era «el» valor superior ante cualquier nimiedad como las -desde luego, para ellos «falsas»- acusaciones de violaciones a los derechos humanos, de la brutal privatización de las empresas del Estado o de la paupérrima situación económica en la que vivía la mayoría de la población a la cual el «chorreo» prometido por los Chicago boys no los tocaba ni de lejos.

La oposición se dividía entre la vociferante y la temerosa, esa que miraba con desconfianza, también con resignación, la que al final se acercaba más al concepto de «mayoría silenciosa» que -paradójicamente- la dictadura usabas para describir a quienes pensaban que la respaldaban.

A principios de septiembre de ese año 1988 comenzó a sonar como un nuevo mantra: Chile, la alegría ya viene. Y por televisión.

38 AÑOS

El punto cúlmine de eso que se anunciaba fue el 5 de octubre.

Según testimonios de muchos quien lo vivieron, todavía se les eriza la piel cuando escuchan la canción del No. La emoción de la esperanza. De haber vivido un hecho histórico. De que nunca nada volvió a ser como antes.

Menos mal.

Al otro lado, el de los derrotados, la desazón y la incredulidad. Un poco de miedo por el futuro.

¿El resultado fue el esperado?

No necesariamente. Treinta y ocho años después persisten los que vociferan que la democracia heredada -esa con una justicia «en la medida de lo posible», que todavía hace vista gorda frente a los «cómplices pasivos» y secuestrada por el noeliberalismo- no fue lo prometido. Pero de todos modos ganó la democracia. Al año siguiente hubo elecciones y una seguidilla de presidente electos por la mayoría, volvió a haber un poder legislativo independiente en el Congreso y no entre los muros de una oficina del edificio Diego Portales (hoy GAM).

Treinta y ocho años es mucho tiempo, hay generaciones de adultos que nacieron sabiendo lo que es una elección y la alternancia en el poder y que ni de chicos vivieron en dictadura.

Curiosamente la  gesta del 5 de octubre perdió su capacidad aglutinante.  Hoy habrá una reunión de «viejos tercios»  en un céntrico café, una reunión «sencilla y afectuosa para conversar, recordar y evocar también a quienes ya no están», según reza la convocatoria, todo en torno a un Barros Luco y una copa de vino.

Apenas hubo una declaración pública del PPD respecto de lo que pasó ese día histórico, en su página web, donde plantea que «Chile reafirma su compromiso con la democracia. Las conmemoraciones no solo recuerdan el pasado, sino que también son un llamado a la acción para cuidar, defender y fortalecer las instituciones democráticas contemporáneas. Es un recordatorio del poder de la unidad y del impacto que el coraje y la determinación de los ciudadanos pueden tener en la construcción de un futuro mejor para todos», es parte del texto.

 

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