¿Cómo podemos calificar el término de las negociaciones en la centroizquierda? Las primeras reacciones no nos ayudan mucho porque nos informan sobre los sentimientos de los participantes: alegría por el acuerdo, tristeza por las pérdidas. Es bueno que tengan sentimientos, pero eso no orienta mucho.
Se entiende por qué lo hacen: las celebraciones se realizan en público, pero los costos se pagan en casa y los negociadores vuelven al hogar a dar explicaciones, lo que nunca es grato ni fácil. Tienen un poco de susto.
Creo que lo mejor que se puede decir de este desenlace es que una discusión electoral se zanjó aplicando criterios de buena política y eso prestigia a los negociadores. Es un camino que no hay que abandonar.
Las negociaciones se dirimen cuando se acepta un criterio compartido para aplicar a los casos difíciles, que son pocos, pero duros de despejar. La dificultad se concentraba en las comunas donde el alcalde no podía presentarse a la reelección y había que resolver si el partido respectivo retenía ese cupo.
Como las votaciones en las comunas se resuelven en parte importante por la adhesión a personas, no a partidos, el criterio electoral más estricto señala que en todas ellas debieran concursar los interesados sin distingos. Ese criterio se propuso y, como no faltan argumentos, se sostuvo en toda la negociación.
Si se tratara de números, el tema estaría resuelto, pero como se trata de personas y de organizaciones, siendo los riesgos disímiles para los socios, había que usar un criterio más flexible. Fue la DC, la tienda que más arriesgaba, la que propuso el criterio de un porcentaje mayoritario en manos del partido que hoy tiene la alcaldía, el resto quedaba definido por primarias. Fue un acierto.
Hay que entender que un criterio no elimina los dolores, sino que escoge el tipo de dolores que se acepta tener. Además, el criterio se tiene que aplicar a los casos concretos y ahí sí que se sufre. Esto requiere de una dosis de valentía.
Lo bueno del método es que consigue un equilibrio razonable entre riesgos y beneficios para todos los partidos asociados. La ley es pareja y soportable.
Hay que tomar la precaución, eso sí, de entender que esto no ha terminado del todo y que el proceso administrativo de inscripción siempre depara modificaciones de última hora. No faltan los arrepentidos, después que sus representantes los defendieron a muerte hasta el término de la negociación.
El resultado final muestra que la vinculación entre el oficialismo y la DC se ha reordenado, estableciendo una relación estable y definida en nuevas condiciones. Pero reordenarse no es de inmediato sinónimo de potenciarse.
Lo que ocurra va a depender mucho de la campaña. La obligatoria necesidad de renovar liderazgos locales se ha producido, pero no hay que atribuirles propiedades mágicas a las elecciones primarias. Nuestra experiencia histórica muestra que solo una cuarta parte de quienes ganan primarias también ganan finalmente las alcaldías. Su utilidad depende de muchos factores.
Si un mal candidato gana una buena primaria, no deja por eso de ser un mal candidato. Importa que la centroizquierda mantenga la coordinación y la costumbre de hacer buena política. Esto debe ser un comienzo, no un paréntesis.
“La inexperiencia y la soberbia no nos permiten avanzar”.
Respeto a la función pública





