Caso Jouannet: Kaiser arremete contra Kast y se vuelve a tensionar la derecha antes de asumir. Duro golpe a la coherencia, señalan.
Johannes Kaiser abrió el fuego amigo en la derecha al cuestionar abiertamente la permanencia del futuro subsecretario de seguridad. De paso, obligó al comando de José Antonio Kast a salir a blindar un nombramiento que ya genera incomodidad en el oficialismo entrante.
Antes incluso de asumir, el futuro gobierno de José Antonio Kast enfrenta su primer conflicto interno relevante. Y no viene desde la oposición, sino desde su propio sector.
La nominación de Andrés Jouannet como subsecretario de Seguridad Pública abrió un flanco inesperado en la derecha, luego de que el diputado Johannes Kaiser pusiera en duda su continuidad y calificara su permanencia como “compleja”.
Con ello, lo que era un ruido marginal pasó a convertirse en una crisis política incipiente.
Kaiser rompe el cerco y expone el problema
Hasta ahora, los cuestionamientos a Jouannet circulaban en segundo plano: redes sociales, conversaciones internas y advertencias informales.
Kaiser fue el primero en decirlo en voz alta. “Nos parece muy complejo que esa nominación se mantenga”, afirmó, apuntando directamente al estándar que debe tener un cargo clave en materia de seguridad. No fue una opinión aislada. Fue una señal.
En la práctica, Kaiser rompió el blindaje inicial del comando y obligó a transparentar un problema que se intentaba contener.
Los antecedentes que incomodan al oficialismo entrante
El origen de la controversia está en antiguas sociedades en las que participó Jouannet junto a personas vinculadas al llamado “caso Tragamonedas”. Formalmente, esas empresas están inactivas y sin movimiento ante el Servicio de Impuestos Internos. No pesan causas judiciales vigentes.
Pero en política, especialmente en seguridad, la legalidad no siempre basta. La pregunta que comenzó a circular en la derecha es simple:
¿Puede un subsecretario encargado del combate al crimen organizado cargar con ese tipo de antecedentes, aunque sean históricos? Para Kaiser y otros sectores, la respuesta es no.
Blindaje del comando y control de daños
Tras las declaraciones, el equipo del presidente electo salió rápidamente a cerrar filas. Desde su entorno recalcaron que Jouannet entregó explicaciones antes de ser designado y que no existen irregularidades.
El mensaje fue claro: el nombramiento no está en revisión. Sin embargo, el despliegue defensivo reveló algo más profundo: el tema sí preocupa. De lo contrario, no habría sido necesario responder con tanta rapidez.
Fractura temprana en la derecha
La polémica dejó en evidencia una tensión latente dentro del sector. Por un lado, el núcleo duro del proyecto de Kast busca mostrar orden, disciplina y control. No quiere señales de improvisación.
Por otro, el mundo libertario y sectores más duros exigen estándares más altos y menos tolerancia a cualquier “zona gris”. El caso Jouannet se convirtió así en un campo de disputa interna.
No es solo sobre una persona. Es sobre quién fija las reglas del nuevo oficialismo. Seguridad es un área donde no hay margen de error, pues ha sido uno de los pilares de la nueva administración.
El problema adquiere mayor gravedad porque se produce en el corazón del programa de gobierno. La seguridad fue el eje central de la campaña.
Control del crimen, orden público y combate al narcotráfico son las principales promesas del nuevo ciclo. En ese contexto, cualquier cuestionamiento a una autoridad del área se amplifica. Un error aquí no es técnico: es político.
Un mensaje incómodo para Kast
Más allá de Jouannet, el episodio instala una señal temprana sobre el estilo del gobierno que viene. Kaiser no es un actor marginal. Representa a un sector con influencia electoral y capacidad de presión.
Su intervención marca un límite: no todos los nombramientos serán aceptados sin discusión, esto para Kast, es una advertencia. La disciplina no está garantizada.
Primer test de liderazgo
El futuro presidente enfrenta así su primera prueba interna antes de asumir. Desde luego, puede respaldar a Jouannet y asumir el costo También puede revisar el nombramiento y mostrar flexibilidad. O, dejar que el conflicto se diluya con el tiempo.
Cualquiera de las tres opciones tiene costos. Por ahora, optó por el blindaje, pero el flanco quedó abierto.
Un problema que no se cerró
Aunque el nombramiento sigue en pie, el debate ya se instaló. En el oficialismo entrante saben que el tema puede reaparecer ante cualquier nuevo antecedente o error. Y saben, también, que la oposición estará atenta.
Lo que comenzó como una designación administrativa terminó convertido en el primer test político del nuevo gobierno. Y no será el último.






