Política

Crisis en La Moneda: «deslealtad» rompe al oficialismo

Mario López M. Periodista

Resulta difícil sostener un proyecto político común cuando una parte de la coalición actúa como oposición interna permanente, disparando contra sus socios cada vez que el costo político parece bajo o el rédito identitario parece alto.

(Opinión) Crisis en La Moneda: «deslealtad» rompe al oficialismo en la jornada más dura desde el 14 de diciembre pasado. Apruebo Dignidad y el Socialismo Democrático entran en una dinámica autodestructiva de la coalición de gobierno.

La crisis que hoy sacude a la coalición de gobierno no es producto del azar ni de una diferencia táctica menor. Es la consecuencia directa de una conducta política irresponsable y reiterada por parte de Apruebo Dignidad. Esta ha optado por tensionar al máximo al Ejecutivo y erosionar a sus propios aliados del Socialismo Democrático. Incluso, a costa de la estabilidad del gobierno que dicen respaldar.

Fuego amigo inaceptable 

Resulta difícil sostener un proyecto político común cuando una parte de la coalición actúa como oposición interna permanente, disparando contra sus socios cada vez que el costo político parece bajo o el rédito identitario parece alto. La ofensiva desatada contra el Partido Socialista y contra el Gobierno en el marco de la aprobación de la Ley Nain-Retamal no solo cruza una línea política básica: rompe el principio mínimo de lealtad entre fuerzas que comparten responsabilidades de Estado.

El intento de responsabilizar al Socialismo Democrático por una supuesta “impunidad” en el caso Gustavo Gatica no solo es intelectualmente deshonesto, como señaló el PS, sino políticamente temerario. Se trata de una simplificación burda de un debate jurídico complejo. la «acusación es utilizada como arma arrojadiza para marcar superioridad moral, aun cuando ello implique debilitar al Ejecutivo, deslegitimar al Congreso y tensionar a la coalición completa.

Aquí no hay ingenuidad. Hay una decisión consciente de sectores del FA y del PC de trasladar sus disputas ideológicas al corazón del gobierno. Ello, sin medir las consecuencias institucionales. Gobernar no es lo mismo que protestar. Pero una parte de Apruebo Dignidad parece no haberlo comprendido del todo.

La paradoja es evidente

Quienes exigen unidad y disciplina cuando se trata de defender sus propias banderas, no dudan en romper puentes cuando el costo lo pagan otros. Así, el Socialismo Democrático termina convertido en chivo expiatorio de frustraciones ajenas. Esto, mientras Apruebo Dignidad intenta preservar una identidad de pureza política incompatible con el ejercicio real del poder.

Resulta de una deshonestidad intelectual sin precedentes que las dirigencias de Apruebo Dignidad apunten con el dedo al PS. Lo han calificado de «cómplice de la impunidad». Al hacerlo, disparan directamente a la línea de flotación del Gobierno que ellos mismos integran.

¿Cómo se puede ser parte de un gabinete y, a la vez, acusar a ese mismo gabinete de «derechizar» la agenda de seguridad?

Chantaje inaceptable

El FA y el PC parecen olvidar que las leyes, una vez promulgadas, son la regla del juego para todos. Pretender que el PS cargue con el «costo moral» de resoluciones judiciales, mientras ellos se reservan la superioridad ética desde la comodidad de la crítica incendiaria, es un acto de cobardía política. Parece que aún no entiende que la «superioridad moral» no la detentan. No han aprendido nada.

La crisis alcanzó su punto de no retorno con la amenaza del diputado Jorge Brito (FA). Ello, al cuestionar si el Socialismo Democrático abandonará sus ministerios y subsecretarías tras congelar las relaciones. Brito ha transformado una crisis de principios en un burdo chantaje por cuotas de poder. Su pregunta es una amenaza matonesca: el intento de disciplinar al PS a través del miedo al «desalojo» administrativo.

Los puros…

Es de una ceguera política alarmante que el Frente Amplio crea que puede sostener el Gobierno solo con su pureza ideológica mientras empuja hacia la puerta a quienes le otorgan viabilidad técnica y legislativa. Tratar a los socios como simples arrendatarios de oficinas públicas que deben callar ante el insulto es la prueba final de que en Apruebo Dignidad la lealtad es un concepto que no conocen. Si el costo de mantener la dignidad política es dejar los cargos que Brito hoy pone sobre la mesa, el PS tiene la oportunidad histórica de demostrar que sus convicciones no tienen el precio de una subsecretaría.

Por ello no pasa por alto lo afirmado por la presidenta del PS Paulina Vodanovic: “Nosotros seguiremos trabajando hasta el último día, se hará entrega del gobierno como corresponde, pero también y no tenemos por qué tolerar ataques arteros de quienes son nuestros compañeros de alianza o eran nuestros compañeros de coalición.

Un gobierno no puede sostenerse indefinidamente bajo el fuego amigo. La crítica es legítima; la deslealtad, no. La pregunta ya no es si existe una crisis en la coalición; la pregunta es cuánto más está dispuesto Apruebo Dignidad a debilitar al Gobierno antes de asumir que gobernar exige responsabilidad, coherencia y, sobre todo, lealtad política.

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