Guía para escuchar un discurso Por Víctor Maldonado R.
El mensaje presidencial es la intervención más elaborada de La Moneda en el año.
Se tiene mucho tiempo para prepararlo, revisarlo, pulirlo y hasta cambiarlo, si resulta necesario. Por lo mismo, será una buena intervención.
En esta oportunidad y para efectos políticos más perdurables, importa poco la forma escogida, si las frases son más o menos hermosas y si resulta ser una buena pieza oratoria.
Todo eso tendrá un impacto de un par de días.
Esta vez lo que interesa son tres aspectos que nos permitirán evaluar la intervención presidencial: la coherencia entre las materias tratadas, el enlace entre los resultados conseguidos, junto a lo preciso de las metas por alcanzar y la amplitud de la convocatoria que se haga para lograrlas.
Es decir, los aspectos relevantes son la consistencia de planteamientos, el realismo del rumbo propuesto y la amplitud del mensaje.
Cada uno de ellos pueden ser bien o mal tratados y así obtenemos los criterios para evaluar el discurso.
Será una buena intervención si se asume una estrategia aglutinadora, si se escogen metas alcanzables y si se le habla al país.
Será un mal mensaje si se oscila entre señales contradictorias, se vuelven a declarar anhelos renunciando a su concreción y si se les habla principalmente a los partidarios, buscando posicionarlos mejor para las elecciones municipales próximas.
Las referencias al programa es algo que le importa a los que lo escribieron y a los que lo leyeron, es decir, prácticamente a nadie. No es solo un problema de texto, es que el escenario político ha variado drásticamente desde que se asumió el 11 de marzo del 2022.
Mantener vigencia es adaptarse a ese cambio.
Por lo mismo, La Moneda no puede seguir con la implementación oscilante entre políticas que obedecen a estrategias alternativas que terminan anulándose.
El camino escogido ha de ser uno y coherente, realista y aplicable, coincidente con las prioridades ciudadanas y acotado a lo posible.
Si el gobierno acentúa el discurso del agrado de su núcleo duro, en el fondo lo que hace es reconocer que solo puede aspirar a mantener un respaldo de minoría y que se apronta a una derrota presidencial inevitable.
La Moneda no se puede conformar con tan poco y con una actitud tan conservadora.
Sin duda, optará por ampliar cuanto pueda sus posibilidades de acción y eso significa que la línea central del discurso será la de abrir paso a lo posible y que los gestos al núcleo duro serán los menos.
El gobierno está viendo disminuido su poder día a día, pero sigue siendo el gobierno, pese a todo. No es verdad, como muchos dicen, que “ya se terminó”, queriendo decir que nada importante se puede esperar de lo que haga.
Eso tampoco es cierto porque de otro modo no habría la expectación actual.
Lo que sí resulta cierto es que el gobierno debe aceptar que su problema no es convencer de que no hará un mal uso del poder que tiene.
No puede alardear de lo que le falta.
Ha de reconocer que no tiene el poder suficiente para decidir por sí solo lo que hay que hacer. Por eso ha de convocar a los acuerdos posibles.
Al gobierno le queda poco tiempo, pero ha decidido que no lo va a perder, quiere acumular logros y gobernará al máximo con lo mínimo de que dispone.
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