A pocos días del anuncio oficial de su gabinete, José Antonio Kast enfrenta algo más profundo que un simple problema de nombres pendientes: lo que hoy se juega es el diseño de poder que marcará su gobierno. Las carteras de Seguridad y Defensa se han transformado en el epicentro de una pugna entre el proyecto presidencial y las expectativas de los partidos que lo llevaron al poder.
Las indefiniciones no responden únicamente a obstáculos personales o negativas individuales, sino a un conflicto estructural: la resistencia de Kast a ceder ante el cuoteo tradicional versus la presión de las colectividades por tener incidencia real en el Ejecutivo. Esa tensión se agudizó tras tres episodios clave: el portazo del Partido Nacional Libertario, la negativa de Rodolfo Carter a asumir Seguridad y la caída del nombre de Guillermo Turner en Defensa.
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EL QUIEBRE CON LOS PARTIDOS REORDENA EL TABLERO
Lejos de ser hechos aislados, estos movimientos reconfiguraron el tablero político. La salida de Turner envió una señal de corrección del diseño original y abrió espacio para que actores que habían quedado marginados retomaran posiciones. Por ejemplo en el PNL emergieron voces que plantean que el escenario cambió y que sería un error estratégico mantenerse fuera del gobierno.
En paralelo, comenzó a instalarse la idea de que Defensa podría ser una plataforma más atractiva para ciertos perfiles que inicialmente fueron considerados para Seguridad. En ese contexto aparece el vicealmirante (r) Alberto Soto, mientras que en Seguridad volvió a tomar fuerza el nombre del general (r) Enrique Bassaletti, cuyo eventual arribo estaría condicionado a tener control sobre la conformación de su equipo y las subsecretarías, apostando por un perfil operativo desde el origen del ministerio.
EL MALESTAR SE EXTIENDE A OTRAS CARTERAS
Pero la presión no se limita a esas dos carteras. La incomodidad de los partidos con la predominancia de independientes comenzó a extenderse a otras nominaciones que parecían consolidadas. Salud, Trabajo y Vivienda entraron también en zona de revisión, evidenciando que la discusión ya no es técnica, sino política.
El caso de Iván Poduje es ilustrativo: más allá de sus credenciales profesionales, su figura genera resistencia en sectores de Chile Vamos que consideran que un ministerio político requiere más redes que solvencia técnica. El cuestionamiento revela un diagnóstico compartido por varias colectividades: el gabinete proyectado por Kast estaría privilegiando la confianza personal por sobre los equilibrios de coalición.
MÁS QUE NOMBRES, SE DEFINE EL ESTILO DE LIDERAZGO
Pese a ese escenario, durante esta jornada se confirmó un gesto hacia los partidos: el diputado de Evópoli Francisco Undurraga asumirá Cultura. Un nombramiento que algunos interpretan como señal de apertura, pero que no resuelve la discusión de fondo.
Desde la Oficina del Presidente Electo insisten en que el foco no está en la repartición de cargos, sino en los perfiles adecuados para cumplir prioridades de gobierno. Sin embargo, en la práctica, el proceso evidencia que el futuro gobierno se construye en medio de una negociación silenciosa pero decisiva: cuánto poder concentrará el presidente y cuánto estarán dispuestos los partidos a tolerar sin sentirse relegados.
Más que un gabinete en construcción, lo que hoy se define es el tipo de liderazgo que ejercerá José Antonio Kast desde La Moneda.






