Más que un simple movimiento técnico en la conformación de su gabinete, la eventual designación de Fernando Rabat como ministro de Justicia revela una definición política de fondo del presidente electo José Antonio Kast: privilegiar la lealtad y la afinidad doctrinaria por sobre los equilibrios partidarios y el cálculo comunicacional.
En momentos en que su equipo aún no está completamente cerrado y los partidos oficialistas presionan por espacios de poder, Kast opta por un nombre que refuerza su sello personal, aun cuando anticipa controversia. Rabat, abogado de 53 años, independiente y especialista en derecho civil, no solo destaca por su trayectoria académica y profesional, sino también por su pasado ligado al estudio jurídico que defendió a Augusto Pinochet y a Lucía Hiriart en causas emblemáticas como el caso Riggs y la Operación Colombo.
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Ese antecedente transforma su eventual nombramiento en una decisión políticamente cargada. No se trata solo de un perfil técnico para una cartera compleja, sino de una figura que tensiona el debate público y que probablemente reactivará cuestionamientos sobre el vínculo del nuevo gobierno con la herencia de la dictadura. La señal es clara: Kast está dispuesto a asumir costos políticos si con ello asegura confianza personal y coherencia ideológica en su equipo.
UN GABINETE MÁS CERRADO QUE NEGOCIADO
La fórmula se repite respecto de otras designaciones que han trascendido: menos concesiones a los partidos, más control directo del futuro mandatario sobre los nombres clave. En Justicia, donde la presión interna era especialmente intensa, la elección de Rabat confirma esa lógica: no es una carta de consenso, sino una apuesta propia.
UN MINISTERIO EN CRISIS COMO ESCENARIO INICIAL
Más allá del debate político, Rabat enfrentará un escenario particularmente complejo. Asumirá en medio de una crisis carcelaria persistente, con la reestructuración institucional que implica el traspaso de Gendarmería al nuevo Ministerio de Seguridad Pública y con una relación tensionada entre el Ejecutivo y el Poder Judicial producto de los escándalos de corrupción que han golpeado a la judicatura.
Su primer gran desafío será la reforma al sistema de nombramientos judiciales, un proyecto que ya avanza en el Congreso y que tocará directamente el equilibrio de poder entre los distintos órganos del Estado. Kast ha adelantado su postura: reducir la influencia política y terminar con los cuoteos. Cómo se traduzca eso en diseño institucional será una de las pruebas centrales para su futuro ministro.
LA MODERNIZACIÓN PENDIENTE
En paralelo, Rabat deberá resolver el rumbo de la reforma notarial y registral. Aunque ya fue promulgada, el propio Kast ha deslizado su interés por impulsar una digitalización más profunda del sistema, lo que abre la puerta a un nuevo rediseño legislativo. La modernización del Estado, más que la revisión del pasado, podría convertirse en el espacio donde el futuro ministro intente reequilibrar la narrativa sobre su gestión.
🔴 AHORA Kast ya tiene ministro de Justicia: se trata del abogado Fernando Rabat Celis, socio del fallecido abogado histórico de Pinochet Pablo Rodríguez Grez. Toda la info en exclusiva en @latercera
— Leslie Ayala (@lesliona) January 13, 2026





