Política

Kast enfrenta la desconfianza que prometió superar

Mario López M.

Kast
Las encuestas muestran un creciente pesimismo económico mientras la inversión esperada no despega. El discurso de un Chile en ruinas contrasta con el intento del Gobierno de convencer al país y al mundo de que volvió a crecer.

El Gobierno de José Antonio Kast enfrenta una contradicción que comienza a reflejarse tanto en las cifras económicas como en las encuestas. Después de instalar durante su campaña la imagen de un Chile que se caía a pedazos, hoy necesita convencer a los ciudadanos y a los inversionistas de que el país recuperó el rumbo. Sin embargo, mantiene un discurso contradictorio, el crecimiento esperado no llega y la desconfianza aumenta.

El problema trasciende las expectativas frustradas de una administración. La confianza constituye un factor económico: influye en las decisiones de consumo, contratación e inversión. Cuando se deteriora, sus consecuencias pueden extenderse mucho más allá de las disputas políticas.

Las cifras contradicen el optimismo oficial

El Banco Central redujo en septiembre su proyección de crecimiento para 2026 desde un rango de 1%-1,75% a apenas 0,25%-0,75%. El organismo identificó una menor demanda interna, debilitamiento del mercado laboral, caída de los indicadores de confianza y efectos del encarecimiento de los combustibles.

A ello se sumó el Imacec de agosto, que registró una contracción interanual de 1%, arrastrada principalmente por la minería. El desempleo llegó al 9,6%, mientras la Dirección de Presupuestos redujo su estimación de crecimiento anual a 0,7%.

Las encuestas tampoco acompañan el optimismo gubernamental. Según Criteria, un 62% considera que la economía está peor que hace seis meses y un 45% percibe improvisación en la gestión económica. Cadem, por su parte, registró que un 46% responsabiliza al actual Gobierno por el bajo crecimiento, frente al 27% que apunta a administraciones anteriores.

Los datos muestran un deterioro económico y de expectativas, aunque no permiten atribuir todas sus causas al Ejecutivo. El propio Banco Central identifica también algunos factores externos y problemas productivos que exceden las decisiones gubernamentales.

El auge de inversiones que no llega

La incertidumbre también aparece en el mundo empresarial. Macarena Navarrete, country manager de EY en Chile, reconoció en una entrevista con Pulso de La Tercera que existe una distancia entre las expectativas generadas por las reformas económicas y sus resultados.

La ejecutiva sostuvo que las medidas adoptadas para estimular la inversión no han conseguido todavía el impacto esperado. Identificó además una contradicción entre las expectativas de un auge inversor y la ausencia de ese fenómeno.

Navarrete mencionó el efecto del aumento de los combustibles sobre el ánimo de los consumidores y las ventas empresariales. También advirtió que los inversionistas necesitan certezas sobre la permanencia de las reglas, más allá de un período presidencial.

Su diagnóstico incluye factores anteriores al actual Gobierno, como los retiros previsionales, el estallido social y los procesos constitucionales. También reconoce señales positivas en las prioridades de inversión, vivienda y obras públicas del Presupuesto 2027. Pero su planteamiento contiene una advertencia que alcanza directamente a La Moneda: los inversionistas extranjeros esperan señales de que los propios chilenos confían en su país.

Del país en ruinas al Chile que regresó

La contradicción adquiere una dimensión política al examinar el discurso presidencial. Durante la campaña, Kast y su sector insistieron en presentar a Chile como un país profundamente deteriorado, particularmente en seguridad y economía. Ese diagnóstico constituyó parte importante de su oferta de recuperación nacional.

Ya en el gobierno volvió a insistir que Chile está en quiebra. El 24 de marzo, las cuentas oficiales del Gobierno y de la Vocería difundieron que Chile tenía un «Estado en la quiebra». El mensaje fue eliminado, el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, rechazó esa caracterización y la Contraloría terminó ordenando un sumario administrativo.

El 22 de septiembre, ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el Presidente proclamó que «Chile está de vuelta». Si bien en su intervención invitó a invertir en el país y destacó los avances que atribuye a su administración, insistió que nuestro país había desviado el rumbo. Afirmó que «Chile se estancó», que «Chile se quebró» en 2019 y que «la inversión se marchó». Inmediatamente después invitó a los inversionistas a elegir Chile.

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El contraste entre ambos relatos plantea un problema de credibilidad. El mismo Gobierno que llegó al poder denunciando el deterioro nacional necesita ahora transmitir estabilidad, confianza y perspectivas favorables a quienes deben decidir dónde invertir. Pero aún sigue en campaña denunciando que recibió un país en ruinas, lo que las cifras desmienten.

Resulta legítimo examinar cuánto contribuye a la incertidumbre un discurso político que primero desacredita las condiciones del país y después pretende convencer de su recuperación, mientras los indicadores económicos no respaldan el optimismo oficial. La contradicción adquiere mayor relevancia en un escenario de desaceleración, cuando la confianza de consumidores e inversionistas resulta especialmente necesaria para reactivar la economía.

Una confianza que no se decreta

La situación se vuelve especialmente compleja porque el Ejecutivo enfrenta simultáneamente expectativas económicas que no se cumplen y una ciudadanía crecientemente pesimista. El encarecimiento de los combustibles, las dificultades del empleo y la desaceleración del consumo tienen efectos concretos sobre las familias y las empresas. Ninguna campaña comunicacional puede sustituir esos resultados.

Tampoco basta con aprobar reformas favorables a la inversión. Como advierte Navarrete, los proyectos de largo plazo requieren reglas estables y acuerdos políticos que sobrevivan a los gobiernos. La responsabilidad del Ejecutivo no consiste en responder por cada dificultad heredada o cada crisis internacional. Consiste en hacerse cargo de sus decisiones, de las expectativas que generó y de la confianza que necesita reconstruir.

Kast prometió recuperar un país que describía en ruinas. Hoy, cuando las cifras económicas contradicen las expectativas de recuperación, enfrenta una dificultad adicional: convencer a los chilenos de que crean en su propio país después de haber contribuido a instalar un relato de su deterioro.

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