lo más leído

Kast es presidente electo: legitimidad de origen, desafío de ejercicio

Mario López M. Periodista

Kast tiene hoy la autoridad que otorgan las urnas. Pero la estabilidad de su gobierno dependerá de algo más exigente: decir la verdad, dialogar con quienes no lo votaron y abandonar cualquier tentación populista.

Kast es presidente electo: legitimidad de origen, desafío de ejercicio

José Antonio Kast es el presidente electo de Chile. Su triunfo en las urnas es claro y debe ser reconocido sin ambigüedades. La democracia habló y su veredicto se respeta.

Sin embargo, el resultado abre un desafío político mayor que el mero conteo de votos. Kast obtiene la legitimidad de origen, pero deberá construir —día a día— la legitimidad de ejercicio de su mandato.

No es cheque en blanco

El dato clave es político, no aritmético. En primera vuelta, Kast no superó el 25 % de los votos válidamente emitidos. Eso significa que tres de cada cuatro votantes no lo eligieron como primera opción. El amplio porcentaje obtenido en segunda vuelta no expresa una adhesión homogénea a su proyecto, sino, en gran medida, un voto de rechazo a su adversaria.

Ese matiz no deslegitima su triunfo, pero sí delimita su mandato.

Gobernar leyendo el resultado como un cheque en blanco sería un error grave. El país que emerge de esta elección sigue fragmentado, desconfiado y fatigado de promesas maximalistas. Kast no fue elegido para imponer, sino para conducir.

El silencio debe romperse

Durante la campaña, el propio entorno del presidente electo reconoció que mantiene en reserva un plan de ajuste fiscal cercano a los US$6.000 millones, evitando detallar sus alcances por temor a un conflicto social. Esa sola admisión instala una alerta democrática: la verdad no puede administrarse a conveniencia del poder.

Más aún, en el último debate presidencial, Kast evidenció desconocimiento sobre normas básicas relativas a los años de servicio, lo que refuerza la necesidad de prudencia técnica y diálogo real con los actores sociales.

Chile no necesita slogans ni diagnósticos apocalípticos. Necesita certezas, gradualidad y una conducción que entienda que el mandato recibido no es homogéneo ni ideológico, sino circunstancial y frágil.

Mayoría prestada

La historia política reciente demuestra que los gobiernos que confunden mayoría electoral con hegemonía política suelen erosionar rápidamente su capital. La gobernabilidad no se decreta; se construye.

Kast tiene hoy la autoridad que otorgan las urnas. Pero la estabilidad de su gobierno dependerá de algo más exigente: decir la verdad, dialogar con quienes no lo votaron y abandonar cualquier tentación populista.

La legitimidad de origen ya está asegurada. La legitimidad de ejercicio, en cambio, recién comienza a jugarse. Y ahí, Chile no concede segundas oportunidades con facilidad.

Comparte en:

Facebook
Twitter
LinkedIn
WhatsApp
Email