Kast: gobernar con el «enemigo», con quien denunció por soborno, también con quienes lo desacreditaron y lo descartaron.
El gabinete que arma el Presidente electo José Antonio Kast no solo tensiona al oficialismo por su orientación ideológica. También expone una contradicción política más profunda: varios de sus futuros ministros no creían en él, lo combatieron públicamente o descreditaron. También Kast no creía en uno, tanto, que lo denunció por sorno. Y hoy, pasan a integrar su círculo de poder sin una explicación política de fondo.
El caso de Jaime Campos es el más elocuente. No se trata de diferencias doctrinarias ni de declaraciones de campaña. Kast denunció a Campos ante la Fiscalía por presunto soborno y cohecho cuando este era ministro de Justicia. Años después, ese mismo Campos entra al gabinete republicano como ministro, sin que el Presidente electo explique qué cambió: si los hechos, el juicio político o simplemente la conveniencia.
Poduje: de la descalificación al cargo
La incoherencia no termina ahí. El futuro ministro Iván Poduje tampoco veía en Kast a un líder preparado para gobernar.
En octubre de 2024 afirmó que “no está a la altura de los desafíos modernos del país”. Lo calificó como demasiado conservador para el Chile actual, especialmente en materias de derechos de las mujeres. Y durante su campaña municipal en Viña del Mar fue aún más claro: dijo que no creía que Kast pudiera ser Presidente.
Hoy, Poduje no solo reconoce ese liderazgo: lo ejerce desde dentro del gabinete, en una de las áreas más sensibles del Estado. No hubo rectificación pública, no hubo explicación política. Solo un cambio de posición.
Rincón y el “vende humo”
A esa lista se suma Ximena Rincón, futura ministra, quien en la misma elección presidencial que ganó Kast lo trató de “vende humo”, cuestionó su ausencia en debates y puso en duda su capacidad para enfrentar el crimen organizado.
“¿Cómo va a enfrentar al narcotráfico si no es capaz de enfrentar a un periodista?”, preguntó entonces. Hoy, Rincón se integra al gabinete del mismo candidato al que desacreditó, cerrando un giro que no responde a un cambio programático visible, sino a una reubicación en el poder.
El problema no es cambiar de opinión
La política admite giros, acuerdos y reconciliaciones. El problema aquí no es ese. El problema es la acumulación de contradicciones sin relato.
Kast pasó de denunciar a integrar.
De ser considerado “no apto” a ser jefe.
De ser calificado como “vende humo” a ser Presidente respaldado.
Y, nadie dijo nada
Todo eso, sin explicación pública, sin rendición política de cuentas y sin un marco que permita entender si se trata de pragmatismo, amnesia selectiva o simple ejercicio del poder.
Este patrón no habla solo de quienes hoy aceptan cargos. Habla del liderazgo de Kast, que construye su gobierno con antiguos detractores, como si el pasado no existiera o no importara.
En un gabinete ya cuestionado por trayectorias, antecedentes y giros ideológicos, estas contradicciones no son detalles. Son señales. Y por ahora, el Presidente electo elige no explicarlas.
Ese silencio también gobierna.







